lunes, 14 de julio de 2014
Placeres perversos
jueves, 25 de abril de 2013
Mi lista de sentimientos. Capítulo 1: Deseo
jueves, 6 de septiembre de 2012
Olvido y Volante
martes, 28 de diciembre de 2010
Amores de película
Analicemos algunos de esos momentos estelares de amores de película y cómo habrían sido en el mundo real.
Top Gun, gran película de nuestros años mozos. Hubo un tiempo en el que Tom Cruisse era un tío guay y no un enajenado comeplacentas. De hecho tendría que dedicarle un blog entero a él solito. Meg Ryan, otra que tal canta, le grita a su chico desde la otra esquina del bar "Eh potro mío llévame a la cama o piérdeme para siempre", y entonces él se enamora aun más de ella y le echa el polvazo de su vida. Vamos a ver, si tú le gritas eso a un tío delante de sus amigos puede que te dé lo tuyo y lo de tu prima, eso no lo niego, pero nunca te considerará nada más que una golfa que llevarse al catre de vez en cuando, y desde luego nunca te presentará a nadie que le importe mínimamente.
Oficial y caballero, otro momentazo, después de estar toda la película usándola para descargar la huevera, Richard Gere (gran hortera y mejor persona) se presenta en el curro de Debra Winger y se la lleva de allí en brazos mientras la compañera más puta y mala de toda la fábrica (la cual se ha quedado sola por mala remala) le grita aplaudiendo "¡te lo mereceeees!". Vamos a ver, que esto tiene enjundia. Alguien que te ha estado usando para meter no va a cambiar de opinión y se va a casar contigo, si no ha querido nada serio al principio ¿por qué va a quererlo después de tres meses de sexo gratis y sin complicaciones?. Y aun en el caso remoto de que se enamorase de ti lo que JAMÁS ocurrirá será que se presente en tu curro y te saque en brazos. Lo que en realidad sucedería sería esto: después de divertirse en la cama contigo va y se casa con una mosquita muerta que sólo le deja hacerle el amor cada dos semanas y después de suplicarlo mucho, encima te echan del curro y le renuevan el contrato a la puta mala (que además es una inepta) y se ríe de ti mientras tú te piras, por tu propio pie, por supuesto.
Y ¿qué decir de Dirty Dancing? ¿De verdad algún hombre se presenta ante tus padres y, cogiéndote de la mano, dice aquello de "No permitiré que nadie te arrincone"? Y luego además se pega un pedazo de baile contigo, que, dicho sea de paso, has aprendido a bailar de puta madre en cuatro ratos y a escondidas.
Pero la que más engaña de todas, la peli más puta y traicionera, sin duda, es Titanic. Leonardo di Caprio le salva la vida a Kate, se la lleva de fiesta, le echa un polvo místico-cósmico y luego, para rematar la faena, tiene la delicadeza de ahogarse antes de convertirse en un novio pesado, gordo, calvo y que eructa viendo el fútbol. No me jodas, por favor, ese detalle no lo tiene nadie.
sábado, 28 de agosto de 2010
El chico sensible
Sí señores, así es. En estas sabias palabras se encierra toda la verdad sobre ese personaje aparentemente inofensivo, pero que debería darnos mucho, pero que mucho miedito: El chico sensible.
Tras leer este post está será tu reacción, ¡oh querida amiga!, ante la aparición de uno de ellos. Ya verás como no es para menos.martes, 10 de noviembre de 2009
Esas pequeñas cosas
Me gusta ver cómo los farmacéuticos recortan el cartoncito para la receta. Hay distintos métodos, unos lo hacen con tijera y otros con cúter, pero siempre suena igual. Es un sonido maravilloso el del cartoncito separándose de la caja, es un sonido inmutable, ha sido así desde que recuerdo y siempre me hace sentir cómoda y segura, como en casa.
Me gusta sentir cómo la nieve virgen cruje bajo las botas, cómo se apelmaza y ver la blanca explanada frente a mí.
Me gusta el sonido que hacen los perros al beber y los bebés con chupete.
Me gusta ese momento en el que el cuerpo está ya dormido pero la mente aún no.
Me gusta fregar los platos y planchar viendo una serie de televisión.
Me gusta ver aparcar a Sirioguita, siguiendo siempre el mismo protocolo, su forma de mirar a un lado y a otro mientras gira el volante y, lo mejor, el tirón final del freno de mano. También me gusta verle vestirse, con tanta meticulosidad, calzoncillos, pantalones, camisa, cinturón... y ajustarse la corbata frente al espejo mientras yo lo miro sentada en su sillón-mecedora y me balanceo con la punta del pie.
Me gusta escribir a mano, en mi cuaderno. Me gusta notar cómo se desliza la punta del bolígrafo por el papel.
Me gusta la voz de mi hijo cuando me pregunta "¿a que sí, mami?" y "¿a que no, mami?"
Me gusta el tacto de la carne de mi hermano mayor y el olor del pelo de mi hermano menor, y me gusta dormir en una cama en la que hayan dormido ellos y sentir cómo las toneladas de sueño que han dejado allí me envuelven.
Me gusta estar con la hija de la luuuunaaaa sin hablar y saber que no tenemos que decir nada.
Me gusta oír a mis padres conversar sobre política sin que ellos sepan que los estoy oyendo.
Me gusta la expresión "cuarto y mitad" y cómo la dicen las señoras gordas en la carnicería.
Me gusta pasear oyendo música y observar la cara de la gente.
Me gusta saber que todo lo mejor está por llegar.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Jo qué noche...
No, no voy a hablar de esa genial película, película de culto que me hace sentir tan vieja. Con el título digo lo mínimo que puedo decir de la maravillosa noche de Hallowen que pasó la que suscribe. Ríase usted del miedo, amigo mío.
Fui invitada a una fiesta en casa de alguien a quien no conocía personalmente, aunque habíamos intercambiado correos y bloguísticos comentarios de diversa índole.
Como me dijo que podía llevar a quien quisiera, allá que me fui, con más miedo que vergüenza y acompañada de la hija de la luuuunaaaa, vestidas como putones desorejados (aunque oficialmente íbamos de ángel y demonio, que conste).
No negaré que por el camino me asaltaron ciertas dudas, incluso llegué a pensar que cuando llegásemos a la casa podíamos encontrarnos cualquier cosa, desde unos encapuchados dispuestos a sodomizarnos a una reunión de los testigos de jehová, elija usted lo que más le acojone...
La persona en cuestión me sorprendió, me esperaba a alguien con más mala leche, pero era dulce y juguetona. Se le notaba la felicidad, esa felicidad tranquila que no se puede esconder.
En la fiesta constaté que los de mi generación somos los más mejores, las personas más simpáticas e interesantes de la velada eran mis coetáneos.
Pero no voy a hablar de la parte positiva, porque si lo hiciera no sería yo, ni escribiría un blog y porque la parte positiva es un coñazo, vamos a ser sinceros...
Durante la noche perdí la cuenta de las veces que me pregunté a mí misma si a los veintipocos (es decir, hace un par de años) sería yo una persona tan insoportable como los jovenzuelos que por allí pululaban, con un par de honrosas excepciones, eso sí.
Había uno en concreto que cada vez que hablaba subía el pan. Pero como es de bien nacido ser agradecido, yo le agradezco infinitamente todas las veces que me hizo descojonarme en mi interior. Tontunas he oído muchas, se lo puedo asegurar, pero aquella noche me las vi con auténticos profesionales. Estos post-adolescentes nihilistas que ya lo han vivido y lo saben todo me hacen llegar siempre a la misma conclusión: qué malo es el perico, joder, sobre todo para los que luego les tenemos que aguantar la zarpa a los enzarpídem (mola el palabro, ¿eh?)
Como dijo alguien en la fiesta, con gran genialidad "Joder, esto parece Twin Peaks", a lo que un manco con más luces de bohemia que don Ramón María le apuntilló "Sí, pero en la tercera temporada".
Claro que aprendí grandes cosas, como por ejemplo que debo tirarme a una lesbiana (pero no bisexual, lesbiana) por lo menos una vez en mi vida. Además, asistí al recital que nos dio un impúber que llegó acompañado de un hombre pegado a un porro y una niña pequeña.
Vino, creó y se fue.
Y yo acabé la noche con los leggins de ELLA, sentada en su cama y agustísimo.
Si uno que yo me sé nos hubiera visto por un agujerito...
viernes, 13 de marzo de 2009
Papis divorciados

Nuevos tiempos traen nuevas especies y, de cuantas campan por nuestro mundo actualmente, una particularmente entrañable es la de los papis divorciados (entiéndase papis y mamis para aquellos que no distinguen la gramática de la política).
Me dio por pensarlo el otro día, mientras me apretaba un gin tonic con mi primo en el salón de su casa. En la habitación contigua nuestros respectivos hijos ya dormían. Habíamos pasado la tarde dedicados a ellos y en ese momento nos contábamos nuestras mutuas andanzas y cruzábamos consejos varios.
En esto me llegó un mensaje al móvil, muy, muy bonito, de otro papi divorciado que también estaba cuidando de su hija esa noche. Su niña es monísima, como todo lo que tiene él (empezando por su propia anatomía).
De repente la situación se me hizo muy graciosa. Allí estábamos, tres personas ya mayorcitas, respetables padres y madres de familia, haciendo tontunas más propias de un adolescente con acné. Y es que ya lo decía Jardiel Poncela, cuando uno se enamora a los quince años llora, se pone insoportable y hace tonterías, mientras que cuando uno se enamora a los cincuenta hace tonterías, se pone insoportable y llora...
Los papis divorciados hacemos virguerías con nuestro tiempo y nuestra energía: de seis a siete, juego con el niño, de siete a ocho le baño y le doy la cena, de ocho a nueve me meto en la cama con él para que se duerma, de nueve a diez me transformo en un pivón y me voy a pasar la noche con mi amor... hasta las 7 de la mañana, que tengo que estar allí cuando mi niño se despierte, y ver los dibujos con él y llevarle al parque... Pero no me importa no haber dormido, porque, al venir rebosante de felicidad, tengo más ganas de jugar con él.
Ay los papis divorciados... hacemos planes con niños y sin niños, nos contamos nuestras conquistas en el parque mientras ellos se deslizan por el tobogán. Y cuando las cosas salen mal no nos importa, porque volvemos a casa y nos abrazamos a nuestro verdadero y único amor y todo lo demás es superfluo.
jueves, 12 de marzo de 2009
Drogas legales y baratas, o no
Quiero reír. Ay no, quiero llorar.
Me siento una diosa. Ay no, me siento una cucaracha.
Tengo ganas de comer chocolate. Ay no, no puedo comer nada, ahora tengo náuseas.
Quiero hacer el amor, eso sí, todo el tiempo.
La vida es maravillosa, voy dando saltitos como Heidi por las praderas. Al minuto siguiente me pongo a gritarle al primero que se me acerque.
Estoy como una regadera, parezco un cartel luminoso de neón.
No me he vuelto loca, ni estoy drogada. O quizá sí. La dopamina inunda mi enamorado cerebro, aunque ahora matase a catorce, escuchase a Bisbal o votase al PP estaría justificado.
Menos mal que sus efectos, como los de todas las drogas, son transitorios. Además, se puede hacer trampa. ¿Qué contrarresta los efectos de la dopamina? La serotonina. El truco está en subir los niveles de serotonina. Y eso, me preguntarán, ¿cómo se hace?
Ciertos alimentos suben la serotonina en el cerebro: los lácteos, la leche de soja, el queso y, cómo no, el chocolate. Pero lo más efectivo e inmediato es el deporte. Descubrirlo cambió mi vida amorosa definitivamente. Después de una buena sesión de saltos en el gimnasio el riesgo de mandar mensajitos romanticoides desciende considerablemente.
Ahora que tengo las claves de la neurociencia en mi mano no volveré a dejarme dominar por tan absurdo proceso mental.
Lo malo es cuando llega ÉL y con una sola mirada de sus ojos, verdes e inmensos, me descontrola otra vez toda la química cerebral...
miércoles, 25 de febrero de 2009
Gente que no es de fiar...
1. Las mujeres que, llevando al menos tres lustros menstruando, se empeñan en hablar como niñas pequeñas. Y, como las desgracias nunca vienen solas, esta raza también se caracteriza por decir cosas como "cariño", "mi vida" y "corazón" a personas que no conocen. Víboras de las de calidad, oiga.
2. Los jefes que el primer día te dicen "Aquí somos todos compañeros". A ése a hijo de puta no lo gana nadie. Te lo digo yo.
3. Quien pronuncie esta frase (o cualquiera de sus variantes): "Yo es que de bueno, soy tonto". Sal huyendo en cuanto lo oigas.
4. Las tías que piensan que todos los tíos están detrás de ellas y todas las tías les tienen envidia. Curiosamente las que tienen esta idea nunca son un clon de Eva Longoria, en cuyo caso sería lógico que lo pensasen, sino que suelen ser truños de dimensiones inabarcables.
5. Los que te hablan mal de todas sus ex parejas (y de su actual pareja) mientras intentan arrastrarte al catre. Hombre, que el "mi mujer no me comprende" ya está muy visto...
6. Los que dicen la consabida máxima "Yo por la buenas soy muy bueno, pero por las malas....". Estos son unos cabrones con las charreteras de lo mismo, por las buenas, por las malas y por las regulares.
7. Los que piensan que todo el mundo es malo menos ellos... cree el ladrón que todos son de su condición.
8. Los que dicen no distinguir entre Brad Pitt y Santiago Segura alegando que "a mí no me gustan los tíos". Otra lindeza suya suele ser el "a mí me gustan todas", frase antierótica donde las haya, por cierto.
9. Los que ante la contemplación de un bombonazo de los que animan a dar gracias al Señor sueltan eso de "yo es que como soy tan feliz con lo que tengo en casa" . Esos se tirarían a todo lo que se menea si su absoluta falta de atractivo no se lo impidiese.
10. Los que dicen "yo soy apolítico". Ya puedes ir entonando el Cara al sol.
viernes, 16 de enero de 2009
Parole parole
Una figura con la que toda mujer debe convivir desde que menstrua por primera vez (en el mejor de los casos, que hay mucho pederasta por ahí) es la del comeorejas.Ya nos lo decía Mina, con esa genial voz y esa cara suya de no creerse nada más...
Es una figura que se llega a convertir en entrañable, como parte del ecosistema que es.
¿Qué sería de una noche de marcha sin la aparición de al menos un comeorejas?
Admitámoslo amigas: por mucho que nos quejemos de ellos, en el fondo los necesitamos. El día que los comeorejas desaparecen de nuestra vida es el principio del fin... al menos como hembra fornicable.
Entre los hombres es también conocido, y muchas veces admirado, porque nunca le falta qué llevarse a la boca. Por burdo que sea su discurso siempre hay alguna tímida y confiada gacelilla que sucumbe a su hipnótica perorata. Es así, por increíble que resulte.
Desde los tiempos más remotos las abuelas y las madres advierten a las mozas casaderas de los peligros de este gorgonoxius, pero es en vano. Al menos una vez en la vida todas caemos en las fauces de algún comeorejas, resistirse es inútil. A veces cobran la presa por astucia y otras por pura pesadez. La fémina acosada y agobiada decide entregarse para no tener que soportar más semejante tortura auditiva, sobre todo si está en un local de asueto y ha realizado una ingesta de alcohol superior a la recomendable.
Hay veces, y no son pocas, en que la frontera entre cazador y presa no está tan clara, pues, mientras el comeorejas cree estar mermando la resistencia de la incauta con sus dotes oratorias, la incauta en cuestión está fingiendo creerse sus filfas porque tiene la intención de calzárselo desde el principio.
Otras veces se escucha al comeorejas, a sabiendas de que lo es, por pura diversión (yo soy proclive a hacerlo), se le sigue incluso la corriente por la curiosidad de ver hasta dónde es capaz de llegar en su desfachatez. Luego se le comenta la jugada a las amigas con regocijo usando expresiones del tipo: "Fijáos si tiene morro el tío que...." Pero ¡cuidado! he de advertir, y lo sé por amarga y dolorosa experiencia, que este juego es muy peligroso: una cree tenerlo controlado y se descubre una mañana en una cama revuelta y con el interfecto durmiendo plácidamente a su lado.
Como en todo, en el comeorejismo también hay niveles. Está el burdo, que ha heredado el oficio de sus ancestros, y si triunfa alguna vez es por pura testarudez o manifiesta oligofrenia de su adversaria.
Está el semi profesional, que se las apaña más o menos bien y va tirando.
Y, cómo no, está el absoluto maestro, que lo es, no porque no se le note, sino porque, notándosele y todo, le dejamos hacer... y acabamos diciéndole eso de "Hazme todo el lío anda, que tienes una labia..."
domingo, 2 de noviembre de 2008
Soderfrojen
Antes de nada, y por si algún germanoparlante está leyendo, debo aclarar que esta palabra en realidad se escribe schadenfreude, pero, al igual que me pasó con Coohagen, cuando el padre de mi hijo me la dijo por primera vez mis orejas, atrofiadas por la fonética para vagos del español, oyó soderfrojen y para mí siempre se dirá así.La soderfrojen es una palabra maravillosa. Ya se sabe que los alemanes saben mucho de eso de joderle la vida al personal y de disfrutar con ello, así que es lógico que su lengua disponga de esta maravillosa palabra que significa "sentir alegría ante la desgracia ajena" (si señores, los teutones son los amos, una vez más queda demostrado).
Dicen los alemanes que la sordenfrojen es la alegría más bella, puesto que es la única alegría sincera...
Hay que merengarse con los tudescos, qué mala baba se gastan, y encima con razón, porque el que no haya sentido la soderfrojen que tire la primera piedra...
Hagan un ejercicio de sinceridad conmigo, que no se lo voy a decir a nadie, piensen en la siguiente situación: usted se despierta a las 8 de la mañana, se da cuenta de que es sábado y puede seguir durmiendo.
Introduzcamos un matiz: usted se despierta a las 8 de la mañana, se da cuenta de que es sábado y puede seguir durmiendo, mientras se acurruca bajo la manta oye cómo su compañero de piso se levanta para ir a trabajar.
¿Cuál de las dos situaciones es más placentera?
No hace falta que conteste, la respuesta la saben hasta los negros de Uganda.
Ser guapo es un placer porque hay feos. ¿Se imagina usted un mundo donde todos fuéramos como el negro del CSI? Pues vaya mierda... ¿o no?
La soderfrojen es la leche, yo he visto a gente retorcerse literalmente de placer al sentirla. Hay momentos de soderfrojen gloriosos: encontrarse con el guaperas del instituto y ver que se ha quedado calvo, cuando a tu ex novia que te trató tan mal la dejan plantada en el altar y se piran con su mejor amiga, cuando a tu vecino el del Mercedes se le lleva el susodicho la grúa... y así hasta el infinito.
Pero la soderfrojen definitiva es ver que, después de que todos los que usted conoce se han entrampado hasta los colodrillos para comprarse un piso y usted no pudo, ahora los pisos valen diez kilos menos. ¡Eso es de orgasmo múltiple!
No, si todavía los bancos nos van a dar alguna satisfacción...
miércoles, 29 de octubre de 2008
En falso
Actually en inglés, no significa actualmente (que se dice nowadays) sino en realidad. El italiano salire no tiene nada que ver con nuestro salir (que se dice uscire) sino que quiere decir subir. Si en ruso decimos de alguien que es simpatichni (симпатичный), no le estamos llamando simpático, sino guapo. Y éstos son sólo unos pocos ejemplos.
Si uno de estos falsos amigos consigue engañarnos se desencadena toda una serie de malentendidos . Yo lo experimenté cuando al poco de estar en Rusia le organicé una cita a una amiga con un chico muy simpatichni y ella se llevó el chasco de su vida cuando se encontró con un tío muy majo pero más feo que picio. "Este chico no es simpatichni" me reprochó, yo le dije que sí lo era, que sólo tenía que charlar un rato con él para comprobarlo. Ella no comprendía cómo una conversación iba a obrar el milagro de volverlo guapo. Después de un absurdo diálogo descubrí el verdadero significado de la palabrita de marras.
En la vida, al igual que en los idiomas, también hay falsos amigos, falsas señales, que tomamos por indicadores de algo bueno cuando en realidad son encubridores de algo malo.
Ser ordenado parece algo bueno, pero cuidado, algunas personas mantienen un estricto orden material para ocultar un profundo desorden emocional.
Hacer deporte es saludable, pero cuidado, algunas personas no buscan mantenerse sanas sino alimentar su narcisismo con un exterior hermoso.
Ser vegetariano podría indicar un gran amor y respeto por los animales pero cuidado, hay quien se hace vegetariano para no engordar.
Colaborar con causas humanitarias puede parecer muy altruista, pero cuidado, hay quien colabora para desgravar impuestos.
Un halago es un gesto amable, pero cuidado,hay quien halaga a alguien para ofender a un tercero que está escuchando.
La sinceridad es una gran virtud, pero cuidado, hay quien confunde sinceridad con crueldad.
Algunas personas parecen fuertes cuando en realidad son indiferentes.
Cuántos hacen el bien sólo porque no se atreven a hacer el mal...
domingo, 12 de octubre de 2008
La belleza

1. Guapo. Pues ya está, su propio nombre lo dice, cuando alguien los describe dice "es guapo" y nadie lo discute, no hay subjetividad posible. Por ejemplo Paul Newman o Ava Gadner.
2. Guapete. Éste te cae bien y eso te hace verlo más guapo de lo que es. Tu objetividad te impide llamarle guapo directamente, porque tampoco lo es, así que le colocas el guapete, que es una mezcla entre guapo y majete, y a correr. Si queréis ver a uno poned el Pasapalabra y os encontraréis con Christian Gálvez. Ah, y sólo puede ser chico, quizá la chica equivalente sería mona, algo así como María Adánez.
3. Guapín. Éste tiene unas facciones correctas, los ojos claros (esto es imprescindible) y es ñoño a más no poder, vamos, que tiene menos sex-appeal que un percebe. Zapatero, sin ir más lejos. Ejemplo de guapina: su mujer, coño, si son iguales.
4. Guapetón. Éste tiene que ser moreno, eso es indiscutible, y gordo (o, como se dice de los guapetones, fuerte). Sus facciones son, además de correctas, exuberantes, ojos enormes, labios carnosos, cutis de porcelana. Y las mejillas, las mejillas tienen que ser inmarcesibles e infinitas, mejillas apropiadas para plantar en ellas unos besos sonoros, besos de abuela. Aquí los reyes del mambo son Falete y María del Monte (si es que no son el mismo, que yo tengo mis dudas).
5.Guapito. Suele ir seguido de la coletilla "de cara" y dicho con cierto retintín. Porque el guapito te cae mal, encima es un listillo, encima te cae mal (pero esto ya lo había dicho ¿no?), pero es que es lo más importante: te fastidia que sea guapo porque piensa que esa circunstancia le da derecho a todo. Aquí seguramente podríamos incluir a Inma del Moral y a su exnovio Pedro Ruíz (¿Cómo? ¿Qué éste no es guapo?, huy perdón, se me ha traspapelado un dato del post de clases de simios guapos...)
6.Guaperas. Condición exclusivamente masculina. Éste es guapo, ejerce de ello, lo sabe y lo disfruta. Es el típico que gusta y además cae bien. Y no hay guaperas más guaperas que él: Dios Clooney.
7.Guaperillas. Es un paso previo al guaperas, bien sea por juventud o porque sus capacidades no le permiten llegar a guaperas. Si quieren ver uno, ahí tienen a Alejo Sauras.
8.Bello. Para ser bello es imprescindible ser negro, y esto no es racismo, es un hecho objetivo. Tienen tal perfección, armonía, elegancia de espíritu y exquisitos modales que parecen todos príncipes. Y si no me creen, miren a cualquier topmantero, o miren esto.
9.Autoguapo. Suele darse con más frecuencia entre las féminas. Es fea y además tiene mal tipo, pero en su casa le han dicho siempre que es una belleza, y ella se lo ha creído. Se auto incluye entre los agraciados con una convicción y naturalidad tal, que nadie se atreve a contradecirla en voz alta (aunque todos piensan que es un callo malayo). De esta categoría no voy a poner ningún ejemplo porque todos tenemos algún ejemplar entre nuestros conocidos. ¿A que ya estás pensando en alguien concreto?
10.Guapo por cojones. Nació feo pero no se resigna, a base de ir a la última moda, operaciones estéticas, estilimos y demás soplapolladas ahí está, entre la beautiful people (expresión absurda donde las haya). ¿Ejemplos? Guti y señora, Terelu Campos, Belén Arriba la Esteban, Victoria Escuerzo Beckham... y el máximo representante: nuestro nunca bien ponderado M.A.M.
Y por si se están preguntando si la autora se incluye en alguna categoría... pues los que me conocen no necesitan ninguna respuesta, ya saben que estoy buenísima (según me dijeron el otro día, "literalmente")
lunes, 29 de septiembre de 2008
Los hombres de mi vida
Permitidme que os los presente....
Dios Clooney. Más guapo no se puede ser. No puedo expresar con palabras lo que me gusta este hombre, desde que lo vi en "Abierto hasta el amanecer" con ese tatuaje en el cuello soy suya irremediablemente. Y mira que se le ve a la legua que es un perro sin amo, pero si tuviera el gusto de conocerle sólo podría decirle: anda ladrón, hazme el lío... que tienes una labia...
Keanu Reeves. A este llevo queriéndole más tiempo, concretamente desde los dieciséis añitos que lo vi por primera vez. Fijaos si me gusta este tío que me trago todas sus películas a pesar de lo malo que es el cabrito. Porque aquí si que lo digo sin apasionamiento: guapo es a rabiar, pero como actor es el peor del globo. He elegido una foto de "Le llaman Bodi", la película que he visto más veces en mi vida, porque, si en general está bueno, en esta peli ya está de lipotimia. Ay madre mía... ¡Sálvame Neo!
Robert Downey Jr. Este es que encima me cae bien, porque es un pieza. Y a las mujeres, ya se sabe, nos pone el rollito canalla. Si es que le quiero, no lo puedo evitar, y le pagaría la fianza del talego todas las veces que hiciera falta... Robert, ya lo dices tú que "sólo eres un gilipollas con una opinión", pero aquí, que lo sepas, se te quiere.
Aquí los tenéis: El insufrible Matt Damon, qué patada en la boca te metería si pudiera bonito, Ben Afflectado, al que estoy segura de que le huelen los pies, y Russel bracicorto Crowe, que da más asco que hacerle las ingles brasileñas a Terelu. Parece mentira que la naturaleza pueda dar bombonazos como los primeros y truños como estos tres. Misterios de la genética, digo yo...
lunes, 22 de septiembre de 2008
Grandes estrellas del circo
Historias de cama

La cama es un gran lugar, para todo, pero especialmente para "eso". Nunca he compartido esas fantasías liberaloides de hacerlo en lugares públicos, donde dicen que el morbo es que te pueden pillar, pero qué horror, ¿se puede imaginar situación más incómoda? y si no en la cocina, contra el frigorífico, en el ascensor (sólo apto para precoces), en un confesionario, etc... Con lo bien que se hacen ciertas cosas en la cama, tapado hasta el cuello (como bien dice prognato) y con tu cuarto de baño al lado. O si no en la cama de los padres (quien no haya hecho el amor en la cama de sus padres que se levante y se vaya), aunque siempre da un poco de mal rollo porque suelen estar a la vista objetos poco erotizantes, como tu propia foto a punto de recibir por primera vez el cuerpo de Cristo o las gafas de tu padre.
Las camas, además, se quedan impregnadas de la esencia de su dueño. Si la persona que duerme habitualmente en ella es tipo marmota, será un gran placer dormir en ella, pero desaconsejo tajantemente dormir en la cama de un insomne. Cada vez que duermo en la cama de mi hermano es como si las toneladas de sueño que él ha dejado allí desplegasen unos brazos invisibles y me sumergiesen en los dominios de Morfeo. Sin embargo, cuando duermo en la cama de mi madre, doy vueltas sin parar, presa del nerviosismo que mi augusta le ha traspasado.
Se puede aprender mucho de una persona simplemente tumbándose en su cama, ya que sólo desde ahí se tiene la perspectiva de lo que esa persona ve cada día antes de dormirse, y eso es muy significativo.
Permitir que un extraño duerma en la propia cama también tiene su enjundia, porque luego deja su huella, su olor y pelos por toda la cama. La sensación que tengamos al descubrir esos vestigios nos dirá lo que sentimos por esa persona, y eso también es muy significativo...
La próxima vez que veas el dormitorio de alguien, te aconsejo que, cuando no te vea, te tumbes en su cama, comprobarás que, después de eso, le conoces un poco mejor.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Ay mi amigdala

Pongamos un ejemplo: a la amígdala le da miedo la oscuridad, y quiere dormir con la luz encendida, el córtex sabe que eso es una estupidez, porque en la oscuridad lo único que sucede es que no ves las cosas, pero nada cambia, y si a eso le añadimos, que vas a estar durmiendo y, lógicamente, con los ojos cerrados, es absurdo dejar la luz encendida, además de un gasto inútil de energía y dinero. Empiezan a discutir, la amígdala no se apea del burro, no quiere oscuridad y punto, le da igual que sus motivos sean absurdos, no va a transigir. El córtex empieza a razonar, "pero mujer, ¿no te das cuenta de que estás siendo ilógica?" y la amígdala en sus trece. El córtex se enfada "mira, ya vale de tonterías, aquí mando yo, se apaga la luz y no hay más que hablar" y le da al interruptor. Se hace la oscuridad, entonces la amígdala hace que los latidos se aceleren, pinta escenas terroríficas en la imaginación, entrecorta la respiración, y obliga a la mano a encender otra vez la luz. Conclusión: el córtex se aguanta, se duerme con la luz encendida, la amígdala se sale con la suya.
Otra de las situaciones realmente interesantes de la amígdala es cuando se enamora de otra amígdala. Se cruzan y se enamoran, así, sin más, sin pedir permiso a nadie, sin ponerse coloradas. Ambos córtex hablan con sus respectivas amígdalas. "Pero ¿no entiendes que no la conoces? ¿cómo me puedes decir que estás enamorada? el amor llega con el tiempo, el conocimiento, la afinidad, la hipoteca... " pero que si quieres arroz, Catalina.
Pues una de esas me ha hecho mi amígdala, se me ha enamorado. Yo no conozco al propietario de la otra amígdala, no sé si es bueno o malo, formal o informal, sincero o embustero, no sé si me conviene... pero nuestras amígdalas se han enamorado y nosotros poco tenemos ya que decir.
Creo que tendremos que resignarnos, ya se lo he dicho yo: "mira chico, a mí esto también me parece un sinsentido, yo tampoco quería esto ahora, pero qué quieres que le haga, mi amígdala y la tuya se han enamorado y provocan que cuando nos vemos se nos acelere el corazón, y que tu piel sea un imán para mis manos, y que te mire y vea al padre de mis hijos, y que cuando me besas se me borre el mundo... No es cosa mía, es de mi amígdala. Y no veas el genio que tiene, cualquiera le lleva la contraria"
Él es algo más tozudo que yo y no se da por vencido. Pero no me preocupa, ya sé que su amígdala se ha enamorado de mí, y ya se sabe... al final ella es la que manda.
jueves, 28 de agosto de 2008
Minutos de silencio
Cómo molo, me encanto, soy genial. Si hubiera más personas como yo el mundo sería maravilloso, soy tan sensible...Cuando veo en la tele a los negritos que se mueren de hambre siempre le digo a quien esté conmigo la penita que me dan. Y si estoy a solas no digo nada, total... para qué si nadie me va a oír.
Soy tan buena persona... Llevo un lacito rojo (por el sida), un lacito negro (por el terrorismo), un lacito rosa (por el cáncer de mama) y me compro todas las pulseras solidarias.
Fui a la manifestación por el tío ese que secuestró ETA, ¿que cómo se llama? Ay hijo, no me acuerdo, hace tanto tiempo... Y el otro día, cuando el accidente de Barajas, lloré muchísimo en la oficina (estaba en la oficina cuando me enteré) y me solidaricé con las víctimas en varios foros de Internet. Es que tengo tan buen corazón... de verdad, cómo molo.
Siento un cariño inmediato por las personas que conozco, salgo una noche de copas y conozco a alguien y es como si nos conociéramos de toda la vida, la conexión (o diré feeling, que es más cool) es inmediata, y le beso y le abrazo y le hago masajes en los pies y dormimos abrazados y le digo muchas veces que le quiero, no vaya a ser que me muera sin habérselo dicho. Mi pareja no se molesta por estos ataques de amor porque también mola mucho. Molamos tanto que sólo con vernos tenemos siete orgasmos seguidos.
Si lo pienso bien me doy cuenta de que no tengo amigos de la infancia, si se me acerca un pobre por la calle me aparto (no me vaya a manchar mi preciosa camiseta del Che), le hago la vida imposible a mis subordinados en el trabajo a la par que le chupo el culo a mi jefe, levanto falsos testimonios y carezco completamente de principios y dignidad.
Pero molo mucho, siempre que le pasan grandes tragedias a personas que no me importan guardo los correspondientes minutos de silencio.
miércoles, 11 de junio de 2008
Soy maaaaloooo
Cojoiden, siempre tuya






