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lunes, 23 de mayo de 2011

Reflexión post electoral

El problema es este:

Votantes de izquierda hay de dos tipos:



1. Los que se indignan con las desigualdades porque quieren un mundo más justo. RARA AVIS



2. Los que se indignan con las desigualdades porque les ha tocado la peor parte. MEZQUINOS PERO, AL MENOS, INTELIGENTES



Votantes de derechas hay dos tipos también:



1. Los que prefieren que continúen las desigualdades porque les ha tocado la mejor parte. MEZQUINOS PERO, AL MENOS, INTELIGENTES



2. Los que, a pesar de llevar la peor parte, prefieren que continúen las desigualdades porque tienen la (ingenua) esperanza de poder acceder a la mejor parte. MEZQUINOS Y ENCIMA TONTOS DE LOS COJONES







Conclusión: porcentaje de seres humanos que realmente merecen la pena 0,000001%



Conclusión de la conclusión: El meteorito ya, por favor



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miércoles, 5 de enero de 2011

Noche de Reyes

Acabo de colocar en el salón los regalos para mi hijo y me siento a escribir. Mi intención era haber escrito el primer post del año justo después de la última campanada (bueno, para ser exactos después de los besos y brindis de rigor) porque dicen los italianos que según pases la primera noche así será tu año y no se me ocurre cosa mejor para el año que empieza, y para todos los que me queden de vida, que escribir. Pero lo que hice fue quedarme dormida con mi hijo en los brazos mientras veíamos Buscando a Nemo, y la verdad es que tampoco es mala perspectiva ni para este año ni para todos los demás.
Entre unas cosas y otras hasta aquí he llegado sin ponerme a escribir el bendito post inaugural del anhelado 2011. No me parece mal hacerlo hoy, por otra parte, porque este día, el cinco de enero, es muy especial en mi vida.
Un cinco de enero, hace exactamente 100100 años, vino al mundo una tía un poco seca, con uno de los mejores culos de Madrid y más cojones que los coros del ejército ruso. Una tía que unos añitos después (pocos) tuve yo la suerte de encontrarme bajo los dominios de Sor Dolores y aquí seguimos...
Un cinco de enero, hace exactamente 110 años, le jodí yo el cumpleaños a la arriba mencionada. Y se lo jodí porque fue ese día cuando mi vida dio un triple salto mortal a raíz de una raya rosa.
Es para mí, por lo tanto, una noche mágica y trascendental, llena de significado, una noche que me ha traído a mi mejor amiga y a mi hijo, los dos mejores regalos de reyes que nadie pueda soñar.
No recuerdo cuándo descubrí el engaño de la Noche de Reyes, recuerdo un año que no lo sabía y recuerdo otro año que ya lo sabía, pero no recuerdo el cuándo y el cómo de la revelación.
Lo que sí recuerdo, y en esto estaréis de acuerdo, es haber estado años fingiendo que no lo sabía, resistiéndome a afrontar el primer y más cruel desengaño de la vida.
Hoy voy a hacer lo mismo. Voy a fingir que no lo sé. Voy a fingir que me creo que esta noche vienen los Reyes y que me traerán lo que pida. Esta noche acepto el pacto de ficción.
Por favor, queridos Reyes Magos, creo que he sido buena (o al menos no tan mala como muchos se habrían merecido), así que ahí os dejo mi lista:
1. Un poquito más de acierto a la hora de elegir hombres (el cupo de gilipollas egocéntricos ya está cubierto)
2. Unas poquitas ganas de vivir.
3. Una coraza de amianto en la que rebote la estupidez y la mediocridad de tantos (y que en esta coraza pueda meter también a mis amigos)
Y ya no os pido más, que me enseñaron a pedir como máximo tres cosas.
Eso sí, si tenéis por ahí un amigo rey (principitos azules no, por favor, que destiñen), un rey con la corona bien puesta, decidle que aquí tiene a su reina.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Cosas deprimentes

Los parkings.
Los piercing en los labios de los adolescentes.
Los concursos de televisión.
Los programas tipo España directo, Madrid directo, Socuéllamos directo, españoles por el mundo, madrileños por el mundo, vallecanos en las rozas, tu puta madre dando vueltas en la noria, Callejeros, Montañeros, Subasteros.
El reaggeton.
Vivir con tus padres, vivir en pareja, vivir con amigos, vivir solo, vivir.
Las navidades.
Las monjas.
Las cartas del banco en el buzón.
Tener más correos en la carpeta Spam que en la Bandeja de entrada.
Los anuncios de Ferrero Rocher, Mon Chery y Kinder en todas sus variedades.
Los centros comerciales.
La gente positiva.
Los chalets adosados.
Las urbanizaciones.
Mercadona.
Llevar al niño al parque.
El canal 7.
Las revistas "femeninas".
La canción esa del año la tana que repiten cada Navidad, esa que dice eso de "I wanna wish you a merry christmas, feliz navidad, feliz navidad, próspero año y felicidad".
Mi madre, joder, mi madre deprime mucho.
Los pitufos.
La arquitectura social.
Yo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Jo qué noche...



No, no voy a hablar de esa genial película, película de culto que me hace sentir tan vieja. Con el título digo lo mínimo que puedo decir de la maravillosa noche de Hallowen que pasó la que suscribe. Ríase usted del miedo, amigo mío.
Fui invitada a una fiesta en casa de alguien a quien no conocía personalmente, aunque habíamos intercambiado correos y bloguísticos comentarios de diversa índole.
Como me dijo que podía llevar a quien quisiera, allá que me fui, con más miedo que vergüenza y acompañada de la hija de la luuuunaaaa, vestidas como putones desorejados (aunque oficialmente íbamos de ángel y demonio, que conste).
No negaré que por el camino me asaltaron ciertas dudas, incluso llegué a pensar que cuando llegásemos a la casa podíamos encontrarnos cualquier cosa, desde unos encapuchados dispuestos a sodomizarnos a una reunión de los testigos de jehová, elija usted lo que más le acojone...
La persona en cuestión me sorprendió, me esperaba a alguien con más mala leche, pero era dulce y juguetona. Se le notaba la felicidad, esa felicidad tranquila que no se puede esconder.
En la fiesta constaté que los de mi generación somos los más mejores, las personas más simpáticas e interesantes de la velada eran mis coetáneos.
Pero no voy a hablar de la parte positiva, porque si lo hiciera no sería yo, ni escribiría un blog y porque la parte positiva es un coñazo, vamos a ser sinceros...
Durante la noche perdí la cuenta de las veces que me pregunté a mí misma si a los veintipocos (es decir, hace un par de años) sería yo una persona tan insoportable como los jovenzuelos que por allí pululaban, con un par de honrosas excepciones, eso sí.
Había uno en concreto que cada vez que hablaba subía el pan. Pero como es de bien nacido ser agradecido, yo le agradezco infinitamente todas las veces que me hizo descojonarme en mi interior. Tontunas he oído muchas, se lo puedo asegurar, pero aquella noche me las vi con auténticos profesionales. Estos post-adolescentes nihilistas que ya lo han vivido y lo saben todo me hacen llegar siempre a la misma conclusión: qué malo es el perico, joder, sobre todo para los que luego les tenemos que aguantar la zarpa a los enzarpídem (mola el palabro, ¿eh?)
Como dijo alguien en la fiesta, con gran genialidad "Joder, esto parece Twin Peaks", a lo que un manco con más luces de bohemia que don Ramón María le apuntilló "Sí, pero en la tercera temporada".
Claro que aprendí grandes cosas, como por ejemplo que debo tirarme a una lesbiana (pero no bisexual, lesbiana) por lo menos una vez en mi vida. Además, asistí al recital que nos dio un impúber que llegó acompañado de un hombre pegado a un porro y una niña pequeña.
Vino, creó y se fue.
Y yo acabé la noche con los leggins de ELLA, sentada en su cama y agustísimo.
Si uno que yo me sé nos hubiera visto por un agujerito...