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viernes, 22 de febrero de 2013

La purga de Benito

Los que me lean de vez en cuando ya sabrán cuánto admiro a mi abuela y cuánto me gusta citarla. Pues hoy voy a hacerlo una vez más. Cuando estábamos malitos y nos daba algún remedio para ello y nosotros, sin haber dejado transcurrir el tiempo necesario para que el proceso siguiera su curso, nos quéjabamos de que seguíamos sintiéndonos mal, ella nos decía siempre "A ver si te crees que es la purga de Benito, que no se la había tomado y ya le hizo efecto"
Vivimos, por desgracia, en la era de la purga de Benito. Todo es rápido, todo es ya, todo es sin esfuerzo...
Se adelgaza comiendo cochinillo y en tres días, se aprende sánscrito en dos tardes (en tres ya llegas a bilingüe), en cofiplis y similares te dan el dinero a la de YA para tus caprichitos. Por cierto, siempre me he preguntado si luego te mandarán un Valodia para que te parta las piernas si no pagas, pero eso es otro tema.
El caso es que ahora sólo respondemos a la gratificación inmediata y lo que no funciona a la primera lo abandonamos decepcionados.
Vivimos en la ciudad, vamos al supermercado y compramos tomates. No hemos pasado por el proceso de plantar la semilla, regarla, cuidarla, esperar a que la tomatera crezca, dé flor en primavera y esa flor se transforme en un jugoso tomate de esos que nosotros, según mi madre, ni hemos catado ni cataremos.
En las páginas de ligoteo de internet la gente te envía el primer mensaje pasándote el correo, el teléfono, el facebook y todo lo que haga falta para que lo contactes inmediatamente, quedar y follar todo es uno. Lo de escribirse, cortejarse, ponerse mil veces nervioso, elucubrar, imaginar... eso ya no se estila. Todo eso viene después del primer polvo, queremos levantarnos una mañana teniendo en la cama una pareja de seis años de relación, sin darnos cuenta de que, para ello, hay que invertir ni más ni menos que seis años.
Vivimos en la era de los 140 caracteres, la entrega en 24 horas, el doble check inmediato. Hemos perdido uno de los más maravillosos y agridulces placeres: esperar.
Por consiguiente, como todo ha de ser inmediato, asumimos que lo que no sucede inmediatamente nunca sucederá. Y la mayor y devastadora muestra  es el estado en el que se encuentra España, la cual ostenta el dudoso honor de tener  los políticos más cortoplacistas del mundo. Todo lo que no ha de dar mucho dinero y muy rápido no merece la pena. Hay que estudiar ADE y másters MBA, para ver rápido dónde está el negocio. Lo de ser biólogo y aspirar a encontrar la cura de algo es de progres trasnochados. 
Y lo peor de todo: queremos que con protestar una vez nos hagan caso. Vamos a UNA manifestación y decimos "no sirve para nada". Y es verdad, una no sirve para nada, al igual que no sirve para nada ir un día a la universidad, una abdominal o regar una planta una vez. Es el acto repetido lo que marca la diferencia, la insistencia, el tesón. La paciencia. Eso que hemos perdido, eso que necesitamos, por encima de todas las cosas, recuperar.
Porque las manifestaciones no son, como diría mi abuela, la purga de Benito, que no se la había tomado y ya le hizo efecto.
Y menos aun cuando se está tan enfermo como lo está nuestro país.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Olvido y Volante

Hoy no puedo dejar de pensar en dos seres vivos a los que he conocido por diferentes motivos. Uno de ellos es una hembra humana, rubia, joven y guapa, que se ha masturbado y, no acaba ahí la infamia, lo ha grabado para su marido. El otro es un macho bovino, negro, joven y  guapo, al que dentro de cinco días torturarán hasta la muerte para divertir a un grupo de psicópatas descerebrados.
Ella se llama Olvido y él Volante. De Olvido habla todo el mundo, de Volante sólo hablamos unos pocos, los que no comprendemos por qué tiene que morir, más aun, morir sufriendo.
Olvido tiene que dimitir, no se puede consentir lo que ha hecho. Masturbarse es absolutamente dañino para la humanidad, la incapacita para ejercer su cargo de concejala competente y honradamente y, además, hay que ser muy tía cerda para toquetearse las partes pudendas y, encima, grabarlo. Y para dárselo a su marido, nada menos. Hace falta ser guarra, y él un cabrón consentido de haberse casado con semejante golfa.
Es inadmisible, como digo, esa tipa no puede seguir en un cargo público ni un minuto más, de hecho, debería ser lapidada en plaza pública, es más, deberían hacerlo los valientes machotes que dentro de cinco días torturarán a Volante. Que lo hagan como ellos saben, como hicieron hace un año con Afligido, que la persigan durante más de una hora por el campo, acosándola, sin que ella entienda qué coño está pasando. Que la empiecen a pinchar con lanzas, que la apuñalen con un destonillador. Como ella no tiene rabo (a Afligido se lo cortaron estando aún vivo) que le corten alguna otra parte. Que agonice durante veintisiete minutos (¿imagináis lo largos que pueden ser veintisiete minutos?) porque sí, porque a cuatro paletos se les pone en los cojones y nadie lo impide.
Me encanta este país. Es un país como Dios manda.
Aquí uno puede torturar, ser un puto sádico, robar el dinero del contribuyente, joderle la vida a millones de personas, pero, por el amor de Dios, que no se masturbe. Eso no se puede tolerar.
Olvido, jódete y dimite, tú que eres la víctima a la que han robado su intimidad, eres quien debe pagar por ello.
Jódete, Olvido, sobre todo por ser rubia, por estar buena, por tener un marido con el que seguro que te encanta follar, al que te gusta poner cachondo (como nos gusta a todos cuando tenemos una pareja follable), por masturbarte y por ser feliz.
Y tú, Volante, jódete también. Por ser un animal y no tener derecho a nada y por haber nacido en un país donde es más aceptable descargar la frustración torturando que follando.
Este el país donde he nacido, donde me he criado y donde vivo.
Y después me piden que sea patriota...



lunes, 20 de agosto de 2012

Ponte traje

No, no voy a hablar de Barney Stinson, aunque sea un personaje gracioso y haya hecho suya la frase que da título a esta entrada. Como ya habréis notado, Barney es una caricatura de un personaje que, por desgracia, abunda en nuestra sociedad. Y lo malo no es ya que abunde, sino que es envidiado y usado como modelo de éxito en la vida.
Id a cualquier empresa y os encontraréis como mínimo un par de Barneys. Bueno, para ser exactos os encontraréis al menos un par de "quiero ser Barney". Porque esos pobres idiotas ni son guapos, ni se tiran cada día a un pibón distinto ni viven en un lujoso apartamento neoyorquino.
Pero tienen algo en común con él: su absoluta obsesión por llevar traje.
Llevaba yo mucho tiempo cavilando sobre esta cuestión: el traje. ¿Por qué el traje? ¿Por qué en tantas empresas te obligan a llevar traje? ¿Por qué en ese requisito tan ambiguo que se conoce como "buena presencia" entra indefectiblemente el traje? Hubo en tiempo en que yo entendía que cuando decían "buena presencia" se referían a que estuvieras buenorro. Es lógico que lo entendiera así, puesto que en mis años mozos me ganaba las judías como modelo y camarera de pub y discoteca, y para ambos trabajos requieren a chicas que estén buenorras. Es harto injusto, lo sé, pero así es la vida. En ambos casos se trata de vender imagen más que de otra cosa, y, si hay que vender, vende más un buenorro. Eso es así, podéis indignaros, rebatirme y llamarme vanidosa en todas sus variantes, pero no por eso tendré menos razón. Y la prueba de que tengo razón es que en aquella época para las entrevistas de trabajo lo único que yo hacía era ponerme muy guapa: llegaba al garito en cuestión, el encargado me veía y me contrataba, sin saber si yo sabía poner una copa o si distinguía la ginebra de la cerveza.
Más tarde supe que el término "buena presencia" no quería decir que tuviera uno que ser necesariamente prieto de carnes y bello de faz (aunque nunca está de más), sino ir apropiadamente vestido. Y aquí es donde viene la duda, porque uno pensaría que con ir con ropa que no resulte obscena y esté limpia es suficiente, pero no. Tiene que ser un traje, y en el caso de las mujeres es mucho peor porque los hombres aún se apañan con un par de trajes y tres camisas pero las mujeres debemos tener un sinfín de modelitos siempre a la última y con sus respectivos zapatos, bolsos y complementos...
La gracia de todo esto es que luego se ven espectáculos como señores que van con traje y corbata y con una halitosis que tira de espaldas o señoritas con un bolso de Luis Putón pero con grasa en el pelo como para freír tres kilos de patatas. O señoras con traje, sí, pero con un escote que tiene a sus compañeros todo el día emulando al homo erectus.
Entonces, ¿por qué? ¿Por qué no vale un chico con un chándal limpio la melena reluciente y el aliento de rosas? ¿Por qué tiene que llevar traje?
La revelación me llegó no hace mucho, durante una conversación con el que me paga el sueldo (porque ya sabéis que yo, ni dios ni amo). En un momento de la charla yo le dije algo así como "yo soy una obrera" y él se echó a reír y me dijo "tú qué vas a ser una obrera", yo me sorprendí. "¿Por qué dices eso?" le espeté, a lo que él me contestó "pues ni que fueras tú con mono"
Ahí se me hizo la luz. Ésa es la razón, y no otra, de que nos obliguen a ir con traje. Nos obligan a vestirnos como ellos para que creamos que somos como ellos, que estamos en su lado del mundo.
Ponle a alguien un traje, que se compre un cochecito en lugar de ir en metro a trabajar y que esté sentado a una mesa y, automáticamente, se le olvidará que es un obrero, se sentirá superior a "los del mono", se sentirá de los elegidos. 
"No te confundas" le dije aquel día "No sólo son obreros los que llevan mono".  Yo no me dejé, no me dejo, engañar. Yo soy una obrera, sé lo que soy, de dónde vengo y en qué lugar estoy. Pero empiezo a temer que yo soy una excepción.
Ya no tenemos conciencia de clase, ése es nuestro problema. Nos la han quitado mediante un truco tan sencillo como ponernos una corbata e impedir que nos ensuciemos las manos. Pero somos esclavos, sus esclavos. No tenemos lo que ellos tienen, nuestros hijos no heredarán lo que los suyos.

La lucha de clases ha muerto estrangulada con un nudo windsor.

martes, 6 de marzo de 2012

Poli corrupto, papi violador



¿Os habéis fijado en que en las pelis de dar miedo el malo malísimo siempre resulta ser uno que se suponía de los buenos?


El policía corrupto siempre me ha dado mas miedo que el delincuente. Si te ataca un delincuente vas la policía, pero ¿A dónde vas si te ataca la policía? Lo mismo pasa con los padres que abusan de sus hijos. Es muy jodido que te violen, pero si encima te viola el tipo del que se espera que reviente a hostias a quien te hace daño es devastador.


Tengo miedo porque he comprendido que estamos siendo violados por nuestro padre y, encima, el policía al que se lo hemos ido a contar es corrupto.

Siento indefensión, no sé a dónde acudir, no sé cómo luchar contra quien me ataca. Tengo incluso miedo de pensar.


Ahora resulta que Oceanía nunca estuvo en guerra con Eurasia

Vivimos la peor de las esclavitudes: la del que cree ser libre.


Cuando de pequeña las monjas intentaban adoctrinarme con la historia de Luzbel, el ángel caído, solía preguntarme si no habría ganado en realidad el malo y, como todo vencedor, contaba su versión de los hechos.


Ahora no me cabe ninguna duda.








lunes, 23 de mayo de 2011

Reflexión post electoral

El problema es este:

Votantes de izquierda hay de dos tipos:



1. Los que se indignan con las desigualdades porque quieren un mundo más justo. RARA AVIS



2. Los que se indignan con las desigualdades porque les ha tocado la peor parte. MEZQUINOS PERO, AL MENOS, INTELIGENTES



Votantes de derechas hay dos tipos también:



1. Los que prefieren que continúen las desigualdades porque les ha tocado la mejor parte. MEZQUINOS PERO, AL MENOS, INTELIGENTES



2. Los que, a pesar de llevar la peor parte, prefieren que continúen las desigualdades porque tienen la (ingenua) esperanza de poder acceder a la mejor parte. MEZQUINOS Y ENCIMA TONTOS DE LOS COJONES







Conclusión: porcentaje de seres humanos que realmente merecen la pena 0,000001%



Conclusión de la conclusión: El meteorito ya, por favor



.

viernes, 14 de mayo de 2010

Querido tío-abuelo Rafael:

No te conocí, moriste antes de que yo naciera. Pero eso no ha impedido que sepa mucho de ti. Mi abuela, tu hermana, me contó tu historia. Después mi madre, tu sobrina, te recordó muchas veces.
Te convertiste en mi anécdota favorita, yo solía, suelo, bromear sobre mi incorregible rojez aludiéndote: "A mí me va a pasar como a mi tío-abuelo Rafael, que se murió de rojo".
Hoy te comprendo más que nunca, querido tío. Hoy se me presenta clarísima la rabia que debiste sentir aquel día (tanta rabia que te provocó el infarto que te mató) cuando oíste por la radio que los nacionales habían entrado en Madrid.
Mi abuela, tu hermana, me lo contaba siempre. Tú habías luchado por tus derechos, por los de todos lo que eran como tú... como yo. Los que hemos nacido en la parte mala del mundo, los que, simplemente, no nos conformamos con la puta mierda esa de "siempre habrá ricos y pobres". Tú habías contemplado tu sueño hecho realidad, tú habías ido a votar y habías visto el triunfo electoral de la izquierda, tú habías visto luego desmoronarse todo tras el golpe de estado de los que no pueden resistir no mandar. Y fuiste al frente, y luchaste. Y el día en que oíste que, al final, los nacionales habían entrado en Madrid, como en un sueño, tomaste a tu niña pequeña de la mano y saliste a la calle, pero en el umbral, con tu niña pequeña de la mano, caíste fulminado. No lo soportaste. Así, sin más.
Por lo menos te libraste de los cuarenta años. Cuarenta años de rabia contenida, de glorias y monumentos a caídos, SUS caídos. Cuarenta años de calumnias y humillación para los otros caídos....
Y, sobre todo, te has librado de tener que ver esto: que siguen mandando ellos. Que nosotros tenemos la falsa ilusión de que vivimos en democracia, pero calladitos. Sin pedir derechos, sin pedir justicia, sin tocarles sus prevendas. Porque si nos atrevemos a levantar la voz, enseguida nos ponen en nuestro sitio.
Tú ya no estás aquí, por suerte, para ver suspendido al único juez que ha intentado hacer justicia después de treinta y cinco años .
Pero no te preocupes, que tu rabia sigue viva. Aquí la tiene ahora, toda, enmarañada en el estómago, mezclada con la vergüenza, tu sobrina-nieta que nunca te conoció.

jueves, 22 de octubre de 2009

Siempre la misma, tío Pajarito



No sé por qué últimamente me ha dado por recordar los dichos materno-abuelísticos. El post anterior fue "Cinco de todo revuelto" y en éste me gustaría explicar la preciosa expresión, muy recurrente en la boca de mi abuela, "Siempre la misma, tío Pajarito".
Mi abuela la usaba mucho, como ya he dicho, y es que es una expresión que cabe en cualquier parte. Una versión popular del eterno retorno y el tiempo circular, aunque más bien diría yo del tiempo en espiral, pero para explicarme necesito contar la anécdota entera.
Mi abuela siempre contaba que a su pueblo, Aranjuez, iba un músico (por llamarlo de alguna manera), el tío Pajarito, que siempre tocaba la misma canción, mayormente porque no se sabía otra. Cuando los lugareños le recriminaban "Siempre la misma, tío Pajarito", él se defendía "Esta vez un poquito más cargada de bombo".
Ahí lo tienen: el tiempo es una espiral. Ya lo sabían las humildes gentes de principios del siglo XX, y, por supuesto, ya lo sabía el tío Pajarito. Las cosas son básicamente iguales, sólo que a veces van un poquito más cargadas de bombo.
Nunca he sabido si esta anécdota era real o era un chascarrillo inventado por mi abuela, pero el caso es que si un extraterrestre preguntara en qué consiste la vida humana, muy bien podría explicársele con esta historia.
Los humanos nos hemos empeñado en ver el tiempo como una línea recta, cuando es evidente que no es así. Los perros saben bien que el tiempo es una espiral, por eso aman las rutinas y se ponen nerviosos si se las cambian. Son fieles a sus amigos y les divierten siempre las mismas bromas. El humano, por el contrario, odia la rutina, es un adicto a la novedad... y así le luce el pelo.
Pero claro, no se le puede pedir al humano que tenga la clarividencia perruna, siendo como es público y notorio que el perro es, con mucho, superior al hombre. Y el que no esté de acuerdo no tiene más que ver quién vive de quién.
El caso es que todo vuelve, aunque no vuelve exactamente al mismo punto.
Pero vamos, no sé para qué doy tantas vueltas, si esto ya lo explicó claro como la luz del día una maravillosa mujer a la que yo idolatro y cuya palabra, para mí, es ley.
No estoy hablando de mi abuela, aunque muy bien podría haberlo sido, puesto que es la abuela simbólica (o debería serlo) de todo aquél que tenga dos dedos de frente. No es otra, por supuesto, que la magistral Blasa.


miércoles, 25 de febrero de 2009

Gente que no es de fiar...


1. Las mujeres que, llevando al menos tres lustros menstruando, se empeñan en hablar como niñas pequeñas. Y, como las desgracias nunca vienen solas, esta raza también se caracteriza por decir cosas como "cariño", "mi vida" y "corazón" a personas que no conocen. Víboras de las de calidad, oiga.

2. Los jefes que el primer día te dicen "Aquí somos todos compañeros". A ése a hijo de puta no lo gana nadie. Te lo digo yo.

3. Quien pronuncie esta frase (o cualquiera de sus variantes): "Yo es que de bueno, soy tonto". Sal huyendo en cuanto lo oigas.

4. Las tías que piensan que todos los tíos están detrás de ellas y todas las tías les tienen envidia. Curiosamente las que tienen esta idea nunca son un clon de Eva Longoria, en cuyo caso sería lógico que lo pensasen, sino que suelen ser truños de dimensiones inabarcables.

5. Los que te hablan mal de todas sus ex parejas (y de su actual pareja) mientras intentan arrastrarte al catre. Hombre, que el "mi mujer no me comprende" ya está muy visto...

6. Los que dicen la consabida máxima "Yo por la buenas soy muy bueno, pero por las malas....". Estos son unos cabrones con las charreteras de lo mismo, por las buenas, por las malas y por las regulares.

7. Los que piensan que todo el mundo es malo menos ellos... cree el ladrón que todos son de su condición.

8. Los que dicen no distinguir entre Brad Pitt y Santiago Segura alegando que "a mí no me gustan los tíos". Otra lindeza suya suele ser el "a mí me gustan todas", frase antierótica donde las haya, por cierto.

9. Los que ante la contemplación de un bombonazo de los que animan a dar gracias al Señor sueltan eso de "yo es que como soy tan feliz con lo que tengo en casa" . Esos se tirarían a todo lo que se menea si su absoluta falta de atractivo no se lo impidiese.

10. Los que dicen "yo soy apolítico". Ya puedes ir entonando el Cara al sol.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Pensar en postsitivo



Me dice la experiencia que cuando uno anda entre dos opciones suele decidirse por una tercera que surge de repente, sin avisar.

El adúltero que no se decide a dejar a su mujer por la amante, ni a su amante por la mujer, se termina marchando con un chica de la que ni su mujer ni su amante conocían la existencia, las mujeres hartas de ser gordas y de vivir a dieta se convierten en campeonas de culturismo, y el que duda entre dedicarse a la prostitución o al proxenetismo acaba de informático.

Ya lo dice el dicho, tirar por la calle del medio, que, cuando uno no sabe qué hacer, suele ser la opción más sensata...

Así andaba yo, debatiéndome entre mi naturaleza negativa y las corrientes modernas del pensamiento positivo, corriendo de un lado para otro como pollo sin cabeza.

Empezaba una relación, por ejemplo, y ya lo veía todo negro: "esto no va a durar, este tío no es de fiar, etc..." entonces venía alguien cargado de buenas intenciones y me plantificaba un libro de autoayuda, tipo "Mis zonas erróneas", "El alquimista" o alguna soplapollada de Jorge Buckay. Entonces yo me esforzaba en visualizarlo todo de color de rosa: "esto será para siempre, es el hombre de mi vida, etc...". Y, claro, cuando al final el tío demostraba ser un mindundi, me llevaba unos disgustos que para qué.

Entonces, un buen día, descubrí el universo bloguístico y mi vida cambió.

Ya no hace falta pensar en negativo ni pensar en positivo, basta con pensar en postsitivo. ¿Que la vida te da una hostia? Escribe un post.

De los momentos trágicos ríete. Escribe un post. Que los demás también se rían. Es la forma de reciclaje más divertida que conozco: los envases al amarillo, el papel y el cartón al contenedor de papel y cartón, el vidrio al vidrio, con la basura orgánica hacemos compost, y con la mierda cotidiana... hagamos un buen post.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Soderfrojen

Antes de nada, y por si algún germanoparlante está leyendo, debo aclarar que esta palabra en realidad se escribe schadenfreude, pero, al igual que me pasó con Coohagen, cuando el padre de mi hijo me la dijo por primera vez mis orejas, atrofiadas por la fonética para vagos del español, oyó soderfrojen y para mí siempre se dirá así.
La soderfrojen es una palabra maravillosa. Ya se sabe que los alemanes saben mucho de eso de joderle la vida al personal y de disfrutar con ello, así que es lógico que su lengua disponga de esta maravillosa palabra que significa "sentir alegría ante la desgracia ajena" (si señores, los teutones son los amos, una vez más queda demostrado).
Dicen los alemanes que la sordenfrojen es la alegría más bella, puesto que es la única alegría sincera...
Hay que merengarse con los tudescos, qué mala baba se gastan, y encima con razón, porque el que no haya sentido la soderfrojen que tire la primera piedra...
Hagan un ejercicio de sinceridad conmigo, que no se lo voy a decir a nadie, piensen en la siguiente situación: usted se despierta a las 8 de la mañana, se da cuenta de que es sábado y puede seguir durmiendo.
Introduzcamos un matiz: usted se despierta a las 8 de la mañana, se da cuenta de que es sábado y puede seguir durmiendo, mientras se acurruca bajo la manta oye cómo su compañero de piso se levanta para ir a trabajar.
¿Cuál de las dos situaciones es más placentera?
No hace falta que conteste, la respuesta la saben hasta los negros de Uganda.
Ser guapo es un placer porque hay feos. ¿Se imagina usted un mundo donde todos fuéramos como el negro del CSI? Pues vaya mierda... ¿o no?
La soderfrojen es la leche, yo he visto a gente retorcerse literalmente de placer al sentirla. Hay momentos de soderfrojen gloriosos: encontrarse con el guaperas del instituto y ver que se ha quedado calvo, cuando a tu ex novia que te trató tan mal la dejan plantada en el altar y se piran con su mejor amiga, cuando a tu vecino el del Mercedes se le lleva el susodicho la grúa... y así hasta el infinito.
Pero la soderfrojen definitiva es ver que, después de que todos los que usted conoce se han entrampado hasta los colodrillos para comprarse un piso y usted no pudo, ahora los pisos valen diez kilos menos. ¡Eso es de orgasmo múltiple!
No, si todavía los bancos nos van a dar alguna satisfacción...



martes, 21 de octubre de 2008

¡Y también dos huevos duros!

Desde que mi última jefa tuvo el amable detalle de despedirme cuando le pedí que no me llamase gilipollas, estoy en el paro. Debe ser cierto lo de la crisis, porque yo siempre he encontrado trabajo rápido gracias a que soy poliidiota (como decía mi amigo Darío), es decir, puedo hacer el imbécil en varios idiomas, pero esta vez me está costando.
Todos los días tengo una matutina sesión de portales de empleo en Internet, con su correspondiente hervido de sangre en las venas ante la contemplación de la jeta de hormigón armado que se gasta el empresario español.
Este elemento, del que no comprendo que no se haya hecho aún un documental de National Geographic, siempre se ha caracterizado por su avaricia sin límites y ruindad sin parangón, pero ahora, escudados en la crisis, están alcanzando cotas de negrero sudista de antes de la guerra (la civil de los estados juntitos, of course).
Están desaforados, en una orgía de sangre y frenesí, y piden, piden, piden... me recuerdan a la genial escena del camarote de los hermanos Marx, cuando llega el camarero y empiezan a encargarle comida: Groucho pide una cosa detrás de otra y, cuando parece que ya ha terminado de pedir, surge la voz de Chicco por detrás "¡Y también dos huevos duros!".
Las ofertas de empleo actuales son un camarote de los hermanos Marx, no sólo por la masificación, sino por los requisitos, tienes la impresión de que al final de la oferta alguien te va a gritar el famoso "¡Y también dos huevos duros!".
Dos o tres idiomas, nivel bilingüe por supuesto (como si el nivel bilingüe se pudiese comprar en el Rastro), contabilidad, licenciatura universitaria, excelente presencia, dotes comerciales, 25 años de experiencia, haber residido en el extranjero, nivel avanzado de informática... y luego todas estas cositas que se han sacado de la manga: persona proactiva (traducción = mientras haces las tropecientas mil cosas que te he mandado te pones una escoba en el culo y vas barriendo la oficina), tolerancia al estrés (traducción= soy un hijo de puta y tú te tienes que aguantar mis insultos y malos modos), flexibilidad horaria (traducción = te irás de aquí cuando a mí me salga de los huevos, no tendrás vida privada y las horas extras ya te serán compensadas en el cielo, porque lo que es yo te voy a pagar el centro de un donut), te dan ganas de preguntar: Oiga, ¿el anal intruder lo pone la empresa o lo tengo que traer yo?
Claro que estos cómicos son profesionales, porque el verdadero clímax del chiste llega cuando te hablan del salario, mejor ni lo menciono, que no quiero que tengáis pesadillas...
Y te vas de allí diciendo: "o sea, que voy a ganar menos de lo que ganaba poniendo copas para pagarme la carrera... ¡y eso que hace ocho años! No me salen las cuentas, normal, siempre fui de letras.
Menos mal que siempre tenemos al Estado para velar por nosotros, dicen los banqueros, porque a los curritos de a pie lo que nos queda es el mencionado anal intruder.

domingo, 12 de octubre de 2008

La belleza


Los que me leen con regularidad ya saben que una de las tonterías que me gusta hacer son las listas. Ya he clasificado a los listos, a los comemierdas y a los malos. Hoy le toca el turno a los guapos. Porque no pensaríais que la cosa es tan simple como guapos y feos, no hijos míos, la cosa tiene mucha más enjundia. Sí que es cierto que existe la belleza absoluta, y quien no me crea que mire la foto. Es una escultura de Antonio Canova, "Il bacio d'Amore", ante la cual yo pasé dos horas de reloj en el Hermitage, incapaz de dejar de mirarla. No podía creer que hubiese algo tan hermoso, tan suave, tan perfecto, tan rotundo. Esto es lo máximo y detrás viene todo lo demás que, como todo en esta vida, va en grados, en secciones y en subsecciones. Seguro que no habíais reparado en ello, al fin y al cabo vosotros sois tiernos corderillos, menos mal que me tenéis a mí para ilustraros. Vamos allá:



1. Guapo. Pues ya está, su propio nombre lo dice, cuando alguien los describe dice "es guapo" y nadie lo discute, no hay subjetividad posible. Por ejemplo Paul Newman o Ava Gadner.
2. Guapete. Éste te cae bien y eso te hace verlo más guapo de lo que es. Tu objetividad te impide llamarle guapo directamente, porque tampoco lo es, así que le colocas el guapete, que es una mezcla entre guapo y majete, y a correr. Si queréis ver a uno poned el Pasapalabra y os encontraréis con Christian Gálvez. Ah, y sólo puede ser chico, quizá la chica equivalente sería mona, algo así como María Adánez.
3. Guapín. Éste tiene unas facciones correctas, los ojos claros (esto es imprescindible) y es ñoño a más no poder, vamos, que tiene menos sex-appeal que un percebe. Zapatero, sin ir más lejos. Ejemplo de guapina: su mujer, coño, si son iguales.
4. Guapetón. Éste tiene que ser moreno, eso es indiscutible, y gordo (o, como se dice de los guapetones, fuerte). Sus facciones son, además de correctas, exuberantes, ojos enormes, labios carnosos, cutis de porcelana. Y las mejillas, las mejillas tienen que ser inmarcesibles e infinitas, mejillas apropiadas para plantar en ellas unos besos sonoros, besos de abuela. Aquí los reyes del mambo son Falete y María del Monte (si es que no son el mismo, que yo tengo mis dudas).
5.Guapito. Suele ir seguido de la coletilla "de cara" y dicho con cierto retintín. Porque el guapito te cae mal, encima es un listillo, encima te cae mal (pero esto ya lo había dicho ¿no?), pero es que es lo más importante: te fastidia que sea guapo porque piensa que esa circunstancia le da derecho a todo. Aquí seguramente podríamos incluir a Inma del Moral y a su exnovio Pedro Ruíz (¿Cómo? ¿Qué éste no es guapo?, huy perdón, se me ha traspapelado un dato del post de clases de simios guapos...)
6.Guaperas. Condición exclusivamente masculina. Éste es guapo, ejerce de ello, lo sabe y lo disfruta. Es el típico que gusta y además cae bien. Y no hay guaperas más guaperas que él: Dios Clooney.
7.Guaperillas. Es un paso previo al guaperas, bien sea por juventud o porque sus capacidades no le permiten llegar a guaperas. Si quieren ver uno, ahí tienen a Alejo Sauras.
8.Bello. Para ser bello es imprescindible ser negro, y esto no es racismo, es un hecho objetivo. Tienen tal perfección, armonía, elegancia de espíritu y exquisitos modales que parecen todos príncipes. Y si no me creen, miren a cualquier topmantero, o miren esto.
9.Autoguapo. Suele darse con más frecuencia entre las féminas. Es fea y además tiene mal tipo, pero en su casa le han dicho siempre que es una belleza, y ella se lo ha creído. Se auto incluye entre los agraciados con una convicción y naturalidad tal, que nadie se atreve a contradecirla en voz alta (aunque todos piensan que es un callo malayo). De esta categoría no voy a poner ningún ejemplo porque todos tenemos algún ejemplar entre nuestros conocidos. ¿A que ya estás pensando en alguien concreto?
10.Guapo por cojones. Nació feo pero no se resigna, a base de ir a la última moda, operaciones estéticas, estilimos y demás soplapolladas ahí está, entre la beautiful people (expresión absurda donde las haya). ¿Ejemplos? Guti y señora, Terelu Campos, Belén Arriba la Esteban, Victoria Escuerzo Beckham... y el máximo representante: nuestro nunca bien ponderado M.A.M.

Y por si se están preguntando si la autora se incluye en alguna categoría... pues los que me conocen no necesitan ninguna respuesta, ya saben que estoy buenísima (según me dijeron el otro día, "literalmente")

domingo, 28 de septiembre de 2008

Game Over

Si he tenido un vicio en mi vida, aparte de colgarme de tipos absurdos, son los vídeo juegos. Tan viciosa soy que ni siquiera puedo llevar juegos en el móvil porque, y esto es verídico y hay testigos, he llegado a irme al baño de un garito y ponerme a jugar. Claro que lo hice en parte para librarme de la insoportable brasa de un baboso, pero eso no es excusa.
No me disgustan las consolas y, de hecho, uno de mis sueños es probar la Wii, pero lo que de verdad me chana y hace que me ponga hasta nerviosa son las máquinas de bar de toda la vida. Con las horas que yo he echado jugando al Tetrix y al Street Fighter otros han opositado a notarías, no digo más...
No hace mucho, con veintimuchos añazos y sin una pizca de vergüenza, me metí en unos recreativos para revivir mis años mozos. Tremenda decepción me llevé para el cuerpo, obviamente, porque mis amados juegos ya no existían, y los que había ya no me molaban... He intentado reencontrarme con ellos en las web nostálgicas, pero ya nada es lo mismo. Es como cuando uno ve la foto del que creía que era su amor platónico en la infancia y descubre que en realidad no era ese, sino su hermano... Yo creo que en realidad el fallo está en que yo ya no tengo 16 años, ni me estoy saltando la clase de matemáticas, ni existen las monedas de cinco duros (pero las de verdad, no la mariconada esa con agujero que sacaron después).
La dinámica era sencilla, echabas la moneda y tenías tres partidas. Cuando la cagabas te salía el famoso "Game Over, Press Start to Continue" y tenías otra oportunidad. A la primera no le dabas mucha importancia, confiado en que te quedaban dos. Volvías a perder y otra vez, entonces ya estabas jugando la tercera y última partida y ahí si te ponías nervioso porque sabías que cuando te mataran ya no saldría el press start... no, entonces salía el temido "Game Over, Insert Coin" y los que éramos pobres no solíamos tener otra coin...
Ya sabemos que la vida imita a la ficción, por eso en la vida también hay gameovers de los dos tipos, a veces las cosas se arreglan presionando start, otras hay que usar una nueva moneda.
Yo ahora estoy en un gameover de los de Insert Coin, pero no me importa porque tengo el bolsillo lleno de monedas.
Además, para homenajear a mi amado Paul (Newman, quién si no), voy a plagiarle la última frase de "El color del dinero", cuando el tío parece que está acabado y de repente se pone la corbata, pilla el taco y dice "os vais a enterar de lo que vale un peine " (no dice esto exactamente, claro, pero la esencia es esa) y entonces le preguntan por qué y él, dando la primera tacada dice todo chulo (ese es mi Paul): "Porque he vuelto"

lunes, 22 de septiembre de 2008

Grandes estrellas del circo

M.A.M.


M.A.R.


¿Cuál de los dos es más gilipollas? Opine sin miedo

Historias de cama


Si estás esperando que te cuente mis intimidades eróticas ya te puedes ir marchando, guarro, porque este post no va de eso. Hoy quiero hablar de la cama, de la cama en sí, ese gran mueble sin el cual no hay casa y con el cual no hace falta nada más. Porque si uno entra en una casa y ve una gran cama no le cabe duda de que allí vive alguien, pero si ve un sofá Luis XVI, por ejemplo, la cosa no está tan clara. Uno de mis "siyofuerarica" recurrentes es imaginar que vivo en la cama, es cierto que esta fantasía se produce más a las 7 de la mañana cuando voy al currelo que cuando estoy dando botes en un garito, pero la verdad es que lo pienso con frecuencia. Tendría un cama mullidita, espaciosa, con tele y ordenador internetizado a mano, con teléfono, con libros, con películas, y, lo más importante, con un timbre a cuya llamada respondería un criado solícito...
La cama es un gran lugar, para todo, pero especialmente para "eso". Nunca he compartido esas fantasías liberaloides de hacerlo en lugares públicos, donde dicen que el morbo es que te pueden pillar, pero qué horror, ¿se puede imaginar situación más incómoda? y si no en la cocina, contra el frigorífico, en el ascensor (sólo apto para precoces), en un confesionario, etc... Con lo bien que se hacen ciertas cosas en la cama, tapado hasta el cuello (como bien dice prognato) y con tu cuarto de baño al lado. O si no en la cama de los padres (quien no haya hecho el amor en la cama de sus padres que se levante y se vaya), aunque siempre da un poco de mal rollo porque suelen estar a la vista objetos poco erotizantes, como tu propia foto a punto de recibir por primera vez el cuerpo de Cristo o las gafas de tu padre.
Las camas, además, se quedan impregnadas de la esencia de su dueño. Si la persona que duerme habitualmente en ella es tipo marmota, será un gran placer dormir en ella, pero desaconsejo tajantemente dormir en la cama de un insomne. Cada vez que duermo en la cama de mi hermano es como si las toneladas de sueño que él ha dejado allí desplegasen unos brazos invisibles y me sumergiesen en los dominios de Morfeo. Sin embargo, cuando duermo en la cama de mi madre, doy vueltas sin parar, presa del nerviosismo que mi augusta le ha traspasado.
Se puede aprender mucho de una persona simplemente tumbándose en su cama, ya que sólo desde ahí se tiene la perspectiva de lo que esa persona ve cada día antes de dormirse, y eso es muy significativo.
Permitir que un extraño duerma en la propia cama también tiene su enjundia, porque luego deja su huella, su olor y pelos por toda la cama. La sensación que tengamos al descubrir esos vestigios nos dirá lo que sentimos por esa persona, y eso también es muy significativo...
La próxima vez que veas el dormitorio de alguien, te aconsejo que, cuando no te vea, te tumbes en su cama, comprobarás que, después de eso, le conoces un poco mejor.

sábado, 6 de septiembre de 2008

lunes, 30 de junio de 2008

El fútbol es así

Imaginemos la siguiente situación: un día un tío más feo que picio consigue tirarse a un pivón calibre Elsa Patacky, por ejemplo. Enfervorizado y en el cúlmen de su satisfacción sale a la calle a las tantas de la mañana, en día laborable, y recorre las calles tocando el claxon sin parar, explota petardos, destroza papeleras a patadas y va chillando como un loco. Los vecinos a los que no deja dormir llaman a la policía y un amable agente le para los pies. Él le dice que ha mojado y tiene que expresar su inmensa alegría y lo que consigue es acabar en el calabozo por resistirse a la autoridad.

Vamos a introducir un pequeño matiz en la situación: un día el equipo del cual este tío es hincha gana un partido. Enfervorizado y en el cúlmen de su satisfacción sale a la calle a las tantas de la mañana, en día laborable, y recorre las calles tocando el claxon sin parar, explota petardos, destroza papeleras a patadas y va chillando como un loco. Los vecinos a los que no deja dormir se joden y van al trabajo al día siguiente sin haber podido pegar ojo. El fútbol es así.

Pongamos otro "poner": un grupo de admiradores de Woody Allen, ya he dicho que es un poner, salen extasiados del cine de ver su última película, ha sido una experiencia tan catártica y trascendental que no pueden irse tranquilamente a tomar una cerveza y comentar los preciosos planos y el bien llevado ritmo narrativo, necesitan algo más radical. Se bañan en una fuente pública y trepan por una estatua provocándole costosos daños que serán sufragados por los fondos públicos, además se dan de hostias con los admiradores de George Lucas. Son detenidos por vandalismo.

Pequeño matiz: un grupo de hinchas de la selección salen extasiados del estadio de ver su último partido, ha sido una experiencia tan catártica y trascendental que no pueden irse tranquilamente a tomar una cerveza y comentar los preciosos pases y el bien llevado ritmo de juego, necesitan algo más radical. Se bañan en una fuente pública y trepan por una estatua provocándole costosos daños que serán sufragados por los fondos públicos, además se dan de hostias con los seguidores de otra selección que han venido del extranjero para la ocasión. Cuando se cansan se van a dormir la mona tranquilamente. El fútbol es así.

Mi vida es una puta mierda por muchos motivos, pero ayer me llevé un pedazo de alegrón pensando en lo por culo que le tuvo que dar a mi ex (es alemán) la victoria de España.

El fútbol es así.

domingo, 11 de mayo de 2008

Entre cojón y cojón

Mi amigo del alma (al que llamaré Eufrasio por ocultar su verdadera identidad) es de natural soso, él mismo así lo cree. Por esa misma razón tiene tanta gracia, porque las suelta sin proponérselo, vamos, como diría un castizo "se le caen". Eufrasio es lo opuesto al típico sevillano, morenazo y tal, que es tan gracioso, tan rumboso, tan el alma de la fiesta que le pegarías dos hostias más a gusto que todo. Pero Eufrasio no es así, y es que Eufri, como su padre siempre lamenta, salió extrapirenaico en vez de un caballero español torero y olé. No se acaba de entender mi coleguilla con su augusto padre, se quieren, eso sí, pero no se acaban de entender. Fue precisamente hablando de él, de su padre, cuando acuñó sin proponérselo esta genial frase que hoy le usurpo para utilizar como título del post. No lo pensó, se le escapó sin más, en medio de su exaltación. Algo me contaba que su padre hizo porque... porque... (y el pobre no encontraba las palabras) porque se le metió entre cojón y cojón. Llegados a este punto, valga la paradoja, me descojoné. Y él también, porque nos dimos cuenta de que acababa de acuñar una expresión maravillosa.
Si algo se te mete entre ceja y ceja aún te lo pueden sacar, pero si se te mete entre cojón y cojón... eso ya no lo extirpa nadie!
Eso debió de ser lo que le pasó a Pp Mari con lo de la guerra de Irak, al pobre se le metió allí y, por más que le intentaron hacer razonar no hubo manera.
Yo soy mucho de que se me metan las cosas entre cojón y cojón, y así me luce el pelo, pero qué le vamos a hacer, soy hija de mi madre, que hace los puzzles metiendo las piezas a presión al grito de "tié que ser".
Cuando las cosas se meten entre cojón y cojón ya no hay remedio, ya estás perdido, porque, aun sabiendo que estás cometiendo un craso error, sigues adelante hasta las últimas consecuencias y es que los cojones son así. Y si no se lo creen prueben a decirle a alguien ¿A que no hay cojones a...?


Pd: Especialmente dedicado al Sargento de Instrucción Hartman, para que luego diga.