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jueves, 18 de abril de 2013

Sentimientos

Un día mi linda Rosalinda me lanzó, sin proponérselo, un interesante reto: hacer una lista de sentimientos. Me contó que había estado reflexionando y se había dado cuenta de que en el colegio nos han enseñado muchas cosas, muchas listas de cosas. Nos han enseñado fechas históricas, conjugaciones, tablas de multiplicar, elementos químicos con su valencia, nos han enseñado los phrasal verbs, los reinos con sus órdenes y familias, las capas de la Tierra. Nos han enseñado, incluso, los diez mandamientos, los de la Santa Madre Iglesia, los sacramentos y los siete pecados capitales. Pero hay una cosa que nunca nos han enseñado: los sentimientos. Nunca nos han hablado de los sentimientos, ni nos los han definido, ni nos han animado a pensar en ellos, ni muchísimo menos nos han ayudado a expresarlos. No es de extrañar, por lo tanto, que de adultos nos encontremos con tantos problemas que hubieran podido evitarse si se hubiesen molestado un poquito más en reforzar nuestra inteligencia emocional.
Lejos de esto, se refuerzan los malos sentimientos. Al egoísta sin un ápice de empatía se le considera "maduro", mientras que la persona con sensibilidad es "histérica e infantil". Se confunde la frialdad de corazón con la templanza. El bondadoso es tonto, el deshonesto es "listo y hábil". La persona con sentido del humor, que se esfuerza en crear un clima de alegría es poco seria y responsable, mientras que los amargados, petulantes, que todo lo critican, son serios, responsables y eficientes.
El único sentimiento que quieren que tengamos es miedo. Nos quieren permanentemente atemorizados, creyendo, erróneamente, que así rendiremos más.
Hoy voy a coger el guante que me lanzó mi Rosalinda y voy a inaugurar una lista de sentimientos. Los iré publicando cuando me vayan saliendo, cuando  y como los vaya sintiendo o me sientan ellos a mí, que aún no tengo muy claro cómo es la cosa.

miércoles, 16 de mayo de 2012

El lado oscuro

Cuando de pequeña veía "La guerra de las galaxias" (me vais a permitir que no le llame Star Wars, yo soy de la primera trilogía) siempre, en lo más profundo de mi ser,  me ponía del lado del Imperio. No me malinterpretéis: sabía que eran los malos, que Darth Vader era un cabrón, no era que aprobase su conducta, era, sencillamente, que le comprendía. Y no creo que sea la única. En realidad a todos nos atrae el lado oscuro de la Fuerza.
Cuando los caballeros Jedi pasan tantas vicisitudes, uno no puede evitar pensar "Joder, tío, ¿por qué no te pasas al reverso tenebroso?"
El lado oscuro nos llama porque sabemos que en su regazo podremos , al fin, descansar. Yo he estado allí el suficiente tiempo como para poder asegurarlo. Una vez que lo has mandado todo a paseo es cuando llega la verdadera libertad e, irónicamente, la paz. Ya no tienes nada que perder ni, por lo tanto, que temer.
Ese mismo pensamiento lo tenía con las películas de vampiros o de zombies, ¿para qué luchar? Únete a ellos y deja de preocuparte.
En "La insoportable levedad del ser" Kundera habla del vértigo como el deseo de caer. El personaje de Teresa tiene muchas veces ganas de tirar la toalla (ella intenta estudiar y salir del ambiente pobre y marginal del que proviene), desea volver a su pueblo y entregarse a los hombres más zafios y groseros, dejar de perseguir la idea del amor romántico con que fantasea desde niña.
No es raro ver personas que fueron muy guapas en su juventud y, tras intentar mantenerse así durante un tiempo, se entregan con pasión y euforia a la decadencia: engordan, no se tiñen el pelo, dejan que sus dientes se pudran... rechazan con gesto brusco su antigua belleza, se convierten gustosos en seres grotescos. Puede parecer terrible, pero si se observa a estas personas con atención, se puede ver la profunda paz que emanan. 
Lo expresa a la perfección el genial Rhett Buttler en "Lo que el viento se llevó" cuando le dice a Escarlata: "Una vez que uno ha perdido la buena reputación es cuando descubre lo horriblemente molesto que era mantenerla".
Tener cosas buenas tiene una incuestionable desventaja: el miedo de perderlas. A veces ese miedo es tan intenso, doloroso y paralizador que optamos por renunciar a ellas voluntariamente sólo para que éste cese. Dejar a la pareja a la que amamos sólo para dejar de temer que nos deje ella a nosotros, suicidarse en el corredor de la muerte mientras se espera la revocación de la pena, alcoholizarse o caer en cualquier tipo de adicción. Todos estos comportamientos son claros ejemplos de lo que supone sucumbir al Reverso Tenebroso.
Yo siempre lo he visto así. La felicidad me parece intolerable, aprendí a nadar en la cloaca y no sé cómo manejarme en aguas cristalinas.
Sin embargo, como en Anakin, sigue existiendo en mí también una parte que me atrae hacia la luz. Y muchas veces he intentado, intento, mantenerme en la luz, aunque es terriblemente trabajoso, pero hay algo aun peor: volver a la luz después de haber estado en el lado oscuro.
Los que seáis conocedores de la historia de Anakin lo sabréis. Una vez que uno se ha rendido, ha caído en el lado oscuro, se ha construido su zona de confort en él, requiere una fuerza sobrehumana volver a salir. No hay más que ver lo que le cuesta a él, siendo como es uno de los caballeros Jedi más poderosos.
Y yo, por si no había quedado claro, no tengo la fuerza de Anakin.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Rojo oscuro, casi negro

Hoy me apetece divagar, hablar un poco de todo lo que me pudre el alma.
¿Por qué soy de izquierdas? Es una pregunta que me hago mucho últimamente. No lo puedo contestar escuetamente. Lo que tengo claro como la luz del día es que lo soy de nacimiento.

No hace mucho leí que estaba más o menos aceptado científicamente que la ideología política se lleva en los genes. Tiene sentido. Si el carácter se lleva en los genes también ha de llevarse la ideología política, siendo, como creo firmemente que es, un rasgo de la personalidad.

No entiendo a la gente que se declara apolítica, que dice no tener ninguna ideología. Sinceramente, no me lo creo. Todos tenemos una ideología, puesto que una ideología responde a una serie de principios éticos y todos los tenemos. Hasta el que tiene por principio actuar siempre y sólo en su propio beneficio, hasta el que tiene por principio cambiar de principios según le convenga, hasta el que tiene por principio seguir gregariamente a la manada. Todo eso no dejan de ser principios, normas internas que seguimos. Todos tenemos una ideología y esa ideología se inclina a la izquierda o a la derecha. Eso es así. Lo que ocurre es que cuando se habla de ideología siempre salen a relucir los partidos, los estados, los países, y eso es otra cosa. Yo hablo de la ideología, no de las personas que pretenden representarla.

Yo creo que de derechas o de izquierdas se es de forma involuntaria, natural. Yse muestra en los actos, no en las palabras. Una persona, para mí, es de izquierdas cuando me lo demuestra con su comportamiento, no cuando dice que lo es. Así, he conocido personas de izquierdas que creían ser de derechas y personas de derechas que decían ser de izquierdas. Lo que me reafirma en la constatación de que la cultura política es desastrosa, llena de mitos y profundamente corrompida.

Encuentro muchos obreros que votan a la derecha, que se declaran de derechas, pero lo que luego demandan es la izquierda. Cuando el jefe, el gobierno, la sociedad en general, exhibe comportamientos de derechas estas gentes protestan indignadas, "qué poca vergüenza, qué hijos de puta, no hay derecho", "pues ¿qué pensabas que era la derecha?" les contesto siempre yo.

Con mi compañera y sin embargo amiga Chispita (su nombre real ha sido cambiado para preservar su intimidad) se obró el milagro. Cuando la conocí, ella, una mileurista sin estudios universitarios que vive con sus padres en un barrio obrero de Madrid, se declaraba de derechas. En un principio, como siempre me pasa en estos casos, asistí a esto con una mezcla de indignación, perplejidad y tristeza, pero pronto descubrí que lo que le ocurría era sencillamente que estaba profundamente desinformada. Chispita era y es una bellísima persona: solidaria, empática, con un sentido de la honradez y la justicia fuera de normal. Desgraciadamente, tenía en su cabeza un revoltillo de mitos y cuentos para asustar niños sobre la izquierda impresionante. A medida que nos fuimos conociendo constaté que todas sus opiniones coincidían al 99% con las mías, o sea,  eran totalmente de izquierdas, al igual que su comportamiento en el trabajo, con los compañeros y en general. Un día le lancé la inevitable pregunta "¿Pero tú estás segura de que eres de derechas?" a lo que ella me respondió "es que soy realista y la izquierda es una utopía". Le expliqué que lo que me decía era tan absurdo como  si todos nos suicidásemos porque vivir para siempre es una utopía, así que ¿por qué seguir? Ese día, como mínimo, le hice pensar.
Más tarde, poco antes de las elecciones generales, Chispita contestó un cuestionario para saber qué partido respondía mejor a lo que ella quería y acabó votando a Equo (el cual le salió con un 100% de compatibilidad), un partido inequívocamente de izquierdas.

Ahora es cuando las voces indignadas de los españoles "de bien" me gritan "¡No es justo, estás equiparando ser buena persona con ser de izquierdas, como si todos los de derechas fueran malos!"
Pues lo siento mucho, pero en cierto modo es así. Una persona puede ser de derechas por uno de estos tres motivos (al menos uno, que también pueden ser los tres a la vez): es egoísta y le importan una mierda los demás, es estúpido y/o está manipulado o mal informado. El caso de Chispita, que ni es egoísta ni estúpida pero estaba mal informada, demuestra esta teoría.

Si encontráis una sola persona que sea generosa y justa, inteligente y culta y sea de derechas presentádmela. No la encontraréis. Os lo garantizo.

Yo no digo que yo sea una buena persona (si lo fuera seguramente no tendría tanta facilidad para desearle todos los males del infierno a Esperanza Aguirre o Aznar), pero os aseguro que lo intento con todas mis fuerzas. Creo que tonta no soy (al menos no lo suficiente como para no darme cuenta de cuál es mi bando)  y, desde luego, estoy informada, puesto que procuro siempre picar de todos lados y sacar mis propias conclusiones.

Pero la principal razón por la que soy de un rojo oscuro, cada vez más oscuro, casi negro, es esta rabia. La rabia que me impide y me impedirá siempre aceptar que "siempre habrá ricos y pobres" y que "es lo que hay", que me impide aceptar que el mundo es como el Titanic y los que van en primera clase tienen más derecho al bote salvavidas que los de la bodega.
La rabia me hace seguir caminando hacia ese horizonte que es la utopía, aun a sabiendas de que nunca lo alcanzaré.

Pero no por eso voy a dejar de caminar.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Pensar

Hoy me ha dado por pensar en todas las esquinas de todas las ciudades y en que todas guardan alegrías y tristezas. Me ha dado por pensar que en este preciso instante, en que yo escribo esto, hay personas en el mundo que están muriendo, otras naciendo, que hoy ha sido el día más feliz y el día más triste.
Hoy me ha dado por pensar en esta broma absurda que es la vida, aquí nos dejan, desnudos, mudos, entre desconocidos y debemos construirlo todo desde el principio sólo para perderlo.
Me ha dado por pensar en los orgasmos y en los dolores, en qué cerca están los unos de los otros. He pensado en el miedo, y en el deseo, y en el hastío y en el rechazo.
Y la única conclusión que me ha servido es que todo se reduce a una primaria y arcaica sensualidad: sentir el sol en la piel, el murmullo del agua, el beso de un hijo en la mejilla, la dulce sensación en la vejiga tras vaciarse.
Y me ha dado por pensar y he pensado que la única forma de estar en paz es no pensar.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Fornicación

Le he prometido al tocayo de mi futura hija, que a su vez fue hijo mío en otra vida, que escribiría un post sobre la fornicación. Bueno, a decir verdad no se lo he prometido y justo es decir que el chico tampoco me lo ha pedido, pero me nombró esta preciosa palabra cargada de sonoridad y yo le dije que escribiría sobre ella. Y así lo estoy haciendo.
El tocayo de mi futura hija, que a su vez fue hijo mío en otra vida, es un personaje reciente en mi vida (en esta vida, obviamente, porque ya he dicho que fue mi hijo en otra), supongo que por eso no es capaz de comprender la magnitud de mi cariño por él. Y es que el chico, por mucho que se resista a admitirlo, es un poquito cuadriculado y piensa que el cariño y el tiempo son directamente proporcionales, cuando eso, como todo ser con mente novelesca sabe, no es así.
El tocayo de mi futura hija, que a su vez fue hijo mío en otra vida, es bastante mono, con moflos suaves y tentadores, moflos de esos para plantar besos sonoros y contundentes, y una sonrisa que te pone de buen humor instantáneamente.
No es un novio, ni un amante, ni siquiera un amigo, es lo que es. ¿Y qué es? Pues las verdades son dos: que no lo sé y que no me importa.
Yo hubiera podido enamorarme locamente de él si le hubiera conocido cuando él tenía veinte años y yo veinticuatro y yo llevaba el pelo corto y él largo. Largo, liso y negro. Y estoy segura de que le querré mucho dentro de un tiempo, sigamos tratándonos o no. Así que supongo que ahora es una mezcla de esas dos cosas: el enamoramiento que pudo haber sido y el cariño que será. Yo tengo la suerte de tener un corazón diacrónico y no sincrónico: puedo querer a las personas por lo que han sido o lo que serán, no sólo por lo que son.
Vaya, yo había dicho que iba a escribir sobre la fornicación, pero esto es lo que pasa con lo que uno escribe: que, al igual que la vida, y aunque el tocayo de mi futura hija, que a su vez fue hijo mío en otra vida, no lo crea, siempre va por donde quiere y nunca por donde quieres tú que vaya.
Supongo que cuando quiera hablar de otra cosa saldrá la fornicación, pero lo hará cuando ella quiera, no cuando quiera yo.

martes, 9 de marzo de 2010

In-conexiones

En la esquina dos malas personas mantienen una conversación trivial.

Laura espera el autobús y ve cómo se baja una persiana en la casa de enfrente, en seguida se imagina una pareja de amantes teniendo un apasionado encuentro vespertino.

Paco baja la persiana y se echa a dormir porque tiene turno de noche y la ciática le está matando.

Santi quiere volver con Laura pero no se lo va a decir.

Laura quiere volver con Santi pero no se lo va a decir.

Santi y Laura no volverán a verse. Su orgullo, eso sí, ha quedado intacto.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Tengo miedo


Cuando era pequeña la vida era más fácil. Tenía miedo a la oscuridad y a las pelis de miedo, que para eso estaban. Un día crecí, fue exactamente el 12 de octubre de 2005, y dejé de tener miedo a esas cosas. Ahora tener miedo es más complicado.
Tengo miedo a los centros comerciales, tengo miedo a la gran oferta que me agrede desde los escaparates. Tengo miedo al aborregamiento imperante.
Tengo miedo a las demás mujeres. Tengo miedo a los hombres. Tengo miedo a los gatos.
Tengo miedo a las luces de Navidad. Tengo miedo a Isabel Preysler. Tengo miedo a los tertulianos de Antena 3.
Tengo miedo a tener deseos. Tengo miedo a no volver a tener deseos. Tengo miedo a vivir. Tengo miedo a no vivir lo suficiente.
Tengo miedo a encontrar trabajo. Tengo miedo a no volver a encontrar trabajo. Tengo miedo a escribir. Tengo miedo a tener un orgasmo.
Tengo miedo a los bolsos de Louis Vouton y a las secretarias analfabetas que emplean su salario de dos meses en comprarse uno. Tengo miedo de que exista gente así.
Tengo miedo a enamorarme. Tengo miedo a no volver a enamorarme.
Tengo miedo a que los hombres me engañen. Tengo miedo a que las personas me mientan. Tengo miedo a disgustarle a alguna gente y a gustarle a otra.
Tengo mucho mucho miedo a Esperanza Aguirre.
Tengo miedo a Ronald McDonald.
Tengo miedo a mi inconformismo. Tengo miedo a mi resignación.
Tengo miedo a tener miedo.
Pero sobre todo tengo miedo a que llegue el día en que deje de tener miedo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Esas pequeñas cosas



Me gusta ver cómo los farmacéuticos recortan el cartoncito para la receta. Hay distintos métodos, unos lo hacen con tijera y otros con cúter, pero siempre suena igual. Es un sonido maravilloso el del cartoncito separándose de la caja, es un sonido inmutable, ha sido así desde que recuerdo y siempre me hace sentir cómoda y segura, como en casa.
Me gusta sentir cómo la nieve virgen cruje bajo las botas, cómo se apelmaza y ver la blanca explanada frente a mí.
Me gusta el sonido que hacen los perros al beber y los bebés con chupete.
Me gusta ese momento en el que el cuerpo está ya dormido pero la mente aún no.
Me gusta fregar los platos y planchar viendo una serie de televisión.
Me gusta ver aparcar a Sirioguita, siguiendo siempre el mismo protocolo, su forma de mirar a un lado y a otro mientras gira el volante y, lo mejor, el tirón final del freno de mano. También me gusta verle vestirse, con tanta meticulosidad, calzoncillos, pantalones, camisa, cinturón... y ajustarse la corbata frente al espejo mientras yo lo miro sentada en su sillón-mecedora y me balanceo con la punta del pie.
Me gusta escribir a mano, en mi cuaderno. Me gusta notar cómo se desliza la punta del bolígrafo por el papel.
Me gusta la voz de mi hijo cuando me pregunta "¿a que sí, mami?" y "¿a que no, mami?"
Me gusta el tacto de la carne de mi hermano mayor y el olor del pelo de mi hermano menor, y me gusta dormir en una cama en la que hayan dormido ellos y sentir cómo las toneladas de sueño que han dejado allí me envuelven.
Me gusta estar con la hija de la luuuunaaaa sin hablar y saber que no tenemos que decir nada.
Me gusta oír a mis padres conversar sobre política sin que ellos sepan que los estoy oyendo.
Me gusta la expresión "cuarto y mitad" y cómo la dicen las señoras gordas en la carnicería.
Me gusta pasear oyendo música y observar la cara de la gente.
Me gusta saber que todo lo mejor está por llegar.


martes, 18 de agosto de 2009

Sueños

Soñé que debía correr pero las piernas no me respondían.
Soñé que entraba en el metro y habían cambiado todas las estaciones de sitio.
Soñé que llegaba tarde a trabajar.
Soñé que necesitaba llamar a alguien y el móvil no funcionaba.
Soñé que tenía que hacer el equipaje y no conseguía guardarlo todo.
Soñé que estaba de vuelta en la universidad, tenía exámenes y había faltado a clase los dos últimos meses.


Soñé que mi hijo se me moría.
Soñé que un perro rabioso me atacaba.
Soñé que mi novio me ponía los cuernos.
Soñé que se los ponía yo a él.


Soñé que me maquillaba de forma exagerada.
Soñé que alguien fumaba delante de mí.
Soñé con bichos.
Soñé que quería decir muchas cosas y la voz no me salía.
Soñé que conducía en dirección contraria.

Soñé que participaba en orgías.
Soñé con casas con innumerables puertas que conducían a innumerables estancias.
Soñé que era lesbiana.
Soñé con cuartos de baño.
Soñé con supermercados llenos de comida.

Soñé que volaba.
Soñé que cogía un tren.
Soñé que cogía un avión.
Soñé que me bañaba en el mar.

Soñé que me moría...

El psicoanalista me dijo que los primeros sueños reflejan ansiedad, los segundos miedo al fracaso sentimental, los terceros falsas amistades e impotencia para gobernar mi vida, los cuartos frustración sexual, los quintos deseos de escapar y el último la necesidad de renacer.

Así que antes pensaba que podría tratarse de malos presagios, pero ya he descubierto que soy ansiosa, insegura, pusilánime, frígida y fóbica.

Me quedo más tranquila.

jueves, 6 de agosto de 2009

Universos paralelos



Los que hemos crecido con la saga de Regreso al Futuro somos muy tendentes al onanismo mental con eso de los viajes en el tiempo y las paradojas que se sucederían de una cita con tu abuela adolescente. ¿Quién no ha deseado alguna vez poseer una máquina del tiempo? Para descubrir el futuro, para asistir personalmente a algún acontecimiento histórico, para desvelar misterios pretéritos... pero, sobre todo, para enmendar los errores del pasado.
Yo soy de las que cree que hay múltiples dimensiones (y esto no lo creo desde un punto de vista esotérico, sino científico) y que cada decisión que tomamos provoca una ramificación en la línea espacio- tiempo creando tantos universos paralelos como alternativas de elección existan para dicha decisión. Si Fulano Pérez decide tomarse el helado de chocolate en lugar del de fresa se crea automáticamente un Fulano Pérez paralelo que eligió el de fresa en vez del de chocolate, con todo lo que eso conlleve. Dos universos surgidos de decisiones tan nimias presentarán pocas diferencias entre sí, o al menos eso sería lo esperable, pero a veces se toman en la vida decisiones trascendentales, decisiones que se constituyen en puntos de inflexión. Si, con el tiempo, esa decisión resulta más o menos acertada, si somos más o menos felices es poco probable que pensemos en las otras alternativas que descartamos, pero si somos infelices vendrá la nostalgia, y, con ella, el deseo de tener una máquina del tiempo.
"Si yo hubiera..." la tercera condicional del idioma español, la hipótesis imposible. Se llama así porque, como su propio nombre indica, es una conjetura que jamás se podrá poner en práctica, y no se podrá poner en práctica, sencillamente, porque es algo que ya ha ocurrido. Y el pasado, a no ser que tenga uno el DeLorean de Doc, no se puede cambiar.
Igual que hace Martin McFly, que regresa para impedir que Doc sea asesinado, todos querríamos poder volver al momento en el que, desde nuestro punto de vista, tomamos la decisión equivocada. Craso error. Es imposible saber si la decisión fue equivocada. Y es imposible porque cuando decidimos nos quedamos sólo en uno de los universos y no podemos ver los demás, de modo que no sabemos cuál de ellos es el mejor.
Sin embargo, a veces hay fallos en el sistema. A veces se produce una fisura en la membrana que contiene nuestro universo y, aplicando a ella el ojo como un mirón, podemos atisbar lo que ocurre en el universo paralelo. A veces podemos ver, por un momento, como sería nuestra vida de haber tomado otra decisión.
No hace mucho he estado en Londres, por primera vez en mi vida. De la ciudad no diré nada que de eso ya se encargan las chopocientas mil guías que se han escrito sobre ella.
Lo que quiero contar es que allí, justo allí, en Mile End, yo encontré una fisura en la membrana del espacio-tiempo.
Durante la semana larga que permanecí allí, me dediqué oficialmente a ver museos y monumentos, pero en realidad no hice otra cosa que fisgonear en mi universo paralelo.
Ojalá no lo hubiera hecho...
Yo creía que sí, que tomé la decisión correcta, y, con la poca sensatez de que dispongo, aún lo pienso.
Pero entonces ¿por qué ahora daría cualquier cosa por tener una máquina del tiempo?


martes, 23 de junio de 2009

Desórdenes temporales



Mi deseo no puede nunca ser satisfecho. No me interesa tu presente, no me interesa tu futuro. Lo que yo quisiera conquistar es tu pasado.
No hay solución puesto que esto no es una novela. Si lo fuera yo podría utilizar una analepsis y saltar atrás en el tiempo. Me integraría en tu pasado. Robaría tus recuerdos. Monopolizaría tu nostalgia.
Quizá podría, así, librarme de este nudo de angustia que me atenaza cada vez que te veo ensimismado, la mirada perdida hacia la derecha (señal de que estás recordando y no imaginando), una media sonrisa melancólica, y sé que yo no estoy entonces en tu mente.
Somos nuestros recuerdos. Si yo no estoy en tus recuerdos no existo para ti.
Sé que algún día estaré en tus recuerdos, cuando sea otra la que sufra la angustia de no poder conquistar tu pasado.
Cuando mi mirada se quede perdida hacia la derecha y en mi mente sólo existas tú...
Ese es mi único consuelo.
Quisiera deshacerte para hacerte de nuevo a imagen y semejanza del que ahora amo.
Quisiera haberte conocido cuando no te conocía.
Quisiera viajar en el tiempo y verte antes de ser lo que eres.
Ya he dicho que mi deseo no puede ser satisfecho.


jueves, 16 de abril de 2009

Me cago en el amor

Los que me leéis con fidelidad ya conocéis esta entrada, pero hoy me pide mucho el cuerpo republicarla.
Como soy de natural honrada, tengo que empezar diciendo que el título se lo he tomado prestado al genial Tonino Carotone, quien no entienda italiano que atienda sólo al estribillo.
Hacía tiempo que no me acordaba de esta canción, pero el otro día el bollicao me preguntó con un punto de reproche "¿Por qué no crees en el amor?" y me la recordó. Para el bollicao es fácil creer en el amor, de hecho él vive inmerso en una interminable comedia romántica. El bollicao, como su propio nombre indica, es joven y dan ganas de hincarle el diente cuando lo ves. El bollicao es caprichoso, veleidoso, puede enamorarse cinco veces en un día y sufre como un jabato hasta que la chica empieza a hacerle caso, entonces descubre algo en ella que le desencanta y a otra cosa mariposa. Igualito que yo a su edad. Igualito que yo a mi edad, para ser sinceros. Porque yo sigo en las mismas, lo que pasa es que llevo en las mismas nueve años más que el bollicao y ya estoy un poco hasta los mismísimos. Los que tenemos este carácter creemos en el amor a los 15, a los 20 y a los 25, pero a los treinta la cosa empieza a decaer. Y no porque dejemos de tener fe en los demás, sino porque dejamos de tener fe en nosotros mismos. El bollicao cree que existe el amor perfecto, me dijo literalmente: "Yo sé que ese amor existe, otra cosa es que lo lleguemos a conseguir o no, pero existe". Tiene razón, pero se equivoca en un pequeño detalle: no todos somos capaces de sentir ese amor. El bollicao sigue esperanzado porque piensa que tener o no ese tipo de amor depende de encontrar a la persona adecuada, yo he perdido la esperanza porque sé que tener o no ese tipo de amor depende de ser la persona adecuada. Y yo, desde luego, no lo soy. Para mí el amor es como cantar ópera. No es que crea que la ópera no existe, no es que crea que nadie canta ópera, es sólo que sé que yo no estoy capacitada para cantar ópera, ni lo estaré nunca.
Me cago en el amor una y mil veces porque a mí el amor no me ha dado más que disgustos. Cada amor que yo he vivido se ha llevado una parte de mí y eso me ha convertido en un ser mutilado.
Me cago en el amor porque nunca lo tendré y porque me muero de envidia cuando veo a quien lo tiene. Me cago en el amor cuando lo busco. Me cago en el amor cuando lo pierdo y sobre todo me cago en el amor cuando lo encuentro, porque me asfixia.

jueves, 26 de marzo de 2009

La libertad

"La libertad no necesariamente hace al hombre feliz, lo hace, simplemente, hombre".
No recuerdo quién dijo esta frase, pero no puedo estar más de acuerdo.

Yo amo mi libertad por encima de todas las cosas, si siento que quieren quitármela, que puedo perderla, no me paro a pensar en si soy feliz o no, lo único que veo es cómo el espacio se reduce, cómo el aire se agota. Y no puedo respirar. Entonces, con gesto brusco, me sacudo de encima todas las ataduras y salgo corriendo, y nunca miro atrás.

Cada vez que algo en mi vida ha terminado, a pesar del dolor que haya podido causarme ese final, me he sentido profundamente feliz de recuperar mi libertad. Y ese sentimiento de incertidumbre (la más bella de todas las sensaciones) ha superado todo lo demás.

Nunca he pensado en lo triste que era perder lo que perdía, sino en todas las perspectivas que se abrían ante mí. Siempre me ha gustado huir hacia adelante.
Nunca dejaré de preguntarme qué hay más allá del horizonte.

Yo, personalmente, prefiero ser libre que feliz. Prefiero ser libre que cualquier otra cosa.
Porque si no soy libre, simplemente, no soy.


martes, 17 de febrero de 2009

Pero no escribo




Podría escribir de tantas cosas... pero no escribo.

Podría escribir de lo bien que olías la otra noche, de la trama de espionaje del PP, de que hoy me han dicho que soy una frívola, de que no la aguanto más, de tus ojos cada mañana cuando no me miran como yo quisiera, de Kirkegaard, de lo mal que me siento por esta rutina, de las cosas que me gustaría cambiar.

Podría escribir de algo gracioso, de algo profundo, de algo ofensivo, de algo rotundo, de lugares comunes, de pajas mentales, de lo que todos escriben, de lo que nadie se atreve a escribir, de lo que siento por ti.

Podría escribir de sexo, de muerte, de figuras literarias, de cine, de gastronomía, de la cría en pisifactoría del camarón.

Podría escribir una novela, un cuento corto, tres sonetos, cinco posts, diez cartas y una canción.

Podría escribir en ruso, en italiano, en inglés, en español.

Podría escribir de este nudo en el estómago que tengo desde que sé que me lees aunque no me comentes, y de que saberlo me da y me quita la inspiración.

Podría escribir de noche, de día, despierta, dormida....

Pero no escribo.

sábado, 3 de enero de 2009

Año nuevo, la misma mierda

Yo lo hice, por mí no quedó. Juro que lo hice.
Me puse las bragas rojas, me comí las doce uvas, metí el anillo de oro en la copa de champán, escribí las cosas negativas en un papel y las quemé con la última campanada....
Yo lo hice, juro que lo hice. Por mí no quedó.
Entonces, ¿dónde está mi vida nueva?

Año nuevo, vida nueva. Pero los judíos siguen bombardeando a los palestinos.
Año nuevo, vida nueva. Pero nadie cura mi corazón.
Año nuevo, vida nueva. Pero todos decían las mismas tonterías en la fiesta de Nochevieja
Año nuevo, vida nueva. Pero seguías sin estar tú.
Año nuevo, vida nueva. Pero en Chad van a lapidar a otra "adúltera".
Año nuevo, vida nueva. Pero el absurdo sigue aquí.
Año nuevo, vida nueva. Pero la gente sigue muriendo de hambre.
Año nuevo, vida nueva. Pero mi teléfono no sonó.
Año nuevo, vida nueva. Pero siempre pagan los mismos.
Año nuevo, vida nueva. Pero aún te echo de menos.

Año nuevo, sí, pero la vida sigue siendo igual de gastada, de manida, de obsoleta, de pesada, de intangible, de molesta, de lesiva, de esperpento, de lamento, de función de circo malo, de fachada de extrarradio, de canción desentonada, de buscona mal encarada, de superflua, de profunda, de insulsa, de sabrosa, de barata, de costosa, de invivible, de inviable, de absurda, de imprescindible, de incomprendida, de incomprensible.

Año nuevo, sí, pero la misma mierda.




domingo, 14 de diciembre de 2008

Calla Memoria

Calla Memoria, dame una noche de tregua. Calla dulce amiga, hoy me dañas. Calla cariño, hazlo sólo por hoy, déjame descansar. No me tortures. No me cuentes las historias que ya no volverán, no me inundes los ojos de lágrimas, afloja el nudo de mi estómago, devuélveme el aire.
Calla preciosa, hoy te pido que no seas tan eficiente. Permíteme no ser. Permíteme ser limpia, vacía, insulsa. Deja que la nada me inunde, deja que mis sentidos mueran, déjame ser estúpida por una noche, calla Memoria, calla dulce amiga, calla cariño, calla preciosa.
Hoy no lo soporto, no soporto el dolor del recuerdo. No me cantes canciones ni pintes imágenes ante mis ojos, no traigas olores que me dejan desnuda y tiritando de emoción. No Memoria mía, hoy no, te lo suplico. Hoy no puedo, hoy me dueles. Calla bonita, sólo esta noche, sólo un ratito...
Recuérdale mi nombre al Olvido, para que me encuentre.
Dale mis señas al Vacío, para que me llene.
Y reza para que hoy se ausente la Ausencia.
Dile a la Esperanza que ya no la espero.
Pero tú, Memoria mía, calla, calla, calla...
Hoy me muero.







jueves, 6 de noviembre de 2008

Pensar en postsitivo



Me dice la experiencia que cuando uno anda entre dos opciones suele decidirse por una tercera que surge de repente, sin avisar.

El adúltero que no se decide a dejar a su mujer por la amante, ni a su amante por la mujer, se termina marchando con un chica de la que ni su mujer ni su amante conocían la existencia, las mujeres hartas de ser gordas y de vivir a dieta se convierten en campeonas de culturismo, y el que duda entre dedicarse a la prostitución o al proxenetismo acaba de informático.

Ya lo dice el dicho, tirar por la calle del medio, que, cuando uno no sabe qué hacer, suele ser la opción más sensata...

Así andaba yo, debatiéndome entre mi naturaleza negativa y las corrientes modernas del pensamiento positivo, corriendo de un lado para otro como pollo sin cabeza.

Empezaba una relación, por ejemplo, y ya lo veía todo negro: "esto no va a durar, este tío no es de fiar, etc..." entonces venía alguien cargado de buenas intenciones y me plantificaba un libro de autoayuda, tipo "Mis zonas erróneas", "El alquimista" o alguna soplapollada de Jorge Buckay. Entonces yo me esforzaba en visualizarlo todo de color de rosa: "esto será para siempre, es el hombre de mi vida, etc...". Y, claro, cuando al final el tío demostraba ser un mindundi, me llevaba unos disgustos que para qué.

Entonces, un buen día, descubrí el universo bloguístico y mi vida cambió.

Ya no hace falta pensar en negativo ni pensar en positivo, basta con pensar en postsitivo. ¿Que la vida te da una hostia? Escribe un post.

De los momentos trágicos ríete. Escribe un post. Que los demás también se rían. Es la forma de reciclaje más divertida que conozco: los envases al amarillo, el papel y el cartón al contenedor de papel y cartón, el vidrio al vidrio, con la basura orgánica hacemos compost, y con la mierda cotidiana... hagamos un buen post.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Soderfrojen

Antes de nada, y por si algún germanoparlante está leyendo, debo aclarar que esta palabra en realidad se escribe schadenfreude, pero, al igual que me pasó con Coohagen, cuando el padre de mi hijo me la dijo por primera vez mis orejas, atrofiadas por la fonética para vagos del español, oyó soderfrojen y para mí siempre se dirá así.
La soderfrojen es una palabra maravillosa. Ya se sabe que los alemanes saben mucho de eso de joderle la vida al personal y de disfrutar con ello, así que es lógico que su lengua disponga de esta maravillosa palabra que significa "sentir alegría ante la desgracia ajena" (si señores, los teutones son los amos, una vez más queda demostrado).
Dicen los alemanes que la sordenfrojen es la alegría más bella, puesto que es la única alegría sincera...
Hay que merengarse con los tudescos, qué mala baba se gastan, y encima con razón, porque el que no haya sentido la soderfrojen que tire la primera piedra...
Hagan un ejercicio de sinceridad conmigo, que no se lo voy a decir a nadie, piensen en la siguiente situación: usted se despierta a las 8 de la mañana, se da cuenta de que es sábado y puede seguir durmiendo.
Introduzcamos un matiz: usted se despierta a las 8 de la mañana, se da cuenta de que es sábado y puede seguir durmiendo, mientras se acurruca bajo la manta oye cómo su compañero de piso se levanta para ir a trabajar.
¿Cuál de las dos situaciones es más placentera?
No hace falta que conteste, la respuesta la saben hasta los negros de Uganda.
Ser guapo es un placer porque hay feos. ¿Se imagina usted un mundo donde todos fuéramos como el negro del CSI? Pues vaya mierda... ¿o no?
La soderfrojen es la leche, yo he visto a gente retorcerse literalmente de placer al sentirla. Hay momentos de soderfrojen gloriosos: encontrarse con el guaperas del instituto y ver que se ha quedado calvo, cuando a tu ex novia que te trató tan mal la dejan plantada en el altar y se piran con su mejor amiga, cuando a tu vecino el del Mercedes se le lleva el susodicho la grúa... y así hasta el infinito.
Pero la soderfrojen definitiva es ver que, después de que todos los que usted conoce se han entrampado hasta los colodrillos para comprarse un piso y usted no pudo, ahora los pisos valen diez kilos menos. ¡Eso es de orgasmo múltiple!
No, si todavía los bancos nos van a dar alguna satisfacción...



domingo, 12 de octubre de 2008

La belleza


Los que me leen con regularidad ya saben que una de las tonterías que me gusta hacer son las listas. Ya he clasificado a los listos, a los comemierdas y a los malos. Hoy le toca el turno a los guapos. Porque no pensaríais que la cosa es tan simple como guapos y feos, no hijos míos, la cosa tiene mucha más enjundia. Sí que es cierto que existe la belleza absoluta, y quien no me crea que mire la foto. Es una escultura de Antonio Canova, "Il bacio d'Amore", ante la cual yo pasé dos horas de reloj en el Hermitage, incapaz de dejar de mirarla. No podía creer que hubiese algo tan hermoso, tan suave, tan perfecto, tan rotundo. Esto es lo máximo y detrás viene todo lo demás que, como todo en esta vida, va en grados, en secciones y en subsecciones. Seguro que no habíais reparado en ello, al fin y al cabo vosotros sois tiernos corderillos, menos mal que me tenéis a mí para ilustraros. Vamos allá:



1. Guapo. Pues ya está, su propio nombre lo dice, cuando alguien los describe dice "es guapo" y nadie lo discute, no hay subjetividad posible. Por ejemplo Paul Newman o Ava Gadner.
2. Guapete. Éste te cae bien y eso te hace verlo más guapo de lo que es. Tu objetividad te impide llamarle guapo directamente, porque tampoco lo es, así que le colocas el guapete, que es una mezcla entre guapo y majete, y a correr. Si queréis ver a uno poned el Pasapalabra y os encontraréis con Christian Gálvez. Ah, y sólo puede ser chico, quizá la chica equivalente sería mona, algo así como María Adánez.
3. Guapín. Éste tiene unas facciones correctas, los ojos claros (esto es imprescindible) y es ñoño a más no poder, vamos, que tiene menos sex-appeal que un percebe. Zapatero, sin ir más lejos. Ejemplo de guapina: su mujer, coño, si son iguales.
4. Guapetón. Éste tiene que ser moreno, eso es indiscutible, y gordo (o, como se dice de los guapetones, fuerte). Sus facciones son, además de correctas, exuberantes, ojos enormes, labios carnosos, cutis de porcelana. Y las mejillas, las mejillas tienen que ser inmarcesibles e infinitas, mejillas apropiadas para plantar en ellas unos besos sonoros, besos de abuela. Aquí los reyes del mambo son Falete y María del Monte (si es que no son el mismo, que yo tengo mis dudas).
5.Guapito. Suele ir seguido de la coletilla "de cara" y dicho con cierto retintín. Porque el guapito te cae mal, encima es un listillo, encima te cae mal (pero esto ya lo había dicho ¿no?), pero es que es lo más importante: te fastidia que sea guapo porque piensa que esa circunstancia le da derecho a todo. Aquí seguramente podríamos incluir a Inma del Moral y a su exnovio Pedro Ruíz (¿Cómo? ¿Qué éste no es guapo?, huy perdón, se me ha traspapelado un dato del post de clases de simios guapos...)
6.Guaperas. Condición exclusivamente masculina. Éste es guapo, ejerce de ello, lo sabe y lo disfruta. Es el típico que gusta y además cae bien. Y no hay guaperas más guaperas que él: Dios Clooney.
7.Guaperillas. Es un paso previo al guaperas, bien sea por juventud o porque sus capacidades no le permiten llegar a guaperas. Si quieren ver uno, ahí tienen a Alejo Sauras.
8.Bello. Para ser bello es imprescindible ser negro, y esto no es racismo, es un hecho objetivo. Tienen tal perfección, armonía, elegancia de espíritu y exquisitos modales que parecen todos príncipes. Y si no me creen, miren a cualquier topmantero, o miren esto.
9.Autoguapo. Suele darse con más frecuencia entre las féminas. Es fea y además tiene mal tipo, pero en su casa le han dicho siempre que es una belleza, y ella se lo ha creído. Se auto incluye entre los agraciados con una convicción y naturalidad tal, que nadie se atreve a contradecirla en voz alta (aunque todos piensan que es un callo malayo). De esta categoría no voy a poner ningún ejemplo porque todos tenemos algún ejemplar entre nuestros conocidos. ¿A que ya estás pensando en alguien concreto?
10.Guapo por cojones. Nació feo pero no se resigna, a base de ir a la última moda, operaciones estéticas, estilimos y demás soplapolladas ahí está, entre la beautiful people (expresión absurda donde las haya). ¿Ejemplos? Guti y señora, Terelu Campos, Belén Arriba la Esteban, Victoria Escuerzo Beckham... y el máximo representante: nuestro nunca bien ponderado M.A.M.

Y por si se están preguntando si la autora se incluye en alguna categoría... pues los que me conocen no necesitan ninguna respuesta, ya saben que estoy buenísima (según me dijeron el otro día, "literalmente")

martes, 7 de octubre de 2008

Desvivir


La vida no es sólo vivir, también es desvivir. El prefijo des- es el más productivo, no sólo de la lengua española, sino de todas (en inglés un-; en ruso раз-). Qué maravilloso prefijo, a todo es aplicable.
Para hacer algo, primero hay que deshacerlo. Realmente no hacemos otra cosa en nuestras tristes vidas, hacemos y deshacemos. Como la familia Buendía.
Hacemos la cama por la mañana y la deshacemos por la noche. Ordenamos las cosas para luego ir desordenándolas poco a poco. Decimos y luego nos desdecimos, o nos desdecimos para luego poder decir otra cosa. Los comandos se articulan para luego ser desarticulados, y una vez desarticulados se vuelven a articular.
Prendemos las cosas para desprendernos de ellas. Nos deshidratamos y nos volvemos a hidratar, al igual que nos desnutrimos para volvernos a nutrir.
Damos pistas a los demás sobre nosotros y en el momento menos pensado los despistamos.
Esperamos que ocurra algo y nos desesperamos cuando no ocurre. O cuando ocurre (ten cuidado con lo que deseas, que se puede cumplir)
A todo encanto lo sigue el desencanto.
A toda gana la sigue la desgana.
A todo amor, el desamor.
Tejemos redes que nos atan a base de desatar pasiones que luego debemos destejer.
Engañamos para enamorar y luego debemos desengañar al enamorado para liberarle de su desdicha.
Así podría seguir hasta el infinito, pero hay un des- que me interesa especialmente, el desenamorarse. Quizá una de las sensaciones más desagradables que se pueden experimentar.
Es como estar agustito en la ducha y que te corten el agua caliente, como encontrar un pelo en el plato que estás comiendo con deleite. Como estar soñando que puedes volar y despertar.
Yo acabo de desenamorarme. De repente sus besos ya no me borran el mundo, de repente ya no veo al padre de mis hijos cuando lo miro, y lo que siento en el estómago cuando lo veo es pura y simple hambre.
Sólo me queda un consuelo: si acabo de desenamorarme significa que pronto me volveré a enamorar.