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lunes, 15 de julio de 2013

Mis tetas

Siento decepcionar a muchos, pero no voy a contar el famoso chiste (famoso y magistral, por supuesto) del perro mistetas.
Eso lo dejamos para otro día. 
Hoy voy a hablar de mis tetas, de mis dos glándulas mamarias, los senos, los melones, las peras... como lo quiera usted llamar. Y de mi culo y de mis piernas y de mis rodillas y de mis glándulas suprarrenales.
Mi cuerpo. Que es mío. Y hago con él lo que me sale del centro de gravedad, que también es mío.

Si yo enseño mis tetas en público eso no te da derecho a tocarlas, si yo me doy tres besos contigo en una discoteca no estoy obligada a irme contigo a la cama. Y si me voy contigo a la cama, no estoy obligada a hacer nada que no quiera hacer. Del mismo modo que no estás obligado tú. 
A ver si van quedando claros un par de conceptos.

Yo me pongo minifalda porque me da la gana, porque hace calor, porque tengo las piernas bonitas o porque era lo único que tenía planchado esa mañana, lo que sea. Pero eso no significa que tú tengas que importunarme cuando paso por la calle describiéndome todas las cosas que me harías. Si te parece que estoy buena haz como hago yo cuando veo un tío bueno (que te aseguro que los veo): fantasea. Fantasea todo lo que quieras, a eso tienes derecho. Eso pasa dentro de tu mente y ahí mandas tú. Pero, en serio, no necesito que lo compartas conmigo. NO QUIERO que lo compartas conmigo.

Piensas que tienes derecho, que yo te he dado ese derecho divino porque voy provocando (vamos a ver ahora dónde ponemos la raya de la provocación, que ésa es otra) y de eso al burka no hay un trecho tan largo, te diré.

Pero ese derecho no te lo da mi vestimenta, o la ausencia de ella, sino que eres hombre, y yo mujer. Y tú tomas lo que quieres y yo a callar y a complacer. Tal es mi misión. 

Tanto a ti como a mí nos lo han ido grabando a fuego en la mente desde pequeños. Con métodos a veces sutiles y a veces burdos, pero el mensaje siempre es el mismo: tú tienes todo el derecho y yo ninguno.

Porque esos subnormales profundos que tocan las tetas a una chica que se ha quitado la camiseta, o que dicen guarradas a una que lleva minifalda, ¿qué hacen cuando ven el lujoso coche de su jefe? ¿Se lo roban? Ya puestos podrían hacerlo, podríamos hacerlo todos, cada vez que veamos algo que nos guste nos lo llevamos y si no que su propietario no lo muestre. Porque si lo muestra es que va provocando, y si va provocando merece que se lo quiten.

Pero yo creo que no, que sólo funciona con las tetas. Porque el fin no es tocar una teta, no señor. El fin es que el mensaje siga vigente y no se pierda, que se transmita de generación en generación.

Y el mensaje siempre es el mismo, tú eres hombre y yo soy mujer. Tú tienes todo el derecho y yo ninguno.

viernes, 22 de febrero de 2013

La purga de Benito

Los que me lean de vez en cuando ya sabrán cuánto admiro a mi abuela y cuánto me gusta citarla. Pues hoy voy a hacerlo una vez más. Cuando estábamos malitos y nos daba algún remedio para ello y nosotros, sin haber dejado transcurrir el tiempo necesario para que el proceso siguiera su curso, nos quéjabamos de que seguíamos sintiéndonos mal, ella nos decía siempre "A ver si te crees que es la purga de Benito, que no se la había tomado y ya le hizo efecto"
Vivimos, por desgracia, en la era de la purga de Benito. Todo es rápido, todo es ya, todo es sin esfuerzo...
Se adelgaza comiendo cochinillo y en tres días, se aprende sánscrito en dos tardes (en tres ya llegas a bilingüe), en cofiplis y similares te dan el dinero a la de YA para tus caprichitos. Por cierto, siempre me he preguntado si luego te mandarán un Valodia para que te parta las piernas si no pagas, pero eso es otro tema.
El caso es que ahora sólo respondemos a la gratificación inmediata y lo que no funciona a la primera lo abandonamos decepcionados.
Vivimos en la ciudad, vamos al supermercado y compramos tomates. No hemos pasado por el proceso de plantar la semilla, regarla, cuidarla, esperar a que la tomatera crezca, dé flor en primavera y esa flor se transforme en un jugoso tomate de esos que nosotros, según mi madre, ni hemos catado ni cataremos.
En las páginas de ligoteo de internet la gente te envía el primer mensaje pasándote el correo, el teléfono, el facebook y todo lo que haga falta para que lo contactes inmediatamente, quedar y follar todo es uno. Lo de escribirse, cortejarse, ponerse mil veces nervioso, elucubrar, imaginar... eso ya no se estila. Todo eso viene después del primer polvo, queremos levantarnos una mañana teniendo en la cama una pareja de seis años de relación, sin darnos cuenta de que, para ello, hay que invertir ni más ni menos que seis años.
Vivimos en la era de los 140 caracteres, la entrega en 24 horas, el doble check inmediato. Hemos perdido uno de los más maravillosos y agridulces placeres: esperar.
Por consiguiente, como todo ha de ser inmediato, asumimos que lo que no sucede inmediatamente nunca sucederá. Y la mayor y devastadora muestra  es el estado en el que se encuentra España, la cual ostenta el dudoso honor de tener  los políticos más cortoplacistas del mundo. Todo lo que no ha de dar mucho dinero y muy rápido no merece la pena. Hay que estudiar ADE y másters MBA, para ver rápido dónde está el negocio. Lo de ser biólogo y aspirar a encontrar la cura de algo es de progres trasnochados. 
Y lo peor de todo: queremos que con protestar una vez nos hagan caso. Vamos a UNA manifestación y decimos "no sirve para nada". Y es verdad, una no sirve para nada, al igual que no sirve para nada ir un día a la universidad, una abdominal o regar una planta una vez. Es el acto repetido lo que marca la diferencia, la insistencia, el tesón. La paciencia. Eso que hemos perdido, eso que necesitamos, por encima de todas las cosas, recuperar.
Porque las manifestaciones no son, como diría mi abuela, la purga de Benito, que no se la había tomado y ya le hizo efecto.
Y menos aun cuando se está tan enfermo como lo está nuestro país.

martes, 18 de septiembre de 2012

El amigo guapo

Con las cosas de la política, me he acordado de una historia muy graciosa y absolutamente verídica que conocí yo en mis años hosteleros. Había dos amigos, uno era alto, guapo, morenazo y tal. El otro era bajo, gordo, estrábico y tartamudo. Los dos eran plenamente conscientes de las circunstancias, así que cuando salían por ahí y divisaban hembra apetecible era siempre el guapo el que cogía el pico y la pala y allá que se iba. Un noventa y nueve por ciento de las veces la operación era exitosa y hembra apetecible acababa en casa de amigo guapo... pero no estaban solos. Amigo gordo, como una sombra imperceptible, había estado todo el tiempo con ellos, pero hembra apetecible, obnubilada por los hercúleos pectorales y la ebúrnea sonrisa de amigo guapo, no se percataba de la otra presencia hasta que era demasiado tarde.
Corría el alcohol, amigo guapo bebía, hembra apetecible bebía, entraban en un absoluto estado de embriaguez, amigo guapo se dormía en el sofá, hembra apetecible se quedaba a medias.... y entonces era el momento de amigo gordo, quien, aprovechándose de la peligrosa mezcla de alcohol e insatisfacción sexual que tanto bien ha hecho por la vida amorosa de las personas feas, sustituía al bello durmiente.
Habría casos, me imagino, en los que hembra apetecible no cayese en la trampa y saliese huyendo indignada y espantada, pero entre las que iban y las que venían, amigo gordo metía.
Parece que los madrileños debemos de ser para los políticos del PP una hembra bastante apetecible, y además tienen muchos amigos gordos que colocar, porque ya es la segunda vez que nos la cuelan en poco tiempo. 
Se presentan a las elecciones con un cabeza de lista con tirón popular y posibilidades de ganar, ganan y, al poco tiempo se marchan dejándonos el zurullo de coña (lo malo es que ellos no trabajan ese arrrtículo), en forma de cornuda esposa de ex presidente vigoréxico o de ladilla pijoide implicada en la trama Gürtel.
Y nosotros, borrachos y jodidos, nos lo tenemos que comer, sin más.
Un momento... ¿nos lo tenemos que comer? ¿de verdad? Creo que ahora nos toca decidir qué clase de hembra apetecible queremos ser: la que se resigna al "date por follada" o la que pone al guapo y al amigo del guapo donde los tiene que poner y se va con un guapo de verdad, sin amigo gordo y que no se duerme borracho en el sofá.
Porque, oye, os juro que también existen.


lunes, 20 de agosto de 2012

Ponte traje

No, no voy a hablar de Barney Stinson, aunque sea un personaje gracioso y haya hecho suya la frase que da título a esta entrada. Como ya habréis notado, Barney es una caricatura de un personaje que, por desgracia, abunda en nuestra sociedad. Y lo malo no es ya que abunde, sino que es envidiado y usado como modelo de éxito en la vida.
Id a cualquier empresa y os encontraréis como mínimo un par de Barneys. Bueno, para ser exactos os encontraréis al menos un par de "quiero ser Barney". Porque esos pobres idiotas ni son guapos, ni se tiran cada día a un pibón distinto ni viven en un lujoso apartamento neoyorquino.
Pero tienen algo en común con él: su absoluta obsesión por llevar traje.
Llevaba yo mucho tiempo cavilando sobre esta cuestión: el traje. ¿Por qué el traje? ¿Por qué en tantas empresas te obligan a llevar traje? ¿Por qué en ese requisito tan ambiguo que se conoce como "buena presencia" entra indefectiblemente el traje? Hubo en tiempo en que yo entendía que cuando decían "buena presencia" se referían a que estuvieras buenorro. Es lógico que lo entendiera así, puesto que en mis años mozos me ganaba las judías como modelo y camarera de pub y discoteca, y para ambos trabajos requieren a chicas que estén buenorras. Es harto injusto, lo sé, pero así es la vida. En ambos casos se trata de vender imagen más que de otra cosa, y, si hay que vender, vende más un buenorro. Eso es así, podéis indignaros, rebatirme y llamarme vanidosa en todas sus variantes, pero no por eso tendré menos razón. Y la prueba de que tengo razón es que en aquella época para las entrevistas de trabajo lo único que yo hacía era ponerme muy guapa: llegaba al garito en cuestión, el encargado me veía y me contrataba, sin saber si yo sabía poner una copa o si distinguía la ginebra de la cerveza.
Más tarde supe que el término "buena presencia" no quería decir que tuviera uno que ser necesariamente prieto de carnes y bello de faz (aunque nunca está de más), sino ir apropiadamente vestido. Y aquí es donde viene la duda, porque uno pensaría que con ir con ropa que no resulte obscena y esté limpia es suficiente, pero no. Tiene que ser un traje, y en el caso de las mujeres es mucho peor porque los hombres aún se apañan con un par de trajes y tres camisas pero las mujeres debemos tener un sinfín de modelitos siempre a la última y con sus respectivos zapatos, bolsos y complementos...
La gracia de todo esto es que luego se ven espectáculos como señores que van con traje y corbata y con una halitosis que tira de espaldas o señoritas con un bolso de Luis Putón pero con grasa en el pelo como para freír tres kilos de patatas. O señoras con traje, sí, pero con un escote que tiene a sus compañeros todo el día emulando al homo erectus.
Entonces, ¿por qué? ¿Por qué no vale un chico con un chándal limpio la melena reluciente y el aliento de rosas? ¿Por qué tiene que llevar traje?
La revelación me llegó no hace mucho, durante una conversación con el que me paga el sueldo (porque ya sabéis que yo, ni dios ni amo). En un momento de la charla yo le dije algo así como "yo soy una obrera" y él se echó a reír y me dijo "tú qué vas a ser una obrera", yo me sorprendí. "¿Por qué dices eso?" le espeté, a lo que él me contestó "pues ni que fueras tú con mono"
Ahí se me hizo la luz. Ésa es la razón, y no otra, de que nos obliguen a ir con traje. Nos obligan a vestirnos como ellos para que creamos que somos como ellos, que estamos en su lado del mundo.
Ponle a alguien un traje, que se compre un cochecito en lugar de ir en metro a trabajar y que esté sentado a una mesa y, automáticamente, se le olvidará que es un obrero, se sentirá superior a "los del mono", se sentirá de los elegidos. 
"No te confundas" le dije aquel día "No sólo son obreros los que llevan mono".  Yo no me dejé, no me dejo, engañar. Yo soy una obrera, sé lo que soy, de dónde vengo y en qué lugar estoy. Pero empiezo a temer que yo soy una excepción.
Ya no tenemos conciencia de clase, ése es nuestro problema. Nos la han quitado mediante un truco tan sencillo como ponernos una corbata e impedir que nos ensuciemos las manos. Pero somos esclavos, sus esclavos. No tenemos lo que ellos tienen, nuestros hijos no heredarán lo que los suyos.

La lucha de clases ha muerto estrangulada con un nudo windsor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Rojo oscuro, casi negro

Hoy me apetece divagar, hablar un poco de todo lo que me pudre el alma.
¿Por qué soy de izquierdas? Es una pregunta que me hago mucho últimamente. No lo puedo contestar escuetamente. Lo que tengo claro como la luz del día es que lo soy de nacimiento.

No hace mucho leí que estaba más o menos aceptado científicamente que la ideología política se lleva en los genes. Tiene sentido. Si el carácter se lleva en los genes también ha de llevarse la ideología política, siendo, como creo firmemente que es, un rasgo de la personalidad.

No entiendo a la gente que se declara apolítica, que dice no tener ninguna ideología. Sinceramente, no me lo creo. Todos tenemos una ideología, puesto que una ideología responde a una serie de principios éticos y todos los tenemos. Hasta el que tiene por principio actuar siempre y sólo en su propio beneficio, hasta el que tiene por principio cambiar de principios según le convenga, hasta el que tiene por principio seguir gregariamente a la manada. Todo eso no dejan de ser principios, normas internas que seguimos. Todos tenemos una ideología y esa ideología se inclina a la izquierda o a la derecha. Eso es así. Lo que ocurre es que cuando se habla de ideología siempre salen a relucir los partidos, los estados, los países, y eso es otra cosa. Yo hablo de la ideología, no de las personas que pretenden representarla.

Yo creo que de derechas o de izquierdas se es de forma involuntaria, natural. Yse muestra en los actos, no en las palabras. Una persona, para mí, es de izquierdas cuando me lo demuestra con su comportamiento, no cuando dice que lo es. Así, he conocido personas de izquierdas que creían ser de derechas y personas de derechas que decían ser de izquierdas. Lo que me reafirma en la constatación de que la cultura política es desastrosa, llena de mitos y profundamente corrompida.

Encuentro muchos obreros que votan a la derecha, que se declaran de derechas, pero lo que luego demandan es la izquierda. Cuando el jefe, el gobierno, la sociedad en general, exhibe comportamientos de derechas estas gentes protestan indignadas, "qué poca vergüenza, qué hijos de puta, no hay derecho", "pues ¿qué pensabas que era la derecha?" les contesto siempre yo.

Con mi compañera y sin embargo amiga Chispita (su nombre real ha sido cambiado para preservar su intimidad) se obró el milagro. Cuando la conocí, ella, una mileurista sin estudios universitarios que vive con sus padres en un barrio obrero de Madrid, se declaraba de derechas. En un principio, como siempre me pasa en estos casos, asistí a esto con una mezcla de indignación, perplejidad y tristeza, pero pronto descubrí que lo que le ocurría era sencillamente que estaba profundamente desinformada. Chispita era y es una bellísima persona: solidaria, empática, con un sentido de la honradez y la justicia fuera de normal. Desgraciadamente, tenía en su cabeza un revoltillo de mitos y cuentos para asustar niños sobre la izquierda impresionante. A medida que nos fuimos conociendo constaté que todas sus opiniones coincidían al 99% con las mías, o sea,  eran totalmente de izquierdas, al igual que su comportamiento en el trabajo, con los compañeros y en general. Un día le lancé la inevitable pregunta "¿Pero tú estás segura de que eres de derechas?" a lo que ella me respondió "es que soy realista y la izquierda es una utopía". Le expliqué que lo que me decía era tan absurdo como  si todos nos suicidásemos porque vivir para siempre es una utopía, así que ¿por qué seguir? Ese día, como mínimo, le hice pensar.
Más tarde, poco antes de las elecciones generales, Chispita contestó un cuestionario para saber qué partido respondía mejor a lo que ella quería y acabó votando a Equo (el cual le salió con un 100% de compatibilidad), un partido inequívocamente de izquierdas.

Ahora es cuando las voces indignadas de los españoles "de bien" me gritan "¡No es justo, estás equiparando ser buena persona con ser de izquierdas, como si todos los de derechas fueran malos!"
Pues lo siento mucho, pero en cierto modo es así. Una persona puede ser de derechas por uno de estos tres motivos (al menos uno, que también pueden ser los tres a la vez): es egoísta y le importan una mierda los demás, es estúpido y/o está manipulado o mal informado. El caso de Chispita, que ni es egoísta ni estúpida pero estaba mal informada, demuestra esta teoría.

Si encontráis una sola persona que sea generosa y justa, inteligente y culta y sea de derechas presentádmela. No la encontraréis. Os lo garantizo.

Yo no digo que yo sea una buena persona (si lo fuera seguramente no tendría tanta facilidad para desearle todos los males del infierno a Esperanza Aguirre o Aznar), pero os aseguro que lo intento con todas mis fuerzas. Creo que tonta no soy (al menos no lo suficiente como para no darme cuenta de cuál es mi bando)  y, desde luego, estoy informada, puesto que procuro siempre picar de todos lados y sacar mis propias conclusiones.

Pero la principal razón por la que soy de un rojo oscuro, cada vez más oscuro, casi negro, es esta rabia. La rabia que me impide y me impedirá siempre aceptar que "siempre habrá ricos y pobres" y que "es lo que hay", que me impide aceptar que el mundo es como el Titanic y los que van en primera clase tienen más derecho al bote salvavidas que los de la bodega.
La rabia me hace seguir caminando hacia ese horizonte que es la utopía, aun a sabiendas de que nunca lo alcanzaré.

Pero no por eso voy a dejar de caminar.

martes, 6 de marzo de 2012

Poli corrupto, papi violador



¿Os habéis fijado en que en las pelis de dar miedo el malo malísimo siempre resulta ser uno que se suponía de los buenos?


El policía corrupto siempre me ha dado mas miedo que el delincuente. Si te ataca un delincuente vas la policía, pero ¿A dónde vas si te ataca la policía? Lo mismo pasa con los padres que abusan de sus hijos. Es muy jodido que te violen, pero si encima te viola el tipo del que se espera que reviente a hostias a quien te hace daño es devastador.


Tengo miedo porque he comprendido que estamos siendo violados por nuestro padre y, encima, el policía al que se lo hemos ido a contar es corrupto.

Siento indefensión, no sé a dónde acudir, no sé cómo luchar contra quien me ataca. Tengo incluso miedo de pensar.


Ahora resulta que Oceanía nunca estuvo en guerra con Eurasia

Vivimos la peor de las esclavitudes: la del que cree ser libre.


Cuando de pequeña las monjas intentaban adoctrinarme con la historia de Luzbel, el ángel caído, solía preguntarme si no habría ganado en realidad el malo y, como todo vencedor, contaba su versión de los hechos.


Ahora no me cabe ninguna duda.








domingo, 13 de febrero de 2011

No es personal (basado en hechos reales)

Mira, te voy a destrozar la vida, pero no es personal. Así son las cosas, esto es el mundo del trabajo. Pero esto es aquí, en la oficina. Verás, tengo que putearte. Resulta que voy a sobrecargarte de trabajo y luego yo me llevaré los méritos. Pero no te creas que tengo algo contra ti, por favor, nada más lejos de la realidad, incluso me caes bien. Mira, si quieres nos vamos de cañas después del trabajo, porque me caes bien. Esto no es personal, ya sabes, el trabajo es así. Esas fantasías tuyas de la honradez, la honestidad, la coherencia. Necesitas madurar, en serio. Así no vas a llegar a ningún sitio.
Y esto te lo estoy diciendo por tu bien, porque te aprecio. ¿Cómo? ¿Que esparcí rumores falsos sobre ti? Ya, pero ya te lo he dicho, eso no es porque me caigas mal, es que si no lo hacía te ascendían a ti en vez de a mí, y yo quería ese ascenso. Mira que te lo digo veces: no es nada personal. Esto son cosas del trabajo. En todas las empresas te vas a encontrar con lo mismo. Madura ya de una vez y no te pongas en plan histérico, ¿es que estás con la regla? ¡Ah! que te molesta que te haya degradado para ascender a ese inepto... es que las mujeres sois de una manera... De verdad, no se puede trabajar con vosotras, sois una olla a presión de hormonas y saltáis por cualquier cosa... Mira que molestarte porque le haya dado a ése el puesto que te he estado prometiendo durante un año, a ése, que tiene menos formación que tú y que encima va a cobrar el doble... por cierto, le tendrás que echar una mano porque, claro, no sabe lo que tiene que hacer, en cambio tú, que lo has estado haciendo extraoficialmente un año.... ¿cómo? ¿que por qué le he dado entonces a él el puesto en vez de a ti? Mujer, es obvio. Tú no tienes madurez para desempeñarlo, te falta picardía, frialdad, tú ya me entiendes. Eres demasiado subceptible, serán las hormonas, no es culpa tuya, las mujeres ya se sabe...
Haces muy bien tu trabajo, por eso te he encargado siempre las tareas más difíciles, sabía que no me defraudarías. Son otras cosas las que tienes que cambiar, no sabes estar en el lugar que te corresponde. ¿Qué son esas simpatías, por ejemplo, con la de la limpieza o el repartidor? Así no te van a tomar en serio.
Bueno, ya sé que estás en tratamiento por las putadas que te he hecho, pero yo todo lo he hecho por tu bien, quien bien te quiere te hará llorar. A ver si maduras de una vez y dejas de ser buena persona y buena compañera, que por ese camino nunca llegarás a nada en el mundo empresarial.
Y que conste, sobre todo, que no es nada personal.

sábado, 14 de agosto de 2010

Dinero



Hace años vi en el programa de la insufrible AR una entrevista (de los miles de millones que se han hecho) a una prostituta de lujo. A pesar de llevar pelucón y gafas para ocultar su identidad, se veía perfectamente que la moza estaba de muy buen ver y que todavía era potrilla: veinte años tendría a lo sumo la criaturita, pero ya tenía las cosas muy claras.


La insufrible AR, haciendo un alarde de su indiscutible buen hacer periodístico, le preguntó si no lo pasaba mal cuando requería sus servicios algún hombre muy mayor o poco agraciado, a lo cual ella, con una frialdad que ponía los pelos de punta, respondió: "No, yo sólo veo dinero".
Como he dicho, hace años de eso, pero yo lo recuerdo nítidamente. Me impresionó de tal forma que no he podido olvidarlo. Fue entonces cuando se concretó ante mí una idea que llevaba tiempo gestándose en mi cabeza: Quien quiere dinero sólo ve dinero.

El genial genialísimo (tanto que ni me acuerdo de que es argentino) Federico Lupi lo dice muy ingeniosamente en la película "Éxtasis": "En esta vida hay dos clases de personas, dos nada más: los que quieren dinero y los que no saben lo que quieren".

Mira que he conocido personas en mi vida... pues todas entraban en uno de esos dos grupos.

Los que no sabemos lo que queremos pensamos que también queremos dinero, pero eso no es así. Lo que ocurre es que cuando pensamos en las cosas que nos gustaría hacer o tener nos damos cuenta de que, en la mayoría de los casos, se consiguen o mejoran con dinero. Nos imaginamos, por ejemplo, una bonita casa (cuesta dinero), viajar y ver mundo (cuesta dinero), tener tiempo libre y no tener que trabajar (cuesta dinero), y un largo etcétera...

Los que quieren dinero quieren el dinero en sí mismo. Son como el tío Gilito, quieren tenerlo almacenado, disfrutan con la idea abstracta de su dinero amontonándose de forma obscena, cada céntimo ganado o ahorrado trae consigo una satisfacción, pero también el prúrito de ahorrar o ganar un céntimo más.

Los que no sabemos lo que queremos no renunciaríamos a ciertas cosas por dinero, ya que precisamente queremos el dinero para poder tener esas cosas.

Los que quieren dinero, como aquella bellísima y joven prostituta, sólo ven dinero.

Recientemente ando en tratos con uno de estos Gilitos de la vida. Por fuera está muy lejos de parecerse a aquella prostituta, no es joven ni, desde luego, guapo (es más, jamás lo fue, por eso me juego el cuello), y no es prostituta, o al menos eso se cree él. Es un señor respetable (para quien lo respete, claro, que no es mi caso), casado, padre, católicoapostólicoyromano. Pero cada vez que lo miro, que le veo pagar sueldos miserables sin inmutarse por el hecho de que sus empleados no lleguen a fin de mes, dolerse de cada céntimo que gasta, veo en él a aquella chica que afirmaba en el programa de AR "yo sólo veo dinero".

Eso sí, con dos agravantes: Éste ofende a la vista de puro feo y no sabe que, en el fondo, no es más que una puta.

viernes, 14 de mayo de 2010

Querido tío-abuelo Rafael:

No te conocí, moriste antes de que yo naciera. Pero eso no ha impedido que sepa mucho de ti. Mi abuela, tu hermana, me contó tu historia. Después mi madre, tu sobrina, te recordó muchas veces.
Te convertiste en mi anécdota favorita, yo solía, suelo, bromear sobre mi incorregible rojez aludiéndote: "A mí me va a pasar como a mi tío-abuelo Rafael, que se murió de rojo".
Hoy te comprendo más que nunca, querido tío. Hoy se me presenta clarísima la rabia que debiste sentir aquel día (tanta rabia que te provocó el infarto que te mató) cuando oíste por la radio que los nacionales habían entrado en Madrid.
Mi abuela, tu hermana, me lo contaba siempre. Tú habías luchado por tus derechos, por los de todos lo que eran como tú... como yo. Los que hemos nacido en la parte mala del mundo, los que, simplemente, no nos conformamos con la puta mierda esa de "siempre habrá ricos y pobres". Tú habías contemplado tu sueño hecho realidad, tú habías ido a votar y habías visto el triunfo electoral de la izquierda, tú habías visto luego desmoronarse todo tras el golpe de estado de los que no pueden resistir no mandar. Y fuiste al frente, y luchaste. Y el día en que oíste que, al final, los nacionales habían entrado en Madrid, como en un sueño, tomaste a tu niña pequeña de la mano y saliste a la calle, pero en el umbral, con tu niña pequeña de la mano, caíste fulminado. No lo soportaste. Así, sin más.
Por lo menos te libraste de los cuarenta años. Cuarenta años de rabia contenida, de glorias y monumentos a caídos, SUS caídos. Cuarenta años de calumnias y humillación para los otros caídos....
Y, sobre todo, te has librado de tener que ver esto: que siguen mandando ellos. Que nosotros tenemos la falsa ilusión de que vivimos en democracia, pero calladitos. Sin pedir derechos, sin pedir justicia, sin tocarles sus prevendas. Porque si nos atrevemos a levantar la voz, enseguida nos ponen en nuestro sitio.
Tú ya no estás aquí, por suerte, para ver suspendido al único juez que ha intentado hacer justicia después de treinta y cinco años .
Pero no te preocupes, que tu rabia sigue viva. Aquí la tiene ahora, toda, enmarañada en el estómago, mezclada con la vergüenza, tu sobrina-nieta que nunca te conoció.

viernes, 30 de enero de 2009

Vale, lo acepto


Acepto que no puedo cambiar el mundo... pero no consentiré que el mundo me cambie a mí.

Acepto que no puedo hacer siempre lo que quiero... pero no haré nunca lo que no quiero.

Acepto no ser el centro de todas las miradas... pero nunca miraré a donde todos miran.

Acepto que siempre habrá ricos y pobres... pero nunca dejará de enfurecerme que los haya.

Acepto que esto es lo que hay... pero nunca dejaré de rebelarme contra ello.

Acepto que hay personas malas... pero nunca dejaré de confiar en las personas.

Acepto que el dinero lo puede comprar todo... pero nunca venderé una sonrisa que no me apetezca dar gratis.

Acepto que el amor duele... pero nunca desterraré de mi estómago las mariposas que regresan cada tanto.

Acepto que si yo no hago algo inmoral otro lo hará... pero que lo haga otro.