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jueves, 19 de julio de 2012

Mentira

No eres ni bueno ni malo, eres, como decía el chiste, mentira. Eres mentira desde que naciste, eres humo, no eres nada. Te has ido creando, te han ido creando, una bonita envoltura, la llevas tan incrustada que hasta tú piensas que es tu piel. Pero no. Yo, que te he visto de cerca, sé la verdad. Eres una mentira, desde que te levantas hasta que te acuestas. Con tu falsa sonrisa, con tu fingida contención. No llevas la contraria a nadie, tú eres conciliador, eres comprensivo, eres majo. Eres una manzana rojita, preciosa, brillante, apetecible, lustrosa.... y no, no voy a decir que esa manzana esconda un gusano, para eso debería ser real. Y resulta que es de atrezzo. Eres como esos carteles antiguos de cine, que se dibujaban para ser vistos de lejos, pero que de cerca eran deformes y grotescos. Eres como la música de ascensor. 
Yo, que disto mucho de ser perfecta, de ser buena, de ser feliz, tengo al menos la ventaja de ser real. Soy lo que soy, sin fingir que soy otra cosa ni temer que me vean y no gustarle a alguien. Si algo no me gusta lo expreso, si alguien no me gusta lo ignoro, si noto que no le gusto a alguien me es indiferente. 
Por ti sólo siento una inmensa compasión, debe de ser extremadamente agotador vivir así, en la mentira constante. 
La verdad es raramente pura y nunca simple, como decía Oscar Wilde. Yo añado que la verdad es incómoda, maleducada y fea. Pero es la verdad y la verdad (al menos así lo creo yo) es al final lo único que tenemos.

jueves, 13 de octubre de 2011

Escribir

Escribir es transgredir, es experimentar, es liberarse. Escribir es sangrar, vomitar, vaciar la vejiga. Es respirar, es ahogarse, es morir y es resucitar. Escribir es vivir. No puedo concebir vivir sin escribir.
"Detrás de una mentira comprensible se esconde una verdad incomprensible". Regreso de manera recurrente a este pensamiento de Kundera. Esta frase, este pensamiento, es la base de la obra de Sabina, uno de los personajes de "La insoportable levedad del ser". Sabina es inquietantemente parecida a mí, o yo a ella, por eso me gusta y me disgusta a la vez. Ella es pintora, un día, por accidente (todas las cosas importantes ocurren por accidente), se le derrama un bote de pintura sobre un cuadro. Ella, lejos de disgustarse, empieza a jugar con la mancha y a transformarla. El resultado es una grieta que rompe la escena frontal y a través de la que se atisba la verdad. Empieza así una serie de cuadros en los que gira en torno de esa idea: la estampa idílica tras la que se esconde la verdad, raramente pura y nunca simple, como bien dijo Oscar Wilde.
Para mí escribir también es eso: buscar el pequeño roto en el lienzo. La fisura a la cual aplicar el ojo y escudriñar lo que hay al otro lado. Mis historias surgen de detalles sin importancia, un comentario banal, una nariz respingona, un palmetazo en la frente de alguien que acaba de recordar algo que olvidó. Así empiezo a jugar con las fisuras y me dejo llevar, experimento, husmeo con curiosidad malsana para ver a dónde llega todo aquello.
Eso es para mí escribir, y no puedo vivir sin ello. Quien me ame amará lo que yo escribo. Porque es parte de mí, es como el hijo que hice echando un polvo y parí con dolor. Y quien no pueda entenderlo quizá no deba formar parte de mi vida.

domingo, 13 de febrero de 2011

No es personal (basado en hechos reales)

Mira, te voy a destrozar la vida, pero no es personal. Así son las cosas, esto es el mundo del trabajo. Pero esto es aquí, en la oficina. Verás, tengo que putearte. Resulta que voy a sobrecargarte de trabajo y luego yo me llevaré los méritos. Pero no te creas que tengo algo contra ti, por favor, nada más lejos de la realidad, incluso me caes bien. Mira, si quieres nos vamos de cañas después del trabajo, porque me caes bien. Esto no es personal, ya sabes, el trabajo es así. Esas fantasías tuyas de la honradez, la honestidad, la coherencia. Necesitas madurar, en serio. Así no vas a llegar a ningún sitio.
Y esto te lo estoy diciendo por tu bien, porque te aprecio. ¿Cómo? ¿Que esparcí rumores falsos sobre ti? Ya, pero ya te lo he dicho, eso no es porque me caigas mal, es que si no lo hacía te ascendían a ti en vez de a mí, y yo quería ese ascenso. Mira que te lo digo veces: no es nada personal. Esto son cosas del trabajo. En todas las empresas te vas a encontrar con lo mismo. Madura ya de una vez y no te pongas en plan histérico, ¿es que estás con la regla? ¡Ah! que te molesta que te haya degradado para ascender a ese inepto... es que las mujeres sois de una manera... De verdad, no se puede trabajar con vosotras, sois una olla a presión de hormonas y saltáis por cualquier cosa... Mira que molestarte porque le haya dado a ése el puesto que te he estado prometiendo durante un año, a ése, que tiene menos formación que tú y que encima va a cobrar el doble... por cierto, le tendrás que echar una mano porque, claro, no sabe lo que tiene que hacer, en cambio tú, que lo has estado haciendo extraoficialmente un año.... ¿cómo? ¿que por qué le he dado entonces a él el puesto en vez de a ti? Mujer, es obvio. Tú no tienes madurez para desempeñarlo, te falta picardía, frialdad, tú ya me entiendes. Eres demasiado subceptible, serán las hormonas, no es culpa tuya, las mujeres ya se sabe...
Haces muy bien tu trabajo, por eso te he encargado siempre las tareas más difíciles, sabía que no me defraudarías. Son otras cosas las que tienes que cambiar, no sabes estar en el lugar que te corresponde. ¿Qué son esas simpatías, por ejemplo, con la de la limpieza o el repartidor? Así no te van a tomar en serio.
Bueno, ya sé que estás en tratamiento por las putadas que te he hecho, pero yo todo lo he hecho por tu bien, quien bien te quiere te hará llorar. A ver si maduras de una vez y dejas de ser buena persona y buena compañera, que por ese camino nunca llegarás a nada en el mundo empresarial.
Y que conste, sobre todo, que no es nada personal.

sábado, 28 de agosto de 2010

El chico sensible

Llevo mucho tiempo queriendo escribir este post y ya no puedo posponerlo (o postponerlo, que diría un jocoso) más. Me lo debo a mí misma, se lo debo a las mujeres, se lo debo a todos los chicos sensibles que he tenido la perra suerte de encontrar... se lo debo a la humanidad, qué demonios... Cuando uno tiene una información privilegiada debe compartirla. Es de ley.
Quiero que este sea un gran post. La madre de todos los post. Un post a la altura de algunos de mis más antológicos posts... Y toda gran obra, eso no lo ignora nadie, debe comenzarse citando a un sabio. Citemos pues, al sabio entre los sabios, que no es otro, como ya imaginaréis, que el conocido y querido Prognato:
"Fíate del hombre que te dice que te quiere tocar las tetas, pues lo que quiere es tocártelas. El hombre que dice estar interesado en tu alma quiere tocártelas a ti... y a tu hermana"

Sí señores, así es. En estas sabias palabras se encierra toda la verdad sobre ese personaje aparentemente inofensivo, pero que debería darnos mucho, pero que mucho miedito: El chico sensible.
Tras leer este post está será tu reacción, ¡oh querida amiga!, ante la aparición de uno de ellos. Ya verás como no es para menos.
Espera, espera que te cuente e irás notando cómo se te ponen los pelos como escarpias de puro terror.

El chico sensible es la peor pesadilla a la que se puede enfrentar una mujer (incluso peor que ser examinada útero-vaginalmente por su suegro).
Las madres deberían asustar a sus hijas desde niñas, no con ogros o brujas, sino con el chico sensible. Aunque, ahora que lo pienso, tal vez fuera demasiado cruel.
El chico sensible es un cabrón con pintas que, por su físico mariconoide, no puede ser un macho alfa, que es lo que de verdad le gustaría a él. La gran pregunta es si el chico sensible nace o se hace. Y yo digo con rotundidad que nace. Un buen día, el chico sensible se mira al espejo y lo que éste le devuelve no es demasiado esperanzador. Debe ser sincero consigo mismo y aceptarlo: si no diseña cuidadosamente un plan de acción no se comerá ni el centro de un donut. Piensa rápido y enumera sus posibilidades: como ya hemos dicho no está bueno (pero tampoco es lo suficientemente feo como para desistir del todo), no es gracioso, no sabe tocar la guitarra.... y lo que él quiere no es llevar una vida sentimental normal, esto es, conocer gente, enamorarse, salir, dejar, que le dejen a uno.... en fin, lo que hacemos la mayoría. Él quiere ser como su amigo X (llamémosle Romualdo, por ejemplo), porque su amigo Romualdo es un macho alfa, que está que cruje de bueno y siempre simultanea tres o cuatro jacas de las de calidad. Eso sí, los Romualdos no engañan, que conste. Las tres o cuatro jacas tienen claro que no son la novia de Romualdo y, generalmente, también ellas están simultaneando tres o cuatro Romualdos.
Todo chico sensible tiene un Romualdo en su vida (de hecho lo suele conocer desde pequeño y representa un papel decisivo en su evolución) y experimenta hacia él una serie de sentimientos encontrados: admiración profunda, envidia cochina, desprecio y amor incondicional.
El chico sensible quiere ser como Romualdo, quiere las mismas cosas que lleva viendo conseguir sin esfuerzo a Romualdo desde pequeño. Quiere que todas las niñas de la clase estén por él y le hagan los deberes. Quiere que cuando van a una discoteca y conocen a un grupo de chicas todas intenten captar su atención, quiere que los tríos, y los polvos de baño de discoteca sean para él algo más que fantasías inalcanzables. Pero él nunca ha tenido ninguna de esas cosas y sabe que nunca le vendrán de forma natural, como le pasa a su amigo. No, él tiene que currárselo...
Es así como se convierte en el chico sensible, se da cuenta de que él no puede atacar como un león, debe ser como un virus, entrar poco a poco por la puerta de servicio e infectar a la presa para hacerse con ella. Descubre que tiene que leer, escuchar, poner ojitos de cordero degollado, aprender a mantener un silencio distante que revele un alma torturada.... vamos, que tiene que transformarse en el gilipollas de Crepúsculo.
Otra cosa en la que difieren el chico sensible y Romualdo es en que el chico sensible SÍ engaña. Cada jaca de categoría que está con el chico sensible está convencida de que éste la ama (además, la ama por su psique no por sus cuartos traseros) y de que ella es la única para él. Y es que el chico sensible no puede soportar la idea de que ninguna de las cuatro o cinco jacas que simultanea esté en igualdad de condiciones y tenga historias por ahí, de modo que les exige fidelidad haciéndoles creer que él les dará lo mismo.
Pero no seáis mal pensados, por favor, que os conozco. Seguro que opináis que este tío es un jeta y un salido, pero nada más lejos de la realidad. Lo suyo es amor, él ama, él está interesado en el alma de la mujer.... él es sensible ,coño, por eso siempre le hacen daño: por lo sensible que es. Es tan sensible que no puede evitar enamorarse y acostarse con toda mujer que conoce, pero es que se enamora y, claro, hace el amor con ella (porque el chico sensible siempre hace el amor, follar es de guarros sin sentimientos). Es tan sensible que en su despedida de soltero se lía con la stripper, pero, insisto, es que se enamora de ella, ¿eh?, no vayáis a creer que es un listo...
¡Ay, el chico sensible! Pobre... le han hecho tanto daño... Mira, otra cosa característica del chico sensible: sus ex son todas unas víboras que han pisoteado su sensible corazón. Claro, él abrió los flancos y así le pasó: abusaron de su bondad.
Estas son las cosas que te contará a ti cuando quiera envergarte, claro, la versión que te darían las ex (víctimas) de este individuo sería bien distinta.
Así que, queridas amigas, la próxima vez que veáis en un chico alguno de estos detalles:
- Recita poesías de Mario Benedetti.
- Dice cosas como "yo no follo, hago el amor" o le llama pene a la polla y dice "tu sexo" en vez de "tu coño".
-Llora con una película o escuchando un bolero.
-Te dice que tiene miedo a entregarse y sufrir.
-Asegura no haberse fijado en las megatetas de ese monumento que acaba de pasar.
Repito, si encontráis un personaje con alguna de estas características tomad el primer avión que salga con destino Wellington (Nueva Zelanda) sin mirar atrás.
Yo, por mi parte, ya sólo hablo con tíos que me digan cosas como "te voy a meter de todo menos miedo".
Porque sé que de esos sí que me puedo fiar.

martes, 8 de septiembre de 2009

Mariconadas las justas



Estoy viendo por enésima vez todos los capítulos de CSI Las Vegas. He adquirido tal conocimiento de la ciencia forense que estoy preparada para matar y descuartizar a meretriz sin dejar pistas (ups, se suponía que no debía revelar mis intenciones).
Pero no es por esto por lo que me entusiasma el CSI. Tampoco, como pensará más de una mente sucia, por el negrazo que sale, aunque he de reconocer (y eso que yo no he sido nunca muy entusiasta de los negros, excepción hecha de mi amado negroide) que está hasta para plancharle las camisas. Ya lo dijo ese sabio llamado Antuán DJ: "Si yo fuese ese negro no me iba a aguantar ni dios".
Pero no queridos míos, mi verdadera motivación, y los que me leen lo saben, es Grissom. Yo amo a este hombre con todas las fuerzas de mi corazón. Y que quede clarito, no amo a William Petersen sino a Gil Grissom (el que quiera advertirme de que Grissom no existe en realidad se puede ir a tomar por culo, sin acritud). Yo amo a Grissom y siempre lo amaré, y punto.
Podría llenar posts y posts con las genialidades de este hombre, así que resumiré su sabiduría en algo básico "Yo creo en las pruebas". Así es, también lo dijo Cristo "Por sus obras los conoceréis". La peña que diga misa, pero al final somos nuestras acciones y alguien te puede decir que te quiere muchísimo, pero si te trata mal vete planteando que, a lo mejor, no te quiere tanto.
Hoy estoy refranera y ahí va otro "Cuánto te quiero perrito, pero pan poquito".
Se ve que he estado mucho tiempo amnésica, porque se me habían olvidado muchas cosas...
Cosas como que soy una tía cojonuda, que los charlatanes son charlatanes por mucho que reciten a Neruda y que los que ya no quieren a su cónyuge se divorcian. Cosas como que obras son amores y que la gente sin cojones es más dañina que la gente mala. Y cosas como que los príncipes de ojos verdes que lloran escuchando boleros son un coñazo y molan mucho más los caballeros de hercúleos pectorales.
Y también se me había olvidado que yo soy divertida, joder, que por algo soy el alter ego femenino de don Prognato. Y yo escribía cosas graciosas y yo acuñé la frase "Si la vida te da una hostia escribe un post". Y de un tiempo a esta parte me había convertido en un puto coñazo, una plañidera despechada. Pues, como dijo María Jiménez, se acabó (el que quiera puede dar una patada en el suelo).
Ah, y una cosa más, esta princesita no besa más sapos...
Me voy de marcha con el cuerpo de alabarderos.


martes, 14 de julio de 2009

Un cuento para mis niños

¿Recordáis esto? Pues es hora de aplicar mi propia filosofía, allá vamos...

Érase que se era un reino maravilloso y mágico (tan mágico que hasta los buses iban por el aire) donde gobernaba despóticamente la cruel Reina de Hielo. Este reino tenía todo lo que un reino que se precie debe tener: tenía un Papa, Su Santidad, grande y gordo como todo Papa, tenía obispos y cardenales, tenía preciosas damas, una dama rubia y esbelta, bellísima, con profundos ojos verdes, que jamás se vestía de Mínimo Duty, y otra hermosa dama venida de tierras mozárabes que era conocida por su sensatez y sabiduría. Tenía también un par de hadas, de carita pícara y risueña, el hada Katie y el hada Lole, que tenía unas graciosas pecas sobre su respingona nariz. Tenía un sacristán muy devoto que gustaba de comulgar con frecuencia y tenía muchos jóvenes y apuestos caballeros, uno que vigilaba el faro, otro que vivía en los valles, otro que era un experto curtidor, dos cavaglieres italianos y hasta un fidalgo portugués. También tenía un bufón, el bufón Felipe, que divertía siempre a todos con sus bromas y su buen humor. Pero, como ya he dicho, tenía de todo, y en ese todo estaban incluidas también dos malvadas brujas, Alcahueta y Meretriz. Alcahueta era una bruja culta e inteligente, con exquisitos modales y bien posicionada en el reino. No era ése el caso de Meretriz, la cual era medio analfabeta y de cortas entendederas pero con un gran dominio de las innobles artes de la lisonja y la calumnia. Contaba la leyenda que Meretriz había sido otrora una hermosa mujer hasta que una bruja rival la había convertido en sapo. Meretriz encontró a un príncipe dispuesto a besarla para revertir el encantamiento, pero dicho príncipe no había sabido hacerlo bien y, por consiguiente, al volver a su estado humano Meretriz había conservado los ojos de sapo y un extraño andar renqueante. Sin embargo Meretriz retenía la imagen mental de sí misma anterior al embrujo y se comportaba como si fuera una hermosa doncella en lugar de un ser semibatrácido, lo que provocaba la mofa y la chanza entre cuantos la escuchaban. Meretriz suspiraba por un caballero de hercúleos pectorales que, lógicamente, no correspondía sus sentimientos. Este amor no correspondido unido a la enfermiza envidia que la consumía la rendían aun más maliciosa. Un buen día llegó a este reino maravilloso una princesita procedente de Eslavonia y fue, en general, bien acogida en el lugar. La princesita eslavonesa era alegre y gustaba de contar chascarrillos e historias, puesto que había heredado de sus antepasados el noble oficio de la juglaría. Pronto trabó amistad con los caballeros y con las hermosas damas y las risueñas hadas, pero inevitablemente, despertó el odio y la inquina de la envidiosa Meretriz. Ésta, sin embargo, cuyo patrón era San Judas, se hizo pasar por su amiga, mientras a sus espaldas esparcía difamantes rumores y emponzoñaba en su contra a Alcahueta, quien, a pesar de no conocerla, llegó a odiarla a su vez. Gracias a sus sucias estrategias al fin Meretriz consiguió su objetivo: la pobre princesita eslavonesa fue desterrada para siempre del maravilloso reino... El día de su partida era de ver cómo lloraban todos los caballeros y las damas que durante largos meses se habían encariñado con ella. Todos la despedían con besos y abrazos y le entregaron como regalo a la vaca Dominguita para que cuidase de ella. Alcahueta y Meretriz, no contentas con haber condenado a la princesita al ostracismo, rugían de rabia al contemplar las muestras de cariño que todos le profesaban. Tal era la rabia que Alcahueta se transformó mostrando por primera vez su verdadera naturaleza. Se convirtió en una hidra con siete cabezas y atacó a la princesita lanzando bocanadas de fuego y sapos y culebras por las fauces. La pobre princesita temblaba de miedo y creía que perecería bajo la furia del fantástico animal cuando, de repente, apareció montando un blanco corcel el príncipe Sirioga y la rescató. Se miraron un instante y los ojos color esmeralda del príncipe derritieron el corazón de la princesa para siempre jamás.


Este cuento no ha terminado todavía, la princesita ya no vive en el reino y, de momento, la bruja Meretriz se ha salido con la suya. Pero me dice la experiencia que los que, como Meretriz, utilizan dardos emponzoñados para conseguir sus objetivos, acaban pereciendo víctimas de uno de esos dardos, que se le da la vuelta.
Meretriz, déjame sólo recordarte una cosa: Tú también te vas a morir.


lunes, 8 de junio de 2009

¿Egocéntrica yo?




¿Sabéis lo que es un egocéntrico? Alguien que prefiere hablar de sí mismo antes que de mí.


Hoy quiero ser (aun más) egocéntrica y decirme a mí misma "Felicidades". Olé la madre que te parió. Olé tu tío que se iba a la calle en calzoncillos de los mismos nervios. Olé tu padre que te conoció con quince días y dijo "me has traído un gato vestido de gitana". Olé tu hermano que si tuvo celos los disimuló (diplomático siempre fue el jodío). Olé tu tía abuela que vaticinó (y se equivocó) que serías una miss de puro guapa que naciste. Olé tu tía que te pasó en los genes la mala leche.
Olé todas las personas que te han querido durante estos treinta y cuatro años....

Y el que no te haya querido, peor para él.




jueves, 7 de mayo de 2009

Follabilidad

Hace años estábamos un sábado comiendo en familia y mi madre, que por aquel entonces trabajaba en una oficina, comentaba que tenía una compañera, una tal África, que era la sex symbol de la empresa y que ella no entendía por qué, ya que, en su modesta opinión, no valía nada. Para reforzar sus argumentos nos describía pormenorizadamente a la susodicha. Mi padre escuchaba con expresión beatífica sin decir nada, hasta que se decidió a hablar. "Mira" dijo por fin dirigiéndose a mi madre "te lo voy a explicar bien clarito: cualquier mujer de cuarenta años, divorciada, que se llame África y que vaya con mechas rubias es follable".
Ese día descubrí (además del vocablo "follable" que integré a mi vocabulario inmediatamente) la verdad suprema del universo: lo importante es ser follable. El resto es secundario. Miles de voces tan indignadas como hipócritas se alzarán en mi contra, pero todo el mundo sabe que tengo más razón que un santo. Aunque joda.
Hay diversas razones que elevan los niveles de follabilidad de un individuo. La más obvia y básica es ser hermoso de faz y prieto de carnes, sin duda. Pero no la única. Los que han sido agraciados por la naturaleza lo tienen fácil para entregarse al jincamiento sin cortapisas. Los que no, deben desarrollar estrategias para conseguir tocar pelo, desde las más burdas y rápidas (como llevar a su víctima al coma etílico) hasta las más rebuscadas (como opositar a notarías). Porque no vaya nadie a dejarse engañar, todo en esta vida, TODO, se hace para elevar la propia follabilidad, desde cortarse el pelo hasta descubrir la vacuna de la malaria.
Tengo que aclarar, sin embargo, que no se debe confundir la follabilidad con el jincamiento en sí. Lo que la mayoría de la gente quiere no es simplemente copular (eso es relativamente fácil de conseguir), sino ser follable. Lo importante es saber que se lo quieren cepillar a uno, porque eso es lo que sube la autoestima. Y claro, a mayor follabilidad del que se nos quiere cepillar, mayor autoestima.
Amigos, habiendo llegado a este punto creo que el silogismo está claro: si a mayor follabilidad mayor autoestima, a menor follabilidad más resentimiento contra el mundo (ya sabemos que eso es lo que produce la falta de autoestima). Esa es la causa de que toda mi vida las mujeres menos follables que yo me hayan hecho la vida imposible. Y también es la causa de que cierto gilipollas con menos follabilidad que una boñiga de vaca lleve tocándome los huevos desde el 14 de febrero, fecha en la que intentó copular conmigo y se quedó con las ganas.
Pues sí querido, te quedaste con las ganas, puedes seguir haciendo lo que llevas haciendo tres meses: calumniarme, escribir mentiras sobre mí, dejarme anónimos insultándome... puedes tergiversar la historia todo lo que quieras pero tú sabes la verdad: TE DIJE QUE NO. Asúmelo ya, chavalito, y olvídate de que existo, porque mientras tú pierdes tu tiempo y tu energía en intentar hacerme daño, yo estoy súper feliz con un individuo cuyo nivel de follabilidad se sale de todos los percentiles.
Y el que quiera pensar que por escribir esto soy una chula, pues tiene razón. Soy una chula.
Porque puedo.

martes, 5 de mayo de 2009

Tú lo que tienes que hacer...

... es olvidarle.
... es trabajar más los abdominales.
... es estudiar alemán.
... es no volver a acostarte con ella.
... es animarte.
... es decirle a tu jefe que te suba el sueldo.
... es apuntarte a pilates.
... es dejar de fumar.
... es llamar a tu madre.
... es cortarte el pelo y ponerte mechas.
... es cambiar de coche.
... es salir menos.
... es salir más.
... es no ser tú....

... y tú lo que tienes que hacer es IRTE A TOMAR POR CULO!!!

Y que conste que lo digo sin acritud.

sábado, 25 de abril de 2009

Gentuza

Muchas personas creen ser buenas personas sólo porque no matan a nadie ni violan niños. Ven en las noticias a personajes como el tío ese de Amsteten o a Nanysex y se sienten reconfortados por no ser como ellos. Craso error (ya se lo dijo Cristo a los fariseos)
Entre ser un monstruo del calibre de los citados y ser una buena persona hay un gran abanico de posibilidades. Igual que entre el blanco y el negro hay muchos matices de gris.
¿Soy yo una buena persona? Es una pregunta que me hago con frecuencia. Y me gustaría pensar que todo el mundo se la hace. Pero, por desgracia, no es así. Y sé que no es así porque ya estoy hasta más arriba de las rodillas de encontrarme con individuos/as que se muestran absolutamente seguros de su superioridad moral y sus excesivas bondades. Son insoportables, no lo puedo decir de otra manera.
A mí me cuesta tanto ser una buena persona.... la mayoría del tiempo no lo consigo. Y sigo preguntándome: ¿qué puedo hacer?
Quiero a mi hijo, sí, pero pensar que eso me hace buena persona es tan absurdo como pensar que soy un héroe si escapo cuando alguien intenta matarme. Querer a los propios hijos no es ser buena persona, es instinto. Lo haces sin darte cuenta y sin que te cueste ningún trabajo. Como respirar.
Me porto más o menos bien con mis amigos, creo. Pero eso tampoco me convierte en una buena persona. Mis amigos son gente que me cae bien, y eso hace que me apetezca ser agradable con ellos. Lo difícil es ser amable con gente que te recontrapatea el colédoco. Y tengo que reconocer que eso yo no lo consigo.
Así que tengo mis dudas, todos los días, sobre si soy una buena persona. Sobre todo cuando escucho a tantos individuos hablar de sus nobles sentimientos. Nadie tiene envidia, nadie odia, nadie es rencoroso... como yo sí que soy envidiosa, odio a quien me hace mal y disfruto planeando mi venganza (aunque luego todo se quede en planes), tengo que concluir que yo soy una mala persona.
Pero tú, ¿cómo es que no te das cuenta de que eres gentuza?, ya que no lo ves te lo digo yo.
Criticas a la gente cuando no está pero te cagas en los pantalones cuando la tienes delante. Eres gentuza.
Cuando hablan mal delante de ti de alguien a quien aprecias te quedas callado, no le defiendes, pero vas en seguida a informarle para que se sienta mal. Eres gentuza.
Piensas que tu dolor es más dolor que el de los demás. Eres gentuza.
Alardeas de tener lo que la persona que te escucha no tiene. Eres gentuza.
Eres tan mediocre que tienes que echar mierda sobre los que te rodean para que parezca que tú vales algo. Eres gentuza.
Lames el culo a los que están por encima de ti y torturas a los que están por debajo. Eres gentuza.
Te llevas mal con tu suegra, con tu yerno, con tus cuñados, con los novios de tus amigas, con las amigas de tus novios, con todo el mundo... porque todo el mundo es malo excepto tú. Eres gentuza.
Dejas comentarios ofensivos de forma anónima. Eres gentuza.
Menosprecias el trabajo de los demás para camuflar tu absoluta incompetencia. Eres gentuza.
Aseguras que los que son pobres no quieren trabajar. Eres gentuza.
Estás absolutamente convencido de que te mereces más que los demás. Eres gentuza.
Y, por si fuera poco, tienes el absoluto convencimiento de ser una excelente persona.
Gentuza, gentuza y mil veces gentuza.
Y sí, pedazo de hipócrita, te lo digo a ti.