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lunes, 14 de julio de 2014

Placeres perversos

No me interesa el fútbol, quien me conozca, aunque sea sólo de cinco minutos, lo sabe. Y, sin embargo, ayer tuve un momento de placer que aún me dura gracias al fútbol. La victoria de Alemania me supo a gloria. O mejor debería decir que la derrota de Argentina me supo a gloria. Porque hubiera apoyado a cualquiera que hubiera estado en el lugar de Alemania. Quería la derrota de Argentina, y me produjo una gran felicidad.
Un gran placer. Un placer perverso y sin embargo, o precisamente por eso, dulce e inmenso.
No me importa admitir que es algo totalmente personal, conozco a un argentino que es un tipo bastante despreciable, de esos que no dudan en usar constantemente el juego sucio y levantar falsos testimonios sobre todo aquél que perciba como un obstáculo a sus chanchullos. Este elemento es un gran aficionado al fútbol y yo sabía que le fastidiaría bastante perder la final. Imaginar su disgusto y el golpe a su vanidad y prepotencia fue lo que me produjo a mí tanto regocijo. Es gracioso porque hace poco tuve la oportunidad de perjudicar seriamente a esa persona y, sin embargo, lo defendí (por cierto, me llamaron tonta por hacerlo, alegando que él en mi lugar no hubiera hecho lo mismo por mí), así que una maldad tan inocente como alegrarme por su derrota deportiva no me hace sentir remordimientos.
Esta mañana, curiosas coincidencias de la vida, he visto en el metro a una tipa que solía amargarme la vida en la adolescencia: me hacía el vacío, se reía de mí, malmetía a los demás en mi contra... Más de una tarde me he quedado en casa llorando gracias a ella. Hacía muchísimos años que no sabía nada de ella y hoy la he visto en el metro, como digo. Estaba muy gorda y muy avejentada mientras que yo, curiosas coincidencias de la vida otra vez, me había arreglado especialmente y lucía, permitidme la inmodestia, esplendorosa. Ella me ha reconocido, me ha mirado de arriba abajo y yo sólo le he dedicado desde las alturas la más magnífica de las sonrisas.
Segunda ronda de placer perverso en unas pocas horas.
Y el resto del viaje me he dedicado a reflexionar y he llegado a la conclusión de que debe de ser esa la causa y no otra de que mis queridos vecinos no dejen de tirar basura a mi patio. Me los imagino allá arriba mientras tiran un bastoncillo de oídos usado pensando en el berrinche que me cogeré yo (una completa desconocida) a la mañana siguiente cuando lo vea, y sintiendo las oleadas de placer perverso recorrer sus cuerpos.
Aunque, bien pensado, eso es atribuirles una inteligencia que, seamos serios, no está en su poder.

jueves, 25 de abril de 2013

Mi lista de sentimientos. Capítulo 1: Deseo


Lo primero que habría que plantear es lo siguiente ¿es el deseo un sentimiento o es una sensación?
Tendremos que hacer la aclaración de que la sensación pertenece a los sentidos, a lo físico, y el sentimiento pertenece a la mente, a lo emocional. Hay cosas que están muy claras: la sed es una sensación y el odio es un sentimiento, por ejemplo. Pero, ¿el deseo? ¿dónde se siente el deseo? Sinceramente, no lo sé. Ya expliqué que mi principal motivo para confeccionar esta lista es precisamente ése: que no sé, no sabemos, nada de sentimientos. No se nos ha enseñado a observarlos, a escucharlos, a saber identificarlos. Y muchísimo menos algo como el deseo. Y muchísimo menos a las mujeres. 
Muy al contrario, se nos ha enseñado a obviarlo, a camuflarlo y a darle otros nombres. Así decimos cosas como: "Sé que había quedado contigo antes que con Pepe pero es que le quiero (aunque lo acabo de conocer)", "necesito unos zapatos nuevos" o "no pude evitar engañarte con mi compañera de trabajo, me enamoré". Todo mentiras. Disfraces. Eufemismos. En los tres casos no es otra cosa que deseo. El deseo nos vuelve locos, es una pulsión tan fuerte que no nos deja discernir. Somos capaces de poner a una persona que acabamos de conocer por encima de amigos fieles que llevan años demostrándonos que son de fiar. Somos capaces de gastar un dinero que no tenemos a sabiendas de que nos traerá problemas, somos capaces de destruir cosas importantes para nosotros sólo por satisfacer ese deseo.
Quizá es por esa fuerza incontrolable, por lo poderoso que es, por lo que nos han enseñado a disfrazarlo de sentimientos más "nobles".
El deseo es profundamente egoísta, sólo está interesado en sí mismo, en retroalimentarse y satisfacerse, pocas veces se para a pensar en los costes.
Hagamos la prueba de llamar a las cosas por su nombre y veremos la cruda realidad:

-"Sé que había quedado contigo antes que con Pepe, pero es que le deseo"
-"Deseo unos zapatos nuevos"
-"Claro que pude no haberte engañado con mi compañera de trabajo, pero el deseo me cegó"

La cosa cambia mucho, estas tres personas nos parecen reprobables, débiles y primarias. No nos merecen la menor indulgencia. Esta es la razón de que disfracemos el deseo y lo vistamos con nobles ropajes.
Pero, me pregunto yo ahora, ¿por qué? ¿Por qué va a ser el deseo menos noble?
No deja de ser un sentimiento que, como todos los demás, tiene su lado brillante y su lado oscuro y que, como todos los demás, puede ser beneficioso o dañino según cómo se use y canalice.
Confieso que yo estoy, siempre he estado, fascinada por el deseo. De un tiempo a esta parte procuro observar mis sentimientos como si fueran de otro. No dialogo, no pido explicaciones, no intento controlarlos. Sólo les dejo hacer y observo.
El deseo es absolutamente necesario, sin él no se puede hacer nada que merezca la pena, sin él no se puede alcanzar la excelencia ni la genialidad en nada. Puedes aplicar una técnica perfecta en la ejecución, pero si no sientes deseo no conmoverás a nadie con el resultado.
Me he dado cuenta de que el deseo se esconde en los pequeños detalles, es inútil buscarlo (como erróneamente solemos hacer) en grandes artificios. El deseo viene cuando él quiere venir, y viene de la mano de las cosas más inesperadas: un lunar estratégicamente colocado, una naricilla que se arruga al sonreír, una mirada de sorpresa, un roce inintencionado...
El otro día me quedé cautivada por una clavícula en el metro, estaba sentada frente a mí, asomándose provocadora por un cuello de camisa entreabierto y durante cuatro paradas me dejé consumir por el deseo. No pensé en nada más, no pensé por qué la deseaba, ni que pensaría su propietario ante mi persistente mirada, no pensé en si estaba bien o mal, sólo me dejé envolver por ese deseo y realmente fue una experiencia deliciosamente perturbadora.
Y es que el deseo es placentero en sí mismo, lo satisfagamos o no, eso es lo de menos. Hay que sentirlo, hay que dejarlo fluir.
Es cierto que a veces nos ciega y nos puede llevar a cometer locuras, que puede ser dañino para nosotros. Pero no hay que temerle, no hay que tener miedo a desear.
Porque nunca es tan dañino como cuando lo bloqueamos, lo suprimimos.
Porque eso, creedme, es la muerte.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Olvido y Volante

Hoy no puedo dejar de pensar en dos seres vivos a los que he conocido por diferentes motivos. Uno de ellos es una hembra humana, rubia, joven y guapa, que se ha masturbado y, no acaba ahí la infamia, lo ha grabado para su marido. El otro es un macho bovino, negro, joven y  guapo, al que dentro de cinco días torturarán hasta la muerte para divertir a un grupo de psicópatas descerebrados.
Ella se llama Olvido y él Volante. De Olvido habla todo el mundo, de Volante sólo hablamos unos pocos, los que no comprendemos por qué tiene que morir, más aun, morir sufriendo.
Olvido tiene que dimitir, no se puede consentir lo que ha hecho. Masturbarse es absolutamente dañino para la humanidad, la incapacita para ejercer su cargo de concejala competente y honradamente y, además, hay que ser muy tía cerda para toquetearse las partes pudendas y, encima, grabarlo. Y para dárselo a su marido, nada menos. Hace falta ser guarra, y él un cabrón consentido de haberse casado con semejante golfa.
Es inadmisible, como digo, esa tipa no puede seguir en un cargo público ni un minuto más, de hecho, debería ser lapidada en plaza pública, es más, deberían hacerlo los valientes machotes que dentro de cinco días torturarán a Volante. Que lo hagan como ellos saben, como hicieron hace un año con Afligido, que la persigan durante más de una hora por el campo, acosándola, sin que ella entienda qué coño está pasando. Que la empiecen a pinchar con lanzas, que la apuñalen con un destonillador. Como ella no tiene rabo (a Afligido se lo cortaron estando aún vivo) que le corten alguna otra parte. Que agonice durante veintisiete minutos (¿imagináis lo largos que pueden ser veintisiete minutos?) porque sí, porque a cuatro paletos se les pone en los cojones y nadie lo impide.
Me encanta este país. Es un país como Dios manda.
Aquí uno puede torturar, ser un puto sádico, robar el dinero del contribuyente, joderle la vida a millones de personas, pero, por el amor de Dios, que no se masturbe. Eso no se puede tolerar.
Olvido, jódete y dimite, tú que eres la víctima a la que han robado su intimidad, eres quien debe pagar por ello.
Jódete, Olvido, sobre todo por ser rubia, por estar buena, por tener un marido con el que seguro que te encanta follar, al que te gusta poner cachondo (como nos gusta a todos cuando tenemos una pareja follable), por masturbarte y por ser feliz.
Y tú, Volante, jódete también. Por ser un animal y no tener derecho a nada y por haber nacido en un país donde es más aceptable descargar la frustración torturando que follando.
Este el país donde he nacido, donde me he criado y donde vivo.
Y después me piden que sea patriota...



martes, 28 de diciembre de 2010

Amores de película

La culpa de todo la tienen las películas. Como os lo digo. ¿La culpa de qué? De todo, ya os lo he dicho. De nuestra desastrosa vida sentimental. Y es que claro, crecimos viendo esas historias de amor en las películas, nos creímos que las cosas eran como nos las pintaban y luego nos llevamos el varapalo al ver la cruda realidad. Y cuidadito que éste no es un post anti-hombre, que conste, que el chasco nos lo llevamos todos por igual, vamos a ser justos. Las personas humanas semos asín, entramos metiendo tripa y cuando pensamos que ya tenemos la rata metida en la lata nos quitamos el corsé...
Analicemos algunos de esos momentos estelares de amores de película y cómo habrían sido en el mundo real.

Top Gun, gran película de nuestros años mozos. Hubo un tiempo en el que Tom Cruisse era un tío guay y no un enajenado comeplacentas. De hecho tendría que dedicarle un blog entero a él solito. Meg Ryan, otra que tal canta, le grita a su chico desde la otra esquina del bar "Eh potro mío llévame a la cama o piérdeme para siempre", y entonces él se enamora aun más de ella y le echa el polvazo de su vida. Vamos a ver, si tú le gritas eso a un tío delante de sus amigos puede que te dé lo tuyo y lo de tu prima, eso no lo niego, pero nunca te considerará nada más que una golfa que llevarse al catre de vez en cuando, y desde luego nunca te presentará a nadie que le importe mínimamente.

Oficial y caballero, otro momentazo, después de estar toda la película usándola para descargar la huevera, Richard Gere (gran hortera y mejor persona) se presenta en el curro de Debra Winger y se la lleva de allí en brazos mientras la compañera más puta y mala de toda la fábrica (la cual se ha quedado sola por mala remala) le grita aplaudiendo "¡te lo mereceeees!". Vamos a ver, que esto tiene enjundia. Alguien que te ha estado usando para meter no va a cambiar de opinión y se va a casar contigo, si no ha querido nada serio al principio ¿por qué va a quererlo después de tres meses de sexo gratis y sin complicaciones?. Y aun en el caso remoto de que se enamorase de ti lo que JAMÁS ocurrirá será que se presente en tu curro y te saque en brazos. Lo que en realidad sucedería sería esto: después de divertirse en la cama contigo va y se casa con una mosquita muerta que sólo le deja hacerle el amor cada dos semanas y después de suplicarlo mucho, encima te echan del curro y le renuevan el contrato a la puta mala (que además es una inepta) y se ríe de ti mientras tú te piras, por tu propio pie, por supuesto.


Y ¿qué decir de Dirty Dancing? ¿De verdad algún hombre se presenta ante tus padres y, cogiéndote de la mano, dice aquello de "No permitiré que nadie te arrincone"? Y luego además se pega un pedazo de baile contigo, que, dicho sea de paso, has aprendido a bailar de puta madre en cuatro ratos y a escondidas.

Otra cosa que pasa en las películas y que yo todavía no he visto en el mundo real es que cuando la gente sufre un desengaño amoroso siempre conoce a alguien mejor inmediatamente. Es así. El novio te deja y se pira con tu abuela, tú, llorosa y desesperada te diriges a tu curro donde, casualmente, hay un nuevo compañero. Y ese compañero no es un compañero cualquiera, no, es un super bombonazo que, además de estar para plancharle las camisas y tener tres doctorados, te fornica encima de la fotocopiadora (ay la fornicación, qué perrilla, por aquí asoma) tan magistralmente que te deja dos semanas con los ojos en blanco. A las dos semanas (cuando tus ojos han vuelto a su posición normal) te pide matrimonio rodilla en tierra y con un anillo de Tiffany's. Pero no acaba ahí la cosa, no. El día de tu boda, mientras tú desfilas hacia el altar enfundada en un Rosa Clará y absolutamente maravillosa aparece tu ex, arrastrándose sobre los muñones y con el cuerpo cubierto de pústulas, suplicando que vuelvas con él mientras se arranca los pocos pelos que le quedan (se los arranca con los pies, por supuesto, porque ya hemos dicho que tiene muñones).
En la vida real cuando te dejan, con suerte, aparecen los colegas de toda la vida y te sacan de marcha. Tú les amargas la noche hablando sin parar de tu ex, no sólo a ellos sino al camarero, a la del ropero, y a todo el que se te acerca. Al final acabas más pedo que Alfredo masturbándote por enésima vez en su honor (en el de tu ex, no en el de Alfredo). Y todo esto en el mejor de los casos y si tus amigos han sido buenos amigos y te han confiscado el teléfono móvil, claro, porque si no enviarás un desesperado mensaje del tipo "Vuelve, vuelve, vuelve, que me voy a morir". Mensaje que él/ella verá al día siguiente, huelga decir, porque a esas horas está trinchándose a alguien más prieto que tú.

Pero la que más engaña de todas, la peli más puta y traicionera, sin duda, es Titanic. Leonardo di Caprio le salva la vida a Kate, se la lleva de fiesta, le echa un polvo místico-cósmico y luego, para rematar la faena, tiene la delicadeza de ahogarse antes de convertirse en un novio pesado, gordo, calvo y que eructa viendo el fútbol. No me jodas, por favor, ese detalle no lo tiene nadie.

Ya lo decía mi abuela: "Hija, el amor siempre acaba mal: o te deja o se casa contigo"

sábado, 28 de agosto de 2010

El chico sensible

Llevo mucho tiempo queriendo escribir este post y ya no puedo posponerlo (o postponerlo, que diría un jocoso) más. Me lo debo a mí misma, se lo debo a las mujeres, se lo debo a todos los chicos sensibles que he tenido la perra suerte de encontrar... se lo debo a la humanidad, qué demonios... Cuando uno tiene una información privilegiada debe compartirla. Es de ley.
Quiero que este sea un gran post. La madre de todos los post. Un post a la altura de algunos de mis más antológicos posts... Y toda gran obra, eso no lo ignora nadie, debe comenzarse citando a un sabio. Citemos pues, al sabio entre los sabios, que no es otro, como ya imaginaréis, que el conocido y querido Prognato:
"Fíate del hombre que te dice que te quiere tocar las tetas, pues lo que quiere es tocártelas. El hombre que dice estar interesado en tu alma quiere tocártelas a ti... y a tu hermana"

Sí señores, así es. En estas sabias palabras se encierra toda la verdad sobre ese personaje aparentemente inofensivo, pero que debería darnos mucho, pero que mucho miedito: El chico sensible.
Tras leer este post está será tu reacción, ¡oh querida amiga!, ante la aparición de uno de ellos. Ya verás como no es para menos.
Espera, espera que te cuente e irás notando cómo se te ponen los pelos como escarpias de puro terror.

El chico sensible es la peor pesadilla a la que se puede enfrentar una mujer (incluso peor que ser examinada útero-vaginalmente por su suegro).
Las madres deberían asustar a sus hijas desde niñas, no con ogros o brujas, sino con el chico sensible. Aunque, ahora que lo pienso, tal vez fuera demasiado cruel.
El chico sensible es un cabrón con pintas que, por su físico mariconoide, no puede ser un macho alfa, que es lo que de verdad le gustaría a él. La gran pregunta es si el chico sensible nace o se hace. Y yo digo con rotundidad que nace. Un buen día, el chico sensible se mira al espejo y lo que éste le devuelve no es demasiado esperanzador. Debe ser sincero consigo mismo y aceptarlo: si no diseña cuidadosamente un plan de acción no se comerá ni el centro de un donut. Piensa rápido y enumera sus posibilidades: como ya hemos dicho no está bueno (pero tampoco es lo suficientemente feo como para desistir del todo), no es gracioso, no sabe tocar la guitarra.... y lo que él quiere no es llevar una vida sentimental normal, esto es, conocer gente, enamorarse, salir, dejar, que le dejen a uno.... en fin, lo que hacemos la mayoría. Él quiere ser como su amigo X (llamémosle Romualdo, por ejemplo), porque su amigo Romualdo es un macho alfa, que está que cruje de bueno y siempre simultanea tres o cuatro jacas de las de calidad. Eso sí, los Romualdos no engañan, que conste. Las tres o cuatro jacas tienen claro que no son la novia de Romualdo y, generalmente, también ellas están simultaneando tres o cuatro Romualdos.
Todo chico sensible tiene un Romualdo en su vida (de hecho lo suele conocer desde pequeño y representa un papel decisivo en su evolución) y experimenta hacia él una serie de sentimientos encontrados: admiración profunda, envidia cochina, desprecio y amor incondicional.
El chico sensible quiere ser como Romualdo, quiere las mismas cosas que lleva viendo conseguir sin esfuerzo a Romualdo desde pequeño. Quiere que todas las niñas de la clase estén por él y le hagan los deberes. Quiere que cuando van a una discoteca y conocen a un grupo de chicas todas intenten captar su atención, quiere que los tríos, y los polvos de baño de discoteca sean para él algo más que fantasías inalcanzables. Pero él nunca ha tenido ninguna de esas cosas y sabe que nunca le vendrán de forma natural, como le pasa a su amigo. No, él tiene que currárselo...
Es así como se convierte en el chico sensible, se da cuenta de que él no puede atacar como un león, debe ser como un virus, entrar poco a poco por la puerta de servicio e infectar a la presa para hacerse con ella. Descubre que tiene que leer, escuchar, poner ojitos de cordero degollado, aprender a mantener un silencio distante que revele un alma torturada.... vamos, que tiene que transformarse en el gilipollas de Crepúsculo.
Otra cosa en la que difieren el chico sensible y Romualdo es en que el chico sensible SÍ engaña. Cada jaca de categoría que está con el chico sensible está convencida de que éste la ama (además, la ama por su psique no por sus cuartos traseros) y de que ella es la única para él. Y es que el chico sensible no puede soportar la idea de que ninguna de las cuatro o cinco jacas que simultanea esté en igualdad de condiciones y tenga historias por ahí, de modo que les exige fidelidad haciéndoles creer que él les dará lo mismo.
Pero no seáis mal pensados, por favor, que os conozco. Seguro que opináis que este tío es un jeta y un salido, pero nada más lejos de la realidad. Lo suyo es amor, él ama, él está interesado en el alma de la mujer.... él es sensible ,coño, por eso siempre le hacen daño: por lo sensible que es. Es tan sensible que no puede evitar enamorarse y acostarse con toda mujer que conoce, pero es que se enamora y, claro, hace el amor con ella (porque el chico sensible siempre hace el amor, follar es de guarros sin sentimientos). Es tan sensible que en su despedida de soltero se lía con la stripper, pero, insisto, es que se enamora de ella, ¿eh?, no vayáis a creer que es un listo...
¡Ay, el chico sensible! Pobre... le han hecho tanto daño... Mira, otra cosa característica del chico sensible: sus ex son todas unas víboras que han pisoteado su sensible corazón. Claro, él abrió los flancos y así le pasó: abusaron de su bondad.
Estas son las cosas que te contará a ti cuando quiera envergarte, claro, la versión que te darían las ex (víctimas) de este individuo sería bien distinta.
Así que, queridas amigas, la próxima vez que veáis en un chico alguno de estos detalles:
- Recita poesías de Mario Benedetti.
- Dice cosas como "yo no follo, hago el amor" o le llama pene a la polla y dice "tu sexo" en vez de "tu coño".
-Llora con una película o escuchando un bolero.
-Te dice que tiene miedo a entregarse y sufrir.
-Asegura no haberse fijado en las megatetas de ese monumento que acaba de pasar.
Repito, si encontráis un personaje con alguna de estas características tomad el primer avión que salga con destino Wellington (Nueva Zelanda) sin mirar atrás.
Yo, por mi parte, ya sólo hablo con tíos que me digan cosas como "te voy a meter de todo menos miedo".
Porque sé que de esos sí que me puedo fiar.

martes, 10 de noviembre de 2009

Esas pequeñas cosas



Me gusta ver cómo los farmacéuticos recortan el cartoncito para la receta. Hay distintos métodos, unos lo hacen con tijera y otros con cúter, pero siempre suena igual. Es un sonido maravilloso el del cartoncito separándose de la caja, es un sonido inmutable, ha sido así desde que recuerdo y siempre me hace sentir cómoda y segura, como en casa.
Me gusta sentir cómo la nieve virgen cruje bajo las botas, cómo se apelmaza y ver la blanca explanada frente a mí.
Me gusta el sonido que hacen los perros al beber y los bebés con chupete.
Me gusta ese momento en el que el cuerpo está ya dormido pero la mente aún no.
Me gusta fregar los platos y planchar viendo una serie de televisión.
Me gusta ver aparcar a Sirioguita, siguiendo siempre el mismo protocolo, su forma de mirar a un lado y a otro mientras gira el volante y, lo mejor, el tirón final del freno de mano. También me gusta verle vestirse, con tanta meticulosidad, calzoncillos, pantalones, camisa, cinturón... y ajustarse la corbata frente al espejo mientras yo lo miro sentada en su sillón-mecedora y me balanceo con la punta del pie.
Me gusta escribir a mano, en mi cuaderno. Me gusta notar cómo se desliza la punta del bolígrafo por el papel.
Me gusta la voz de mi hijo cuando me pregunta "¿a que sí, mami?" y "¿a que no, mami?"
Me gusta el tacto de la carne de mi hermano mayor y el olor del pelo de mi hermano menor, y me gusta dormir en una cama en la que hayan dormido ellos y sentir cómo las toneladas de sueño que han dejado allí me envuelven.
Me gusta estar con la hija de la luuuunaaaa sin hablar y saber que no tenemos que decir nada.
Me gusta oír a mis padres conversar sobre política sin que ellos sepan que los estoy oyendo.
Me gusta la expresión "cuarto y mitad" y cómo la dicen las señoras gordas en la carnicería.
Me gusta pasear oyendo música y observar la cara de la gente.
Me gusta saber que todo lo mejor está por llegar.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Jo qué noche...



No, no voy a hablar de esa genial película, película de culto que me hace sentir tan vieja. Con el título digo lo mínimo que puedo decir de la maravillosa noche de Hallowen que pasó la que suscribe. Ríase usted del miedo, amigo mío.
Fui invitada a una fiesta en casa de alguien a quien no conocía personalmente, aunque habíamos intercambiado correos y bloguísticos comentarios de diversa índole.
Como me dijo que podía llevar a quien quisiera, allá que me fui, con más miedo que vergüenza y acompañada de la hija de la luuuunaaaa, vestidas como putones desorejados (aunque oficialmente íbamos de ángel y demonio, que conste).
No negaré que por el camino me asaltaron ciertas dudas, incluso llegué a pensar que cuando llegásemos a la casa podíamos encontrarnos cualquier cosa, desde unos encapuchados dispuestos a sodomizarnos a una reunión de los testigos de jehová, elija usted lo que más le acojone...
La persona en cuestión me sorprendió, me esperaba a alguien con más mala leche, pero era dulce y juguetona. Se le notaba la felicidad, esa felicidad tranquila que no se puede esconder.
En la fiesta constaté que los de mi generación somos los más mejores, las personas más simpáticas e interesantes de la velada eran mis coetáneos.
Pero no voy a hablar de la parte positiva, porque si lo hiciera no sería yo, ni escribiría un blog y porque la parte positiva es un coñazo, vamos a ser sinceros...
Durante la noche perdí la cuenta de las veces que me pregunté a mí misma si a los veintipocos (es decir, hace un par de años) sería yo una persona tan insoportable como los jovenzuelos que por allí pululaban, con un par de honrosas excepciones, eso sí.
Había uno en concreto que cada vez que hablaba subía el pan. Pero como es de bien nacido ser agradecido, yo le agradezco infinitamente todas las veces que me hizo descojonarme en mi interior. Tontunas he oído muchas, se lo puedo asegurar, pero aquella noche me las vi con auténticos profesionales. Estos post-adolescentes nihilistas que ya lo han vivido y lo saben todo me hacen llegar siempre a la misma conclusión: qué malo es el perico, joder, sobre todo para los que luego les tenemos que aguantar la zarpa a los enzarpídem (mola el palabro, ¿eh?)
Como dijo alguien en la fiesta, con gran genialidad "Joder, esto parece Twin Peaks", a lo que un manco con más luces de bohemia que don Ramón María le apuntilló "Sí, pero en la tercera temporada".
Claro que aprendí grandes cosas, como por ejemplo que debo tirarme a una lesbiana (pero no bisexual, lesbiana) por lo menos una vez en mi vida. Además, asistí al recital que nos dio un impúber que llegó acompañado de un hombre pegado a un porro y una niña pequeña.
Vino, creó y se fue.
Y yo acabé la noche con los leggins de ELLA, sentada en su cama y agustísimo.
Si uno que yo me sé nos hubiera visto por un agujerito...



viernes, 13 de marzo de 2009

Papis divorciados



Nuevos tiempos traen nuevas especies y, de cuantas campan por nuestro mundo actualmente, una particularmente entrañable es la de los papis divorciados (entiéndase papis y mamis para aquellos que no distinguen la gramática de la política).
Me dio por pensarlo el otro día, mientras me apretaba un gin tonic con mi primo en el salón de su casa. En la habitación contigua nuestros respectivos hijos ya dormían. Habíamos pasado la tarde dedicados a ellos y en ese momento nos contábamos nuestras mutuas andanzas y cruzábamos consejos varios.
En esto me llegó un mensaje al móvil, muy, muy bonito, de otro papi divorciado que también estaba cuidando de su hija esa noche. Su niña es monísima, como todo lo que tiene él (empezando por su propia anatomía).
De repente la situación se me hizo muy graciosa. Allí estábamos, tres personas ya mayorcitas, respetables padres y madres de familia, haciendo tontunas más propias de un adolescente con acné. Y es que ya lo decía Jardiel Poncela, cuando uno se enamora a los quince años llora, se pone insoportable y hace tonterías, mientras que cuando uno se enamora a los cincuenta hace tonterías, se pone insoportable y llora...
Los papis divorciados hacemos virguerías con nuestro tiempo y nuestra energía: de seis a siete, juego con el niño, de siete a ocho le baño y le doy la cena, de ocho a nueve me meto en la cama con él para que se duerma, de nueve a diez me transformo en un pivón y me voy a pasar la noche con mi amor... hasta las 7 de la mañana, que tengo que estar allí cuando mi niño se despierte, y ver los dibujos con él y llevarle al parque... Pero no me importa no haber dormido, porque, al venir rebosante de felicidad, tengo más ganas de jugar con él.
Ay los papis divorciados... hacemos planes con niños y sin niños, nos contamos nuestras conquistas en el parque mientras ellos se deslizan por el tobogán. Y cuando las cosas salen mal no nos importa, porque volvemos a casa y nos abrazamos a nuestro verdadero y único amor y todo lo demás es superfluo.


jueves, 12 de marzo de 2009

Drogas legales y baratas, o no



Quiero reír. Ay no, quiero llorar.
Me siento una diosa. Ay no, me siento una cucaracha.
Tengo ganas de comer chocolate. Ay no, no puedo comer nada, ahora tengo náuseas.
Quiero hacer el amor, eso sí, todo el tiempo.
La vida es maravillosa, voy dando saltitos como Heidi por las praderas. Al minuto siguiente me pongo a gritarle al primero que se me acerque.
Estoy como una regadera, parezco un cartel luminoso de neón.
No me he vuelto loca, ni estoy drogada. O quizá sí. La dopamina inunda mi enamorado cerebro, aunque ahora matase a catorce, escuchase a Bisbal o votase al PP estaría justificado.
Menos mal que sus efectos, como los de todas las drogas, son transitorios. Además, se puede hacer trampa. ¿Qué contrarresta los efectos de la dopamina? La serotonina. El truco está en subir los niveles de serotonina. Y eso, me preguntarán, ¿cómo se hace?
Ciertos alimentos suben la serotonina en el cerebro: los lácteos, la leche de soja, el queso y, cómo no, el chocolate. Pero lo más efectivo e inmediato es el deporte. Descubrirlo cambió mi vida amorosa definitivamente. Después de una buena sesión de saltos en el gimnasio el riesgo de mandar mensajitos romanticoides desciende considerablemente.
Ahora que tengo las claves de la neurociencia en mi mano no volveré a dejarme dominar por tan absurdo proceso mental.
Lo malo es cuando llega ÉL y con una sola mirada de sus ojos, verdes e inmensos, me descontrola otra vez toda la química cerebral...


miércoles, 25 de febrero de 2009

Gente que no es de fiar...


1. Las mujeres que, llevando al menos tres lustros menstruando, se empeñan en hablar como niñas pequeñas. Y, como las desgracias nunca vienen solas, esta raza también se caracteriza por decir cosas como "cariño", "mi vida" y "corazón" a personas que no conocen. Víboras de las de calidad, oiga.

2. Los jefes que el primer día te dicen "Aquí somos todos compañeros". A ése a hijo de puta no lo gana nadie. Te lo digo yo.

3. Quien pronuncie esta frase (o cualquiera de sus variantes): "Yo es que de bueno, soy tonto". Sal huyendo en cuanto lo oigas.

4. Las tías que piensan que todos los tíos están detrás de ellas y todas las tías les tienen envidia. Curiosamente las que tienen esta idea nunca son un clon de Eva Longoria, en cuyo caso sería lógico que lo pensasen, sino que suelen ser truños de dimensiones inabarcables.

5. Los que te hablan mal de todas sus ex parejas (y de su actual pareja) mientras intentan arrastrarte al catre. Hombre, que el "mi mujer no me comprende" ya está muy visto...

6. Los que dicen la consabida máxima "Yo por la buenas soy muy bueno, pero por las malas....". Estos son unos cabrones con las charreteras de lo mismo, por las buenas, por las malas y por las regulares.

7. Los que piensan que todo el mundo es malo menos ellos... cree el ladrón que todos son de su condición.

8. Los que dicen no distinguir entre Brad Pitt y Santiago Segura alegando que "a mí no me gustan los tíos". Otra lindeza suya suele ser el "a mí me gustan todas", frase antierótica donde las haya, por cierto.

9. Los que ante la contemplación de un bombonazo de los que animan a dar gracias al Señor sueltan eso de "yo es que como soy tan feliz con lo que tengo en casa" . Esos se tirarían a todo lo que se menea si su absoluta falta de atractivo no se lo impidiese.

10. Los que dicen "yo soy apolítico". Ya puedes ir entonando el Cara al sol.

viernes, 16 de enero de 2009

Parole parole

Una figura con la que toda mujer debe convivir desde que menstrua por primera vez (en el mejor de los casos, que hay mucho pederasta por ahí) es la del comeorejas.

Ya nos lo decía Mina, con esa genial voz y esa cara suya de no creerse nada más...

Es una figura que se llega a convertir en entrañable, como parte del ecosistema que es.
¿Qué sería de una noche de marcha sin la aparición de al menos un comeorejas?
Admitámoslo amigas: por mucho que nos quejemos de ellos, en el fondo los necesitamos. El día que los comeorejas desaparecen de nuestra vida es el principio del fin... al menos como hembra fornicable.

Entre los hombres es también conocido, y muchas veces admirado, porque nunca le falta qué llevarse a la boca. Por burdo que sea su discurso siempre hay alguna tímida y confiada gacelilla que sucumbe a su hipnótica perorata. Es así, por increíble que resulte.

Desde los tiempos más remotos las abuelas y las madres advierten a las mozas casaderas de los peligros de este gorgonoxius, pero es en vano. Al menos una vez en la vida todas caemos en las fauces de algún comeorejas, resistirse es inútil. A veces cobran la presa por astucia y otras por pura pesadez. La fémina acosada y agobiada decide entregarse para no tener que soportar más semejante tortura auditiva, sobre todo si está en un local de asueto y ha realizado una ingesta de alcohol superior a la recomendable.

Hay veces, y no son pocas, en que la frontera entre cazador y presa no está tan clara, pues, mientras el comeorejas cree estar mermando la resistencia de la incauta con sus dotes oratorias, la incauta en cuestión está fingiendo creerse sus filfas porque tiene la intención de calzárselo desde el principio.

Otras veces se escucha al comeorejas, a sabiendas de que lo es, por pura diversión (yo soy proclive a hacerlo), se le sigue incluso la corriente por la curiosidad de ver hasta dónde es capaz de llegar en su desfachatez. Luego se le comenta la jugada a las amigas con regocijo usando expresiones del tipo: "Fijáos si tiene morro el tío que...." Pero ¡cuidado! he de advertir, y lo sé por amarga y dolorosa experiencia, que este juego es muy peligroso: una cree tenerlo controlado y se descubre una mañana en una cama revuelta y con el interfecto durmiendo plácidamente a su lado.

Como en todo, en el comeorejismo también hay niveles. Está el burdo, que ha heredado el oficio de sus ancestros, y si triunfa alguna vez es por pura testarudez o manifiesta oligofrenia de su adversaria.
Está el semi profesional, que se las apaña más o menos bien y va tirando.
Y, cómo no, está el absoluto maestro, que lo es, no porque no se le note, sino porque, notándosele y todo, le dejamos hacer... y acabamos diciéndole eso de "Hazme todo el lío anda, que tienes una labia..."


domingo, 2 de noviembre de 2008

Soderfrojen

Antes de nada, y por si algún germanoparlante está leyendo, debo aclarar que esta palabra en realidad se escribe schadenfreude, pero, al igual que me pasó con Coohagen, cuando el padre de mi hijo me la dijo por primera vez mis orejas, atrofiadas por la fonética para vagos del español, oyó soderfrojen y para mí siempre se dirá así.
La soderfrojen es una palabra maravillosa. Ya se sabe que los alemanes saben mucho de eso de joderle la vida al personal y de disfrutar con ello, así que es lógico que su lengua disponga de esta maravillosa palabra que significa "sentir alegría ante la desgracia ajena" (si señores, los teutones son los amos, una vez más queda demostrado).
Dicen los alemanes que la sordenfrojen es la alegría más bella, puesto que es la única alegría sincera...
Hay que merengarse con los tudescos, qué mala baba se gastan, y encima con razón, porque el que no haya sentido la soderfrojen que tire la primera piedra...
Hagan un ejercicio de sinceridad conmigo, que no se lo voy a decir a nadie, piensen en la siguiente situación: usted se despierta a las 8 de la mañana, se da cuenta de que es sábado y puede seguir durmiendo.
Introduzcamos un matiz: usted se despierta a las 8 de la mañana, se da cuenta de que es sábado y puede seguir durmiendo, mientras se acurruca bajo la manta oye cómo su compañero de piso se levanta para ir a trabajar.
¿Cuál de las dos situaciones es más placentera?
No hace falta que conteste, la respuesta la saben hasta los negros de Uganda.
Ser guapo es un placer porque hay feos. ¿Se imagina usted un mundo donde todos fuéramos como el negro del CSI? Pues vaya mierda... ¿o no?
La soderfrojen es la leche, yo he visto a gente retorcerse literalmente de placer al sentirla. Hay momentos de soderfrojen gloriosos: encontrarse con el guaperas del instituto y ver que se ha quedado calvo, cuando a tu ex novia que te trató tan mal la dejan plantada en el altar y se piran con su mejor amiga, cuando a tu vecino el del Mercedes se le lleva el susodicho la grúa... y así hasta el infinito.
Pero la soderfrojen definitiva es ver que, después de que todos los que usted conoce se han entrampado hasta los colodrillos para comprarse un piso y usted no pudo, ahora los pisos valen diez kilos menos. ¡Eso es de orgasmo múltiple!
No, si todavía los bancos nos van a dar alguna satisfacción...



miércoles, 29 de octubre de 2008

En falso

Quien, como yo, haya estudiado idiomas estará familiarizado con el fenómeno de los "falsos amigos", esas palabras que suenan casi igual que en nuestro idioma pero significan algo completamente distinto. Son peligrosas, una trampa para extranjeros.

Actually en inglés, no significa actualmente (que se dice nowadays) sino en realidad. El italiano salire no tiene nada que ver con nuestro salir (que se dice uscire) sino que quiere decir subir. Si en ruso decimos de alguien que es simpatichni (симпатичный), no le estamos llamando simpático, sino guapo. Y éstos son sólo unos pocos ejemplos.

Si uno de estos falsos amigos consigue engañarnos se desencadena toda una serie de malentendidos . Yo lo experimenté cuando al poco de estar en Rusia le organicé una cita a una amiga con un chico muy simpatichni y ella se llevó el chasco de su vida cuando se encontró con un tío muy majo pero más feo que picio. "Este chico no es simpatichni" me reprochó, yo le dije que sí lo era, que sólo tenía que charlar un rato con él para comprobarlo. Ella no comprendía cómo una conversación iba a obrar el milagro de volverlo guapo. Después de un absurdo diálogo descubrí el verdadero significado de la palabrita de marras.

En la vida, al igual que en los idiomas, también hay falsos amigos, falsas señales, que tomamos por indicadores de algo bueno cuando en realidad son encubridores de algo malo.

Ser ordenado parece algo bueno, pero cuidado, algunas personas mantienen un estricto orden material para ocultar un profundo desorden emocional.

Hacer deporte es saludable, pero cuidado, algunas personas no buscan mantenerse sanas sino alimentar su narcisismo con un exterior hermoso.

Ser vegetariano podría indicar un gran amor y respeto por los animales pero cuidado, hay quien se hace vegetariano para no engordar.

Colaborar con causas humanitarias puede parecer muy altruista, pero cuidado, hay quien colabora para desgravar impuestos.

Un halago es un gesto amable, pero cuidado,hay quien halaga a alguien para ofender a un tercero que está escuchando.

La sinceridad es una gran virtud, pero cuidado, hay quien confunde sinceridad con crueldad.
Algunas personas parecen fuertes cuando en realidad son indiferentes.

Cuántos hacen el bien sólo porque no se atreven a hacer el mal...


domingo, 12 de octubre de 2008

La belleza


Los que me leen con regularidad ya saben que una de las tonterías que me gusta hacer son las listas. Ya he clasificado a los listos, a los comemierdas y a los malos. Hoy le toca el turno a los guapos. Porque no pensaríais que la cosa es tan simple como guapos y feos, no hijos míos, la cosa tiene mucha más enjundia. Sí que es cierto que existe la belleza absoluta, y quien no me crea que mire la foto. Es una escultura de Antonio Canova, "Il bacio d'Amore", ante la cual yo pasé dos horas de reloj en el Hermitage, incapaz de dejar de mirarla. No podía creer que hubiese algo tan hermoso, tan suave, tan perfecto, tan rotundo. Esto es lo máximo y detrás viene todo lo demás que, como todo en esta vida, va en grados, en secciones y en subsecciones. Seguro que no habíais reparado en ello, al fin y al cabo vosotros sois tiernos corderillos, menos mal que me tenéis a mí para ilustraros. Vamos allá:



1. Guapo. Pues ya está, su propio nombre lo dice, cuando alguien los describe dice "es guapo" y nadie lo discute, no hay subjetividad posible. Por ejemplo Paul Newman o Ava Gadner.
2. Guapete. Éste te cae bien y eso te hace verlo más guapo de lo que es. Tu objetividad te impide llamarle guapo directamente, porque tampoco lo es, así que le colocas el guapete, que es una mezcla entre guapo y majete, y a correr. Si queréis ver a uno poned el Pasapalabra y os encontraréis con Christian Gálvez. Ah, y sólo puede ser chico, quizá la chica equivalente sería mona, algo así como María Adánez.
3. Guapín. Éste tiene unas facciones correctas, los ojos claros (esto es imprescindible) y es ñoño a más no poder, vamos, que tiene menos sex-appeal que un percebe. Zapatero, sin ir más lejos. Ejemplo de guapina: su mujer, coño, si son iguales.
4. Guapetón. Éste tiene que ser moreno, eso es indiscutible, y gordo (o, como se dice de los guapetones, fuerte). Sus facciones son, además de correctas, exuberantes, ojos enormes, labios carnosos, cutis de porcelana. Y las mejillas, las mejillas tienen que ser inmarcesibles e infinitas, mejillas apropiadas para plantar en ellas unos besos sonoros, besos de abuela. Aquí los reyes del mambo son Falete y María del Monte (si es que no son el mismo, que yo tengo mis dudas).
5.Guapito. Suele ir seguido de la coletilla "de cara" y dicho con cierto retintín. Porque el guapito te cae mal, encima es un listillo, encima te cae mal (pero esto ya lo había dicho ¿no?), pero es que es lo más importante: te fastidia que sea guapo porque piensa que esa circunstancia le da derecho a todo. Aquí seguramente podríamos incluir a Inma del Moral y a su exnovio Pedro Ruíz (¿Cómo? ¿Qué éste no es guapo?, huy perdón, se me ha traspapelado un dato del post de clases de simios guapos...)
6.Guaperas. Condición exclusivamente masculina. Éste es guapo, ejerce de ello, lo sabe y lo disfruta. Es el típico que gusta y además cae bien. Y no hay guaperas más guaperas que él: Dios Clooney.
7.Guaperillas. Es un paso previo al guaperas, bien sea por juventud o porque sus capacidades no le permiten llegar a guaperas. Si quieren ver uno, ahí tienen a Alejo Sauras.
8.Bello. Para ser bello es imprescindible ser negro, y esto no es racismo, es un hecho objetivo. Tienen tal perfección, armonía, elegancia de espíritu y exquisitos modales que parecen todos príncipes. Y si no me creen, miren a cualquier topmantero, o miren esto.
9.Autoguapo. Suele darse con más frecuencia entre las féminas. Es fea y además tiene mal tipo, pero en su casa le han dicho siempre que es una belleza, y ella se lo ha creído. Se auto incluye entre los agraciados con una convicción y naturalidad tal, que nadie se atreve a contradecirla en voz alta (aunque todos piensan que es un callo malayo). De esta categoría no voy a poner ningún ejemplo porque todos tenemos algún ejemplar entre nuestros conocidos. ¿A que ya estás pensando en alguien concreto?
10.Guapo por cojones. Nació feo pero no se resigna, a base de ir a la última moda, operaciones estéticas, estilimos y demás soplapolladas ahí está, entre la beautiful people (expresión absurda donde las haya). ¿Ejemplos? Guti y señora, Terelu Campos, Belén Arriba la Esteban, Victoria Escuerzo Beckham... y el máximo representante: nuestro nunca bien ponderado M.A.M.

Y por si se están preguntando si la autora se incluye en alguna categoría... pues los que me conocen no necesitan ninguna respuesta, ya saben que estoy buenísima (según me dijeron el otro día, "literalmente")

lunes, 29 de septiembre de 2008

Los hombres de mi vida

Hoy estoy sentimental, no lo negaré, y me ha dado por pensar en mis grandes amores. En los hombres de mi vida, a los que más he amado y nunca dejaré de amar. Y que nadie piense que estoy hablando de mis múltiples novios, rollos, rolletes, novietes y demás fauna, qué va, en esos ya ni pienso, como decía Manuel Bandera en "Las cosas del querer": aceituna comida, hueso a la calle.
Me refiero a mis verdaderos amores, los hombres que formarán parte de mi vida siempre, a los que nunca defraudaré, ni me defraudarán, a los que siempre seré fiel, de los que nunca me cansaré...
Permitidme que os los presente....



Dios Clooney. Más guapo no se puede ser. No puedo expresar con palabras lo que me gusta este hombre, desde que lo vi en "Abierto hasta el amanecer" con ese tatuaje en el cuello soy suya irremediablemente. Y mira que se le ve a la legua que es un perro sin amo, pero si tuviera el gusto de conocerle sólo podría decirle: anda ladrón, hazme el lío... que tienes una labia...



Keanu Reeves. A este llevo queriéndole más tiempo, concretamente desde los dieciséis añitos que lo vi por primera vez. Fijaos si me gusta este tío que me trago todas sus películas a pesar de lo malo que es el cabrito. Porque aquí si que lo digo sin apasionamiento: guapo es a rabiar, pero como actor es el peor del globo. He elegido una foto de "Le llaman Bodi", la película que he visto más veces en mi vida, porque, si en general está bueno, en esta peli ya está de lipotimia. Ay madre mía... ¡Sálvame Neo!




Robert Downey Jr. Este es que encima me cae bien, porque es un pieza. Y a las mujeres, ya se sabe, nos pone el rollito canalla. Si es que le quiero, no lo puedo evitar, y le pagaría la fianza del talego todas las veces que hiciera falta... Robert, ya lo dices tú que "sólo eres un gilipollas con una opinión", pero aquí, que lo sepas, se te quiere.


Judd Nelson. A ver quién es la guapa que ha visto "El club de los cinco" (que, por cierto, ya le dedicaré un post) y no se ha enamorado del macarra. Si es que es imposible. Porque este chico duro y aparentemente insensible, en el fondo es lo más tierno que te puedes llevar a la boca. Te quiero tanto Judd y te he amado tanto desde mi adolescencia, que te lo perdono todo, que hayas malogrado tu carrera, que estés gordo, que lleves barba... te perdono hasta que te casaras con Brenda, de Sensación de vivir. Siempre serás mi macarra favorito.

Para terminar el post, y ya que las fuerzas siempre deben estar equilibradas, aquí os presento también a los tres tíos más asquerosos del planeta. Para que luego no me acusen de que sólo hablo de tíos buenos.



Aquí los tenéis: El insufrible Matt Damon, qué patada en la boca te metería si pudiera bonito, Ben Afflectado, al que estoy segura de que le huelen los pies, y Russel bracicorto Crowe, que da más asco que hacerle las ingles brasileñas a Terelu. Parece mentira que la naturaleza pueda dar bombonazos como los primeros y truños como estos tres. Misterios de la genética, digo yo...

lunes, 22 de septiembre de 2008

Grandes estrellas del circo

M.A.M.


M.A.R.


¿Cuál de los dos es más gilipollas? Opine sin miedo

Historias de cama


Si estás esperando que te cuente mis intimidades eróticas ya te puedes ir marchando, guarro, porque este post no va de eso. Hoy quiero hablar de la cama, de la cama en sí, ese gran mueble sin el cual no hay casa y con el cual no hace falta nada más. Porque si uno entra en una casa y ve una gran cama no le cabe duda de que allí vive alguien, pero si ve un sofá Luis XVI, por ejemplo, la cosa no está tan clara. Uno de mis "siyofuerarica" recurrentes es imaginar que vivo en la cama, es cierto que esta fantasía se produce más a las 7 de la mañana cuando voy al currelo que cuando estoy dando botes en un garito, pero la verdad es que lo pienso con frecuencia. Tendría un cama mullidita, espaciosa, con tele y ordenador internetizado a mano, con teléfono, con libros, con películas, y, lo más importante, con un timbre a cuya llamada respondería un criado solícito...
La cama es un gran lugar, para todo, pero especialmente para "eso". Nunca he compartido esas fantasías liberaloides de hacerlo en lugares públicos, donde dicen que el morbo es que te pueden pillar, pero qué horror, ¿se puede imaginar situación más incómoda? y si no en la cocina, contra el frigorífico, en el ascensor (sólo apto para precoces), en un confesionario, etc... Con lo bien que se hacen ciertas cosas en la cama, tapado hasta el cuello (como bien dice prognato) y con tu cuarto de baño al lado. O si no en la cama de los padres (quien no haya hecho el amor en la cama de sus padres que se levante y se vaya), aunque siempre da un poco de mal rollo porque suelen estar a la vista objetos poco erotizantes, como tu propia foto a punto de recibir por primera vez el cuerpo de Cristo o las gafas de tu padre.
Las camas, además, se quedan impregnadas de la esencia de su dueño. Si la persona que duerme habitualmente en ella es tipo marmota, será un gran placer dormir en ella, pero desaconsejo tajantemente dormir en la cama de un insomne. Cada vez que duermo en la cama de mi hermano es como si las toneladas de sueño que él ha dejado allí desplegasen unos brazos invisibles y me sumergiesen en los dominios de Morfeo. Sin embargo, cuando duermo en la cama de mi madre, doy vueltas sin parar, presa del nerviosismo que mi augusta le ha traspasado.
Se puede aprender mucho de una persona simplemente tumbándose en su cama, ya que sólo desde ahí se tiene la perspectiva de lo que esa persona ve cada día antes de dormirse, y eso es muy significativo.
Permitir que un extraño duerma en la propia cama también tiene su enjundia, porque luego deja su huella, su olor y pelos por toda la cama. La sensación que tengamos al descubrir esos vestigios nos dirá lo que sentimos por esa persona, y eso también es muy significativo...
La próxima vez que veas el dormitorio de alguien, te aconsejo que, cuando no te vea, te tumbes en su cama, comprobarás que, después de eso, le conoces un poco mejor.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Ay mi amigdala


Cuando la amígdala (que no las amígdalas, ojito) habla, más vale que el córtex calle. Eso hay que tenerlo clarito, ella manda. Y no hay nada que hacer. Lo que ocurre es que la mayoría del tiempo le hace creer al córtex que manda él. Como pasaba en los matrimonios de antes.
Pongamos un ejemplo: a la amígdala le da miedo la oscuridad, y quiere dormir con la luz encendida, el córtex sabe que eso es una estupidez, porque en la oscuridad lo único que sucede es que no ves las cosas, pero nada cambia, y si a eso le añadimos, que vas a estar durmiendo y, lógicamente, con los ojos cerrados, es absurdo dejar la luz encendida, además de un gasto inútil de energía y dinero. Empiezan a discutir, la amígdala no se apea del burro, no quiere oscuridad y punto, le da igual que sus motivos sean absurdos, no va a transigir. El córtex empieza a razonar, "pero mujer, ¿no te das cuenta de que estás siendo ilógica?" y la amígdala en sus trece. El córtex se enfada "mira, ya vale de tonterías, aquí mando yo, se apaga la luz y no hay más que hablar" y le da al interruptor. Se hace la oscuridad, entonces la amígdala hace que los latidos se aceleren, pinta escenas terroríficas en la imaginación, entrecorta la respiración, y obliga a la mano a encender otra vez la luz. Conclusión: el córtex se aguanta, se duerme con la luz encendida, la amígdala se sale con la suya.
Otra de las situaciones realmente interesantes de la amígdala es cuando se enamora de otra amígdala. Se cruzan y se enamoran, así, sin más, sin pedir permiso a nadie, sin ponerse coloradas. Ambos córtex hablan con sus respectivas amígdalas. "Pero ¿no entiendes que no la conoces? ¿cómo me puedes decir que estás enamorada? el amor llega con el tiempo, el conocimiento, la afinidad, la hipoteca... " pero que si quieres arroz, Catalina.
Pues una de esas me ha hecho mi amígdala, se me ha enamorado. Yo no conozco al propietario de la otra amígdala, no sé si es bueno o malo, formal o informal, sincero o embustero, no sé si me conviene... pero nuestras amígdalas se han enamorado y nosotros poco tenemos ya que decir.
Creo que tendremos que resignarnos, ya se lo he dicho yo: "mira chico, a mí esto también me parece un sinsentido, yo tampoco quería esto ahora, pero qué quieres que le haga, mi amígdala y la tuya se han enamorado y provocan que cuando nos vemos se nos acelere el corazón, y que tu piel sea un imán para mis manos, y que te mire y vea al padre de mis hijos, y que cuando me besas se me borre el mundo... No es cosa mía, es de mi amígdala. Y no veas el genio que tiene, cualquiera le lleva la contraria"
Él es algo más tozudo que yo y no se da por vencido. Pero no me preocupa, ya sé que su amígdala se ha enamorado de mí, y ya se sabe... al final ella es la que manda.

jueves, 28 de agosto de 2008

Minutos de silencio


Cómo molo, me encanto, soy genial. Si hubiera más personas como yo el mundo sería maravilloso, soy tan sensible...
Cuando veo en la tele a los negritos que se mueren de hambre siempre le digo a quien esté conmigo la penita que me dan. Y si estoy a solas no digo nada, total... para qué si nadie me va a oír.
Soy tan buena persona... Llevo un lacito rojo (por el sida), un lacito negro (por el terrorismo), un lacito rosa (por el cáncer de mama) y me compro todas las pulseras solidarias.
Fui a la manifestación por el tío ese que secuestró ETA, ¿que cómo se llama? Ay hijo, no me acuerdo, hace tanto tiempo... Y el otro día, cuando el accidente de Barajas, lloré muchísimo en la oficina (estaba en la oficina cuando me enteré) y me solidaricé con las víctimas en varios foros de Internet. Es que tengo tan buen corazón... de verdad, cómo molo.
Siento un cariño inmediato por las personas que conozco, salgo una noche de copas y conozco a alguien y es como si nos conociéramos de toda la vida, la conexión (o diré feeling, que es más cool) es inmediata, y le beso y le abrazo y le hago masajes en los pies y dormimos abrazados y le digo muchas veces que le quiero, no vaya a ser que me muera sin habérselo dicho. Mi pareja no se molesta por estos ataques de amor porque también mola mucho. Molamos tanto que sólo con vernos tenemos siete orgasmos seguidos.
Si lo pienso bien me doy cuenta de que no tengo amigos de la infancia, si se me acerca un pobre por la calle me aparto (no me vaya a manchar mi preciosa camiseta del Che), le hago la vida imposible a mis subordinados en el trabajo a la par que le chupo el culo a mi jefe, levanto falsos testimonios y carezco completamente de principios y dignidad.
Pero molo mucho, siempre que le pasan grandes tragedias a personas que no me importan guardo los correspondientes minutos de silencio.

miércoles, 11 de junio de 2008

Soy maaaaloooo

Aunque las corrientes modernas abogan por que no hay nadie completamente bueno ni completamente malo, y que todos podemos ser lo uno o lo otro dependiendo de las circunstancias, lo cierto y verdad es que, desde pequeños, hemos sido educados en la creencia de que unos eran "los buenos" y otros "los malos". Luego está lo que cada uno considere como bueno o malo, que esa es otra...
Cuando Prognato era Prognatito, aparte de ser rico para comérselo (pero claro, qué va a decir su hermana mayor...) tenía el mundo muy bien estructurado. Era Prognato un niño como para escribir dos novelas con sus anécdotas, pero voy a ceñirme a los hechos o no hablaré de lo que nos ocupa. Él sabía muy bien que en la Guerra de las Galaxias, por ejemplo, Luke y Leia eran los buenos y Darth Wader el malo. Siempre que se contaba una historia en la cual se pudiese intuir una confrontación hacía, invariablemente, la gran pregunta: "¿Y quiénes ganaron los güenos o los malos?". Un día estaba mi abuela contando tribulaciones de la Guerra Civil y Prognato, cuando comprendió que se hablaba de una contienda, dijo: "Abuelita ¿estás hablando de una película?", "No hijo" contestó la abuela "fue de verdad, en España" y entonces Prognato hizo su pregunta estrella: "¿Y quiénes ganaron los güenos o los malos?", a lo que mi abuela (que no en vano era de mi familia) respondió: "Los malos, hijo, los malos". Nunca olvidaré los ojos desorbitados del pobre niño cuando oyó aquello. Ese día fue la muerte del cándido infante que una vez asó a Darth Vader en la máquina de hacer palomitas por malo; ese día, supongo, comprendió que algunas de las cosas que nos contaron no son ciertas, sin ir más lejos, eso de que al final siempre triunfa el bien.
Yo creo en la maldad, igual que creo en la bondad. La maldad, el mal por el mal, sin otro objetivo que hacer daño. Eso existe. Yo lo he visto, lo he sentido, lo he comprobado. Aunque también está el malo arquetípico, el malo de la ficción, el malo que nos gusta, porque mola más que el bueno, que, la verdad sea dicha, da así como grima.
Hay malos que quedarán para siempre en nuestro recuerdo: J.R, Ángela Chaning, Diana la de V (ay, madre, que se me notan los años), malos malísimos que nos admiraban por cómo le jodían la vida a la gente, con esa eficacia, con ese glamour, y que, si se llevaban un palo, sabían renacer de sus cenizas cual ave Fénix.
Hay malos que no son tales, sino rebeldes porque el mundo los hizo así, y con un poquito de amor toman el buen camino. Ahí tenemos, para muestra, a Dylan, el de Sensación de vivir.
Hay malos que empiezan siendo buenos y un buen día dan la cara, de estos hay a patadas en las películas de los sábados sobremesa: el marido encantador que luego es maltratador, la niñera pederasta, la compañera de piso psicópata...
Pero entre todos mi preferido, mi malo idolatrado, es y siempre será Cojoiden (quien quiera puede corregirme argumentando que se dice Coohagen), el malo de "Desafío total", película mítica entre las míticas, que tiene material para estar en un orgasmo bloguistíco sin fin. Cojoiden es el malo que putea a Swarzenegger (quien quiera puede decir que no se escribe así), y que luego resulta que era su amigo antes de que perdiera la memoria y en realidad está conchabado (oh, qué hermosa palabra) con su yo anterior.
Y si alguien no está de acuerdo conmigo que mire, que mire: más cara de hijoputa no se puede tener. Y que conste que lo digo como piropo...

Cojoiden, siempre tuya