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viernes, 22 de febrero de 2013

La purga de Benito

Los que me lean de vez en cuando ya sabrán cuánto admiro a mi abuela y cuánto me gusta citarla. Pues hoy voy a hacerlo una vez más. Cuando estábamos malitos y nos daba algún remedio para ello y nosotros, sin haber dejado transcurrir el tiempo necesario para que el proceso siguiera su curso, nos quéjabamos de que seguíamos sintiéndonos mal, ella nos decía siempre "A ver si te crees que es la purga de Benito, que no se la había tomado y ya le hizo efecto"
Vivimos, por desgracia, en la era de la purga de Benito. Todo es rápido, todo es ya, todo es sin esfuerzo...
Se adelgaza comiendo cochinillo y en tres días, se aprende sánscrito en dos tardes (en tres ya llegas a bilingüe), en cofiplis y similares te dan el dinero a la de YA para tus caprichitos. Por cierto, siempre me he preguntado si luego te mandarán un Valodia para que te parta las piernas si no pagas, pero eso es otro tema.
El caso es que ahora sólo respondemos a la gratificación inmediata y lo que no funciona a la primera lo abandonamos decepcionados.
Vivimos en la ciudad, vamos al supermercado y compramos tomates. No hemos pasado por el proceso de plantar la semilla, regarla, cuidarla, esperar a que la tomatera crezca, dé flor en primavera y esa flor se transforme en un jugoso tomate de esos que nosotros, según mi madre, ni hemos catado ni cataremos.
En las páginas de ligoteo de internet la gente te envía el primer mensaje pasándote el correo, el teléfono, el facebook y todo lo que haga falta para que lo contactes inmediatamente, quedar y follar todo es uno. Lo de escribirse, cortejarse, ponerse mil veces nervioso, elucubrar, imaginar... eso ya no se estila. Todo eso viene después del primer polvo, queremos levantarnos una mañana teniendo en la cama una pareja de seis años de relación, sin darnos cuenta de que, para ello, hay que invertir ni más ni menos que seis años.
Vivimos en la era de los 140 caracteres, la entrega en 24 horas, el doble check inmediato. Hemos perdido uno de los más maravillosos y agridulces placeres: esperar.
Por consiguiente, como todo ha de ser inmediato, asumimos que lo que no sucede inmediatamente nunca sucederá. Y la mayor y devastadora muestra  es el estado en el que se encuentra España, la cual ostenta el dudoso honor de tener  los políticos más cortoplacistas del mundo. Todo lo que no ha de dar mucho dinero y muy rápido no merece la pena. Hay que estudiar ADE y másters MBA, para ver rápido dónde está el negocio. Lo de ser biólogo y aspirar a encontrar la cura de algo es de progres trasnochados. 
Y lo peor de todo: queremos que con protestar una vez nos hagan caso. Vamos a UNA manifestación y decimos "no sirve para nada". Y es verdad, una no sirve para nada, al igual que no sirve para nada ir un día a la universidad, una abdominal o regar una planta una vez. Es el acto repetido lo que marca la diferencia, la insistencia, el tesón. La paciencia. Eso que hemos perdido, eso que necesitamos, por encima de todas las cosas, recuperar.
Porque las manifestaciones no son, como diría mi abuela, la purga de Benito, que no se la había tomado y ya le hizo efecto.
Y menos aun cuando se está tan enfermo como lo está nuestro país.

martes, 18 de septiembre de 2012

El amigo guapo

Con las cosas de la política, me he acordado de una historia muy graciosa y absolutamente verídica que conocí yo en mis años hosteleros. Había dos amigos, uno era alto, guapo, morenazo y tal. El otro era bajo, gordo, estrábico y tartamudo. Los dos eran plenamente conscientes de las circunstancias, así que cuando salían por ahí y divisaban hembra apetecible era siempre el guapo el que cogía el pico y la pala y allá que se iba. Un noventa y nueve por ciento de las veces la operación era exitosa y hembra apetecible acababa en casa de amigo guapo... pero no estaban solos. Amigo gordo, como una sombra imperceptible, había estado todo el tiempo con ellos, pero hembra apetecible, obnubilada por los hercúleos pectorales y la ebúrnea sonrisa de amigo guapo, no se percataba de la otra presencia hasta que era demasiado tarde.
Corría el alcohol, amigo guapo bebía, hembra apetecible bebía, entraban en un absoluto estado de embriaguez, amigo guapo se dormía en el sofá, hembra apetecible se quedaba a medias.... y entonces era el momento de amigo gordo, quien, aprovechándose de la peligrosa mezcla de alcohol e insatisfacción sexual que tanto bien ha hecho por la vida amorosa de las personas feas, sustituía al bello durmiente.
Habría casos, me imagino, en los que hembra apetecible no cayese en la trampa y saliese huyendo indignada y espantada, pero entre las que iban y las que venían, amigo gordo metía.
Parece que los madrileños debemos de ser para los políticos del PP una hembra bastante apetecible, y además tienen muchos amigos gordos que colocar, porque ya es la segunda vez que nos la cuelan en poco tiempo. 
Se presentan a las elecciones con un cabeza de lista con tirón popular y posibilidades de ganar, ganan y, al poco tiempo se marchan dejándonos el zurullo de coña (lo malo es que ellos no trabajan ese arrrtículo), en forma de cornuda esposa de ex presidente vigoréxico o de ladilla pijoide implicada en la trama Gürtel.
Y nosotros, borrachos y jodidos, nos lo tenemos que comer, sin más.
Un momento... ¿nos lo tenemos que comer? ¿de verdad? Creo que ahora nos toca decidir qué clase de hembra apetecible queremos ser: la que se resigna al "date por follada" o la que pone al guapo y al amigo del guapo donde los tiene que poner y se va con un guapo de verdad, sin amigo gordo y que no se duerme borracho en el sofá.
Porque, oye, os juro que también existen.


lunes, 20 de agosto de 2012

Ponte traje

No, no voy a hablar de Barney Stinson, aunque sea un personaje gracioso y haya hecho suya la frase que da título a esta entrada. Como ya habréis notado, Barney es una caricatura de un personaje que, por desgracia, abunda en nuestra sociedad. Y lo malo no es ya que abunde, sino que es envidiado y usado como modelo de éxito en la vida.
Id a cualquier empresa y os encontraréis como mínimo un par de Barneys. Bueno, para ser exactos os encontraréis al menos un par de "quiero ser Barney". Porque esos pobres idiotas ni son guapos, ni se tiran cada día a un pibón distinto ni viven en un lujoso apartamento neoyorquino.
Pero tienen algo en común con él: su absoluta obsesión por llevar traje.
Llevaba yo mucho tiempo cavilando sobre esta cuestión: el traje. ¿Por qué el traje? ¿Por qué en tantas empresas te obligan a llevar traje? ¿Por qué en ese requisito tan ambiguo que se conoce como "buena presencia" entra indefectiblemente el traje? Hubo en tiempo en que yo entendía que cuando decían "buena presencia" se referían a que estuvieras buenorro. Es lógico que lo entendiera así, puesto que en mis años mozos me ganaba las judías como modelo y camarera de pub y discoteca, y para ambos trabajos requieren a chicas que estén buenorras. Es harto injusto, lo sé, pero así es la vida. En ambos casos se trata de vender imagen más que de otra cosa, y, si hay que vender, vende más un buenorro. Eso es así, podéis indignaros, rebatirme y llamarme vanidosa en todas sus variantes, pero no por eso tendré menos razón. Y la prueba de que tengo razón es que en aquella época para las entrevistas de trabajo lo único que yo hacía era ponerme muy guapa: llegaba al garito en cuestión, el encargado me veía y me contrataba, sin saber si yo sabía poner una copa o si distinguía la ginebra de la cerveza.
Más tarde supe que el término "buena presencia" no quería decir que tuviera uno que ser necesariamente prieto de carnes y bello de faz (aunque nunca está de más), sino ir apropiadamente vestido. Y aquí es donde viene la duda, porque uno pensaría que con ir con ropa que no resulte obscena y esté limpia es suficiente, pero no. Tiene que ser un traje, y en el caso de las mujeres es mucho peor porque los hombres aún se apañan con un par de trajes y tres camisas pero las mujeres debemos tener un sinfín de modelitos siempre a la última y con sus respectivos zapatos, bolsos y complementos...
La gracia de todo esto es que luego se ven espectáculos como señores que van con traje y corbata y con una halitosis que tira de espaldas o señoritas con un bolso de Luis Putón pero con grasa en el pelo como para freír tres kilos de patatas. O señoras con traje, sí, pero con un escote que tiene a sus compañeros todo el día emulando al homo erectus.
Entonces, ¿por qué? ¿Por qué no vale un chico con un chándal limpio la melena reluciente y el aliento de rosas? ¿Por qué tiene que llevar traje?
La revelación me llegó no hace mucho, durante una conversación con el que me paga el sueldo (porque ya sabéis que yo, ni dios ni amo). En un momento de la charla yo le dije algo así como "yo soy una obrera" y él se echó a reír y me dijo "tú qué vas a ser una obrera", yo me sorprendí. "¿Por qué dices eso?" le espeté, a lo que él me contestó "pues ni que fueras tú con mono"
Ahí se me hizo la luz. Ésa es la razón, y no otra, de que nos obliguen a ir con traje. Nos obligan a vestirnos como ellos para que creamos que somos como ellos, que estamos en su lado del mundo.
Ponle a alguien un traje, que se compre un cochecito en lugar de ir en metro a trabajar y que esté sentado a una mesa y, automáticamente, se le olvidará que es un obrero, se sentirá superior a "los del mono", se sentirá de los elegidos. 
"No te confundas" le dije aquel día "No sólo son obreros los que llevan mono".  Yo no me dejé, no me dejo, engañar. Yo soy una obrera, sé lo que soy, de dónde vengo y en qué lugar estoy. Pero empiezo a temer que yo soy una excepción.
Ya no tenemos conciencia de clase, ése es nuestro problema. Nos la han quitado mediante un truco tan sencillo como ponernos una corbata e impedir que nos ensuciemos las manos. Pero somos esclavos, sus esclavos. No tenemos lo que ellos tienen, nuestros hijos no heredarán lo que los suyos.

La lucha de clases ha muerto estrangulada con un nudo windsor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Rojo oscuro, casi negro

Hoy me apetece divagar, hablar un poco de todo lo que me pudre el alma.
¿Por qué soy de izquierdas? Es una pregunta que me hago mucho últimamente. No lo puedo contestar escuetamente. Lo que tengo claro como la luz del día es que lo soy de nacimiento.

No hace mucho leí que estaba más o menos aceptado científicamente que la ideología política se lleva en los genes. Tiene sentido. Si el carácter se lleva en los genes también ha de llevarse la ideología política, siendo, como creo firmemente que es, un rasgo de la personalidad.

No entiendo a la gente que se declara apolítica, que dice no tener ninguna ideología. Sinceramente, no me lo creo. Todos tenemos una ideología, puesto que una ideología responde a una serie de principios éticos y todos los tenemos. Hasta el que tiene por principio actuar siempre y sólo en su propio beneficio, hasta el que tiene por principio cambiar de principios según le convenga, hasta el que tiene por principio seguir gregariamente a la manada. Todo eso no dejan de ser principios, normas internas que seguimos. Todos tenemos una ideología y esa ideología se inclina a la izquierda o a la derecha. Eso es así. Lo que ocurre es que cuando se habla de ideología siempre salen a relucir los partidos, los estados, los países, y eso es otra cosa. Yo hablo de la ideología, no de las personas que pretenden representarla.

Yo creo que de derechas o de izquierdas se es de forma involuntaria, natural. Yse muestra en los actos, no en las palabras. Una persona, para mí, es de izquierdas cuando me lo demuestra con su comportamiento, no cuando dice que lo es. Así, he conocido personas de izquierdas que creían ser de derechas y personas de derechas que decían ser de izquierdas. Lo que me reafirma en la constatación de que la cultura política es desastrosa, llena de mitos y profundamente corrompida.

Encuentro muchos obreros que votan a la derecha, que se declaran de derechas, pero lo que luego demandan es la izquierda. Cuando el jefe, el gobierno, la sociedad en general, exhibe comportamientos de derechas estas gentes protestan indignadas, "qué poca vergüenza, qué hijos de puta, no hay derecho", "pues ¿qué pensabas que era la derecha?" les contesto siempre yo.

Con mi compañera y sin embargo amiga Chispita (su nombre real ha sido cambiado para preservar su intimidad) se obró el milagro. Cuando la conocí, ella, una mileurista sin estudios universitarios que vive con sus padres en un barrio obrero de Madrid, se declaraba de derechas. En un principio, como siempre me pasa en estos casos, asistí a esto con una mezcla de indignación, perplejidad y tristeza, pero pronto descubrí que lo que le ocurría era sencillamente que estaba profundamente desinformada. Chispita era y es una bellísima persona: solidaria, empática, con un sentido de la honradez y la justicia fuera de normal. Desgraciadamente, tenía en su cabeza un revoltillo de mitos y cuentos para asustar niños sobre la izquierda impresionante. A medida que nos fuimos conociendo constaté que todas sus opiniones coincidían al 99% con las mías, o sea,  eran totalmente de izquierdas, al igual que su comportamiento en el trabajo, con los compañeros y en general. Un día le lancé la inevitable pregunta "¿Pero tú estás segura de que eres de derechas?" a lo que ella me respondió "es que soy realista y la izquierda es una utopía". Le expliqué que lo que me decía era tan absurdo como  si todos nos suicidásemos porque vivir para siempre es una utopía, así que ¿por qué seguir? Ese día, como mínimo, le hice pensar.
Más tarde, poco antes de las elecciones generales, Chispita contestó un cuestionario para saber qué partido respondía mejor a lo que ella quería y acabó votando a Equo (el cual le salió con un 100% de compatibilidad), un partido inequívocamente de izquierdas.

Ahora es cuando las voces indignadas de los españoles "de bien" me gritan "¡No es justo, estás equiparando ser buena persona con ser de izquierdas, como si todos los de derechas fueran malos!"
Pues lo siento mucho, pero en cierto modo es así. Una persona puede ser de derechas por uno de estos tres motivos (al menos uno, que también pueden ser los tres a la vez): es egoísta y le importan una mierda los demás, es estúpido y/o está manipulado o mal informado. El caso de Chispita, que ni es egoísta ni estúpida pero estaba mal informada, demuestra esta teoría.

Si encontráis una sola persona que sea generosa y justa, inteligente y culta y sea de derechas presentádmela. No la encontraréis. Os lo garantizo.

Yo no digo que yo sea una buena persona (si lo fuera seguramente no tendría tanta facilidad para desearle todos los males del infierno a Esperanza Aguirre o Aznar), pero os aseguro que lo intento con todas mis fuerzas. Creo que tonta no soy (al menos no lo suficiente como para no darme cuenta de cuál es mi bando)  y, desde luego, estoy informada, puesto que procuro siempre picar de todos lados y sacar mis propias conclusiones.

Pero la principal razón por la que soy de un rojo oscuro, cada vez más oscuro, casi negro, es esta rabia. La rabia que me impide y me impedirá siempre aceptar que "siempre habrá ricos y pobres" y que "es lo que hay", que me impide aceptar que el mundo es como el Titanic y los que van en primera clase tienen más derecho al bote salvavidas que los de la bodega.
La rabia me hace seguir caminando hacia ese horizonte que es la utopía, aun a sabiendas de que nunca lo alcanzaré.

Pero no por eso voy a dejar de caminar.

martes, 6 de marzo de 2012

Poli corrupto, papi violador



¿Os habéis fijado en que en las pelis de dar miedo el malo malísimo siempre resulta ser uno que se suponía de los buenos?


El policía corrupto siempre me ha dado mas miedo que el delincuente. Si te ataca un delincuente vas la policía, pero ¿A dónde vas si te ataca la policía? Lo mismo pasa con los padres que abusan de sus hijos. Es muy jodido que te violen, pero si encima te viola el tipo del que se espera que reviente a hostias a quien te hace daño es devastador.


Tengo miedo porque he comprendido que estamos siendo violados por nuestro padre y, encima, el policía al que se lo hemos ido a contar es corrupto.

Siento indefensión, no sé a dónde acudir, no sé cómo luchar contra quien me ataca. Tengo incluso miedo de pensar.


Ahora resulta que Oceanía nunca estuvo en guerra con Eurasia

Vivimos la peor de las esclavitudes: la del que cree ser libre.


Cuando de pequeña las monjas intentaban adoctrinarme con la historia de Luzbel, el ángel caído, solía preguntarme si no habría ganado en realidad el malo y, como todo vencedor, contaba su versión de los hechos.


Ahora no me cabe ninguna duda.








lunes, 23 de mayo de 2011

Reflexión post electoral

El problema es este:

Votantes de izquierda hay de dos tipos:



1. Los que se indignan con las desigualdades porque quieren un mundo más justo. RARA AVIS



2. Los que se indignan con las desigualdades porque les ha tocado la peor parte. MEZQUINOS PERO, AL MENOS, INTELIGENTES



Votantes de derechas hay dos tipos también:



1. Los que prefieren que continúen las desigualdades porque les ha tocado la mejor parte. MEZQUINOS PERO, AL MENOS, INTELIGENTES



2. Los que, a pesar de llevar la peor parte, prefieren que continúen las desigualdades porque tienen la (ingenua) esperanza de poder acceder a la mejor parte. MEZQUINOS Y ENCIMA TONTOS DE LOS COJONES







Conclusión: porcentaje de seres humanos que realmente merecen la pena 0,000001%



Conclusión de la conclusión: El meteorito ya, por favor



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sábado, 14 de agosto de 2010

Dinero



Hace años vi en el programa de la insufrible AR una entrevista (de los miles de millones que se han hecho) a una prostituta de lujo. A pesar de llevar pelucón y gafas para ocultar su identidad, se veía perfectamente que la moza estaba de muy buen ver y que todavía era potrilla: veinte años tendría a lo sumo la criaturita, pero ya tenía las cosas muy claras.


La insufrible AR, haciendo un alarde de su indiscutible buen hacer periodístico, le preguntó si no lo pasaba mal cuando requería sus servicios algún hombre muy mayor o poco agraciado, a lo cual ella, con una frialdad que ponía los pelos de punta, respondió: "No, yo sólo veo dinero".
Como he dicho, hace años de eso, pero yo lo recuerdo nítidamente. Me impresionó de tal forma que no he podido olvidarlo. Fue entonces cuando se concretó ante mí una idea que llevaba tiempo gestándose en mi cabeza: Quien quiere dinero sólo ve dinero.

El genial genialísimo (tanto que ni me acuerdo de que es argentino) Federico Lupi lo dice muy ingeniosamente en la película "Éxtasis": "En esta vida hay dos clases de personas, dos nada más: los que quieren dinero y los que no saben lo que quieren".

Mira que he conocido personas en mi vida... pues todas entraban en uno de esos dos grupos.

Los que no sabemos lo que queremos pensamos que también queremos dinero, pero eso no es así. Lo que ocurre es que cuando pensamos en las cosas que nos gustaría hacer o tener nos damos cuenta de que, en la mayoría de los casos, se consiguen o mejoran con dinero. Nos imaginamos, por ejemplo, una bonita casa (cuesta dinero), viajar y ver mundo (cuesta dinero), tener tiempo libre y no tener que trabajar (cuesta dinero), y un largo etcétera...

Los que quieren dinero quieren el dinero en sí mismo. Son como el tío Gilito, quieren tenerlo almacenado, disfrutan con la idea abstracta de su dinero amontonándose de forma obscena, cada céntimo ganado o ahorrado trae consigo una satisfacción, pero también el prúrito de ahorrar o ganar un céntimo más.

Los que no sabemos lo que queremos no renunciaríamos a ciertas cosas por dinero, ya que precisamente queremos el dinero para poder tener esas cosas.

Los que quieren dinero, como aquella bellísima y joven prostituta, sólo ven dinero.

Recientemente ando en tratos con uno de estos Gilitos de la vida. Por fuera está muy lejos de parecerse a aquella prostituta, no es joven ni, desde luego, guapo (es más, jamás lo fue, por eso me juego el cuello), y no es prostituta, o al menos eso se cree él. Es un señor respetable (para quien lo respete, claro, que no es mi caso), casado, padre, católicoapostólicoyromano. Pero cada vez que lo miro, que le veo pagar sueldos miserables sin inmutarse por el hecho de que sus empleados no lleguen a fin de mes, dolerse de cada céntimo que gasta, veo en él a aquella chica que afirmaba en el programa de AR "yo sólo veo dinero".

Eso sí, con dos agravantes: Éste ofende a la vista de puro feo y no sabe que, en el fondo, no es más que una puta.

viernes, 14 de mayo de 2010

Querido tío-abuelo Rafael:

No te conocí, moriste antes de que yo naciera. Pero eso no ha impedido que sepa mucho de ti. Mi abuela, tu hermana, me contó tu historia. Después mi madre, tu sobrina, te recordó muchas veces.
Te convertiste en mi anécdota favorita, yo solía, suelo, bromear sobre mi incorregible rojez aludiéndote: "A mí me va a pasar como a mi tío-abuelo Rafael, que se murió de rojo".
Hoy te comprendo más que nunca, querido tío. Hoy se me presenta clarísima la rabia que debiste sentir aquel día (tanta rabia que te provocó el infarto que te mató) cuando oíste por la radio que los nacionales habían entrado en Madrid.
Mi abuela, tu hermana, me lo contaba siempre. Tú habías luchado por tus derechos, por los de todos lo que eran como tú... como yo. Los que hemos nacido en la parte mala del mundo, los que, simplemente, no nos conformamos con la puta mierda esa de "siempre habrá ricos y pobres". Tú habías contemplado tu sueño hecho realidad, tú habías ido a votar y habías visto el triunfo electoral de la izquierda, tú habías visto luego desmoronarse todo tras el golpe de estado de los que no pueden resistir no mandar. Y fuiste al frente, y luchaste. Y el día en que oíste que, al final, los nacionales habían entrado en Madrid, como en un sueño, tomaste a tu niña pequeña de la mano y saliste a la calle, pero en el umbral, con tu niña pequeña de la mano, caíste fulminado. No lo soportaste. Así, sin más.
Por lo menos te libraste de los cuarenta años. Cuarenta años de rabia contenida, de glorias y monumentos a caídos, SUS caídos. Cuarenta años de calumnias y humillación para los otros caídos....
Y, sobre todo, te has librado de tener que ver esto: que siguen mandando ellos. Que nosotros tenemos la falsa ilusión de que vivimos en democracia, pero calladitos. Sin pedir derechos, sin pedir justicia, sin tocarles sus prevendas. Porque si nos atrevemos a levantar la voz, enseguida nos ponen en nuestro sitio.
Tú ya no estás aquí, por suerte, para ver suspendido al único juez que ha intentado hacer justicia después de treinta y cinco años .
Pero no te preocupes, que tu rabia sigue viva. Aquí la tiene ahora, toda, enmarañada en el estómago, mezclada con la vergüenza, tu sobrina-nieta que nunca te conoció.

sábado, 10 de octubre de 2009

Cinco de todo revuelto



Eso es lo que nos decía mi madre cuando le preguntábamos ¿Qué hay de comer?, y lo que ella pretendía darnos no era un plato único, como estofado o lentejas, sino cosas que le habían ido sobrando y que aprovechaba para endosarnos de una vez. Así nos presentaba ante los ojos y los dientes un plato con cosas como un huevo frito, una salchicha, tres pimientos, dos croquetas y medio filete. Un día le pregunté a mi queridísima por el origen de aquella expresión y me dijo que era lo que le pedían al de la tienda de chuches cuando eran pequeños y no se querían decidir por un único caramelo, cinco céntimos de todo revuelto. Entonces, cómo no, me vino la reflexión.
Cuántas veces en la vida optamos por eso, por cinco de todo revuelto en lugar de concentrarnos en un único objetivo. Tengo la impresión de que las personas que triunfan en la vida (según la concepción moderna de triunfar, claro, que para mí triunfar es otra cosa) son las que se ponen las orejeras de burro y no ven más que lo que quieren ver. Esas personas nunca piden cinco de todo revuelto en la tienda de chuches.
Hoy, para celebrar la reinauguración de mi blog, quiero escribir un cinco de todo revuelto. Un post sin tema y con todos los temas.
En mi última entrada os pedí que me sugirierais palabras, si he de ser sincera ninguna me inspiró. Pero voy a usarlas todas.

Bebé: el olor más maravilloso del mundo es el que desprende la coronilla de un bebé, tener un bebé en brazos es una sensación orgásmica. En un bebé todo es energía potencial. Por eso los adoro.

Albahaca: yo nunca digo albahaca, aunque como palabra árabe que es me encanta, siempre digo basilico, en italiano. Vaya usted a saber por qué. Hoy he soñado que viajaba a Venecia para reconquistar al mio marito, eso nunca sucederá. Fui imbécil y eso ya no tiene solución.

Churro: no me gustan los churros, perdone usted, yo soy de porras. Se puede saber mucho de una persona a través de estos detalles supuestamente inocuos. A mí la gente que prefiere los churros me da como grimilla.

Sardónico: cuando oigo esta palabra no puedo evitar asociarla a la risa. Una risa sardónica, qué habría sido de la mala literatura sin esta combinación léxica.

Durazno: lo siento pero para mí no existen los duraznos, existen los melocotones. Y ni siquiera. Cuando Prognato era Prognatito aprendió a decir melón, y cuando intentamos enseñarle a decir melocotón él dijo melón toncón. Desde entonces en mi casa no se comen melocotones sino melontoncones.

Leitmotiv: esta palabra no encaja en este post, por lógica pura. Quien tenga un leitmotiv nunca podrá entender el concepto del cinco de todo revuelto.

Resiliencia: esto es lo que un gitano diría "a las penas, puñalás"

Estólido: Aznar.

Clamar: lo siento, cuando oigo esta palabra sólo puedo recordar aquella poesía que recitaba un argentino mientras hacía una performance (¿o es un performance?) "Dios las puso en el fin de la Tierra, son las islas Malvinas que claman venganza y al pueblo argentino"

Ferocidad: esta palabra me parece entrañable, siempre me hace recordar a la Golfita de cachorra intentando matar a aquel peluche.

Joder.... qué mierda: es aplicable a taaaaaaaantas cosas.....

Mastur-Bar: hay que masturbarse más, pero no el cerebro, ¿vale?

Mausoleo: Yo estaba nerviosa, emocionada, mientras la fila avanzaba, la luz era tenue como corresponde a tan solemne lugar. De repente, antes de lo esperado, apareció ante mí. Parecía que estaba dormido. Era él. Se me escapó una lágrima. Menos mal que estás muerto, pensé, y no puedes ver lo que han hecho con tus ideas. Podría tratarse de Cristo, pero era Lenin.

He vuelto, y con ganas renovadas. Gracias por leerme, gracias por esperarme.


lunes, 7 de septiembre de 2009

Cojones



Recientemente me han dicho algo que se me había olvidado. Y me lo ha dicho la última persona que hubiera imaginado, por eso sé que es verdad.
Hoy me han dicho que tengo un par de cojones y que la verdad, tarde o temprano, siempre sale a relucir. Es verdad, siempre lo ha sido, pero yo lo había olvidado.
Claro que tengo un par de cojones, son congénitos. Tengo los cojones de mi abuela materna y sus hermanas y tengo los cojones de mi abuela paterna y su hija. Y tengo los cojones de mi madre, que tiene más cojones que todas las demás juntas.
Casi se me olvida. Casi me lo hacen olvidar los últimos acontecimientos de mi vida.
Los cojones grandes, igual que los escrúpulos, son una carga muy pesada. No hacen la vida más fácil, sino todo lo contrario.
Muchas veces he intentado ponerme un suspensorio, atarme los cojones, intentar encogérmelos. Pero no hay nada que hacer. Los cojones se desbordan, rebosan, no se pueden controlar.
Llevaré mis cojones con resignación, ya que me han tocado en la lotería genética con ellos tendré que cargar.
Además, la verdad siempre sale a relucir tarde o temprano. Y la verdad es la verdad, aunque ya no quede nadie para verla... qué cojones.


viernes, 30 de enero de 2009

Vale, lo acepto


Acepto que no puedo cambiar el mundo... pero no consentiré que el mundo me cambie a mí.

Acepto que no puedo hacer siempre lo que quiero... pero no haré nunca lo que no quiero.

Acepto no ser el centro de todas las miradas... pero nunca miraré a donde todos miran.

Acepto que siempre habrá ricos y pobres... pero nunca dejará de enfurecerme que los haya.

Acepto que esto es lo que hay... pero nunca dejaré de rebelarme contra ello.

Acepto que hay personas malas... pero nunca dejaré de confiar en las personas.

Acepto que el dinero lo puede comprar todo... pero nunca venderé una sonrisa que no me apetezca dar gratis.

Acepto que el amor duele... pero nunca desterraré de mi estómago las mariposas que regresan cada tanto.

Acepto que si yo no hago algo inmoral otro lo hará... pero que lo haga otro.


domingo, 11 de enero de 2009

Yo no soy nada


Yo no soy nada y del polvo nací... me enseñaron a cantar las monjas de pequeña.
Tenían razón: nací de un polvo (como todos) y además no soy nada.
Yo no soy nada, lo siento constantemente. Lo confirmo cada día, al encender el televisor y recibir el horror que vomita sin cesar.
Yo no soy nada, no soy nadie, y no puedo detener tanto horror.
Veo bombas, veo niños heridos, niños que lloran. Soy empática, por suerte o por desgracia, y no puedo evitar ver a mi hijo en esos niños. Me pregunto si los que provocan eso tienen hijos, si saben lo que duele un hijo o si saben que a todos nos duelen nuestros hijos.
Cuando un hijo llora el corazón se desgarra. Cuando un hijo sufre es insoportable. Cuando un hijo falta nos falta el aire.
Veo a un niño herido, al que cosen sin anestesia, un niño muy pequeño que llora de dolor. ¿Qué haría yo si tuviera que ver a mi propio hijo padecer así? ¿Qué puedo hacer yo para que ninguna madre tenga que ver eso? Nada. Porque yo no soy nada. Yo no cuento, como no cuentas tú, ni ése, ni aquél. Y los que sí cuentan no deben saber lo que duele un hijo. Y si lo saben deben creer que no a todos nos duele por igual. Y si no lo creen les da lo mismo.
Los que pueden hacer no hacen. Y yo, ¿qué puedo hacer yo?
Hago lo único que puedo: abrazar a mi hijo y sentirme muy agradecida por que no sea él al que cosen sin anestesia.
Y escribir esto, aunque esto no sirva para nada.
Porque yo no soy nada. Ni tú. Ni ése. Ni aquél.

Y mucho menos éste:





Que me expliquen que tiene que ver esto con Hamas

lunes, 29 de diciembre de 2008

Defendamos la familia

Estos son Kangu y Rito, son madre e hijo y viven en el Bosque de los Cien Acres. Son muy felices con sus amigos Winnie The Pooh, Tigger, Conejo, Pigglet, Búho, Igor y Topo.
Kangu es una gran mamá, cuida de su hijo y le enseña a ser bueno, comprensivo y cariñoso. Rito es alegre, juega, se divierte y se siente muy querido.

No hay señor Canguro por ningún sitio.

Mi hijo Tristán dice que yo soy Kangu y él es Rito. Supongo que se siente identificado con la situación. Al igual que Rito, él tiene una mamá cariñosa que siempre está a su lado. Lo baña por las noches, le da la cena y muchos muchos mimos.

Tristán es muy feliz: tiene a su mamá, tiene a sus abuelos, tiene a su tío tata, tiene a su tío David que viene una vez a la semana y le canta lo de Patapalo el Pirata Malo, y tiene un "viene papi" una vez al mes, que se lo lleva al zoo y a dormir al hotel, juega con él a los coches y habla de forma diferente que el resto de su familia. Tristán, como ya he dicho, es muy feliz. Se nota porque la felicidad no se puede fingir ni esconder. Y Tristán la irradia por cada poro de su escaso cuerpo. Es muy cariñoso y se ríe constantemente.

A ver ahora quién es el guapo que le explica que lo que él tiene no es una familia, y que en realidad él es un desestructurado, que seguramente saldrá homosexual y habrá que llevarlo al psiquiatra para que lo cure y que es una vergüenza que el gobierno ayude a desharrapados como nosotros, que atacamos y desprestigiamos a la verdadera familia, base de nuestra sociedad.

A ver quién es el guapo que le cuenta a mi hijo que su mami es menos mami porque lo dicen unos tíos vestidos de rojo y con cara de amargados, que, curiosamente, no tienen familia a pesar de lo mucho que la defienden.

A ver quién le convence ahora a mi hijo de que, en vez de la dulce Kangu y el alegre Rito, la verdadera familia es esto:






¡Qué preciosa estampa!






martes, 21 de octubre de 2008

¡Y también dos huevos duros!

Desde que mi última jefa tuvo el amable detalle de despedirme cuando le pedí que no me llamase gilipollas, estoy en el paro. Debe ser cierto lo de la crisis, porque yo siempre he encontrado trabajo rápido gracias a que soy poliidiota (como decía mi amigo Darío), es decir, puedo hacer el imbécil en varios idiomas, pero esta vez me está costando.
Todos los días tengo una matutina sesión de portales de empleo en Internet, con su correspondiente hervido de sangre en las venas ante la contemplación de la jeta de hormigón armado que se gasta el empresario español.
Este elemento, del que no comprendo que no se haya hecho aún un documental de National Geographic, siempre se ha caracterizado por su avaricia sin límites y ruindad sin parangón, pero ahora, escudados en la crisis, están alcanzando cotas de negrero sudista de antes de la guerra (la civil de los estados juntitos, of course).
Están desaforados, en una orgía de sangre y frenesí, y piden, piden, piden... me recuerdan a la genial escena del camarote de los hermanos Marx, cuando llega el camarero y empiezan a encargarle comida: Groucho pide una cosa detrás de otra y, cuando parece que ya ha terminado de pedir, surge la voz de Chicco por detrás "¡Y también dos huevos duros!".
Las ofertas de empleo actuales son un camarote de los hermanos Marx, no sólo por la masificación, sino por los requisitos, tienes la impresión de que al final de la oferta alguien te va a gritar el famoso "¡Y también dos huevos duros!".
Dos o tres idiomas, nivel bilingüe por supuesto (como si el nivel bilingüe se pudiese comprar en el Rastro), contabilidad, licenciatura universitaria, excelente presencia, dotes comerciales, 25 años de experiencia, haber residido en el extranjero, nivel avanzado de informática... y luego todas estas cositas que se han sacado de la manga: persona proactiva (traducción = mientras haces las tropecientas mil cosas que te he mandado te pones una escoba en el culo y vas barriendo la oficina), tolerancia al estrés (traducción= soy un hijo de puta y tú te tienes que aguantar mis insultos y malos modos), flexibilidad horaria (traducción = te irás de aquí cuando a mí me salga de los huevos, no tendrás vida privada y las horas extras ya te serán compensadas en el cielo, porque lo que es yo te voy a pagar el centro de un donut), te dan ganas de preguntar: Oiga, ¿el anal intruder lo pone la empresa o lo tengo que traer yo?
Claro que estos cómicos son profesionales, porque el verdadero clímax del chiste llega cuando te hablan del salario, mejor ni lo menciono, que no quiero que tengáis pesadillas...
Y te vas de allí diciendo: "o sea, que voy a ganar menos de lo que ganaba poniendo copas para pagarme la carrera... ¡y eso que hace ocho años! No me salen las cuentas, normal, siempre fui de letras.
Menos mal que siempre tenemos al Estado para velar por nosotros, dicen los banqueros, porque a los curritos de a pie lo que nos queda es el mencionado anal intruder.

martes, 14 de octubre de 2008

Haber nacido macho

Como se dice el pecado pero no el pecador, no diré de quién era la boca de la que salió esta frase, aunque muchos ya lo sabéis.
Allá por los años cuarenta, cuando para muchos en España se vivía mejor, cierta mujer estaba en su casa limpiando y cuidando a sus tres hijos pequeños cuando llegó su marido después de todo el día fuera.
El hombre se lavó, se puso como un pincel (con la ropa que había lavado y planchado su esposa, por supuesto) y se disponía a marcharse al café cuando ella le dijo: "¿Ya te vas otra vez?". Él, que no era casi chulo, se volvió con todo el cuerpo y contestó: "¿Pues no lo ves?" y ella, con gesto cansado, se aventuró a quejarse: "Yo siempre aquí sola con los niños y tú divirtiéndote". Entonces él, sin mirar atrás abrió la puerta y, antes de salir, dijo la frase, la puta frase, la frase maldita que ella había de recordar y transmitir a sus hijas y a las hijas de sus hijas: "Haber nacido macho".
Éste es nuestro estigma, amigas. Por mucho que digan que los tiempos han cambiado siempre llevamos las de perder, siempre acabamos escuchando un "haber nacido macho". Disfrazado, eso sí, pero el mismo al fin y al cabo.
Y éste no es el único "haber nacido..." que se tiene que escuchar, por desgracia.
Tienes que humillarte por una miseria, haber nacido rico.
No hay ropa para ti, haber nacido flaco.
No ligas, haber nacido guapo.
Tienes que meterte en un cayuco para venir aquí a que te exploten y te desprecien, haber nacido primermundista...
Haber nacido macho, haber nacido blanco, haber nacido heterosexual, haber nacido en Europa, haber nacido alto, haber nacido hijo legítimo, haber nacido Paris Hilton...
Haber nacido en el lado bueno del mundo, si no lo has hecho nadie tiene la culpa más que tú.
Pero, como a mí no me gusta dejar títere con cabeza, vamos a darle la vuelta.
No tienes vida más allá de ganar dinero, no te respetas ni a ti mismo, no tienes empatía, no pierdes porque no arriesgas, nunca vivirás la vida como yo...
Haber nacido libre, haber nacido persona, haber nacido bohemio, haber nacido loco, haber nacido bueno, haber nacido sensual, haber nacido desnudo, haber nacido honesto, haber nacido perdedor...
¿No tienes cojones para llevarte la vida puesta? ¿Nunca te has emborrachado ni de vino ni de besos?
Jódete, haber nacido como yo.

sábado, 6 de septiembre de 2008

miércoles, 14 de mayo de 2008

El emperador va desnudo

Seguro que conocen la preciosa fábula de aquel emperador tan vanidoso al que dos pillos vendieron una tela maravillosa que sólo veían los inteligentes. El emperador, por supuesto, no la veía (porque la tela no existía) pero temió que lo tomasen por tonto, así que fingió que la veía. Sus ministros, por supuesto, no la veían, pero fingieron que sí para que el emperador no los echase por tontos. Y así pasaban los días y todos fingían que la veían para no ser tomados por tontos hasta que un niño pequeño, en la calle, chilló: "¡Pero si el emperador va desnudo!", y entonces todos se echaron a reír y el emperador se murió de la vergüenza.
Pues bien, yo, todos los días, cada vez más a menudo, tengo unas ganas furiosas de gritar como ese niño del cuento. Porque a mi alrededor sólo veo emperadores desnudos y gente viendo telas maravillosas donde no las hay para no ser tomados por tontos.
Veo a ese pretencioso director de cine presentando su último bodrio sobre esperpentos absolutamente inverosímiles y todos alabando cómo describe "el universo femenino" y pienso ¡El emperador va desnudo!.
Veo a esa estúpida actriz a su lado, una tía que estará muy buena, no digo que no, y muy follable(seguramente ése es su verdadero mérito), pero que como actriz es un pedo mal tirado. La veo tan profunda, tan intelectual, poniendo morritos mientras demuestra que, además de guapa y buena actriz, es inteligentísima y buenísima persona (como quedó confirmado cuando posó con la madre Teresa y vestida de Chanel) y pienso ¡El emperador va desnudo!.
Veo, u oigo más bien, esos berridos infumables con los que torturan nuestros tímpanos. Veo que un menda mezcla un huevo crudo con tres aceitunas y su restaurante es el mejor del mundo. Veo a esa "periodista" a la que le faltan dos minutos para oligofrénica tartamudear y escucharse mientras habla, como si eso pudiese desviar la atención de su absoluta ignorancia.
Veo que a los putos sádicos torturadores de animales los llaman "maestros".
Veo que la nieta del dictador sale en los programas de corazón y se habla de su vida amorosa.
Veo que una choni que se tiró a un torero cobra 5 veces el sueldo de un médico.
Veo que un espantajo lleno de bótox e hipersiliconado es el ejemplo de mujer "bellísima".
Yo ya soy mayor, y si lo hiciera, todos me tomarían por tonta. Por eso voy a educar a mi hijo libre, para que cuando vea pasar al emperador no tenga miedo de gritar :¡Andá, mami, pero si ese señor va desnudo!

domingo, 20 de abril de 2008

Retrofeminismo

Cuando yo era la orgullosa propietaria de la preciosa barriguita que ven a su izquierda comprendí que el estado ideal de la mujer es estar embarazada (guardemos un minuto de silencio para que las que se creen feministas me flagelen). Paso a explicarme.
Mucho he oído en mi vida sobre el feminismo. Nunca llegó a convencerme lo que oía, porque siempre me dio la impresión de que la mujer tomaba todos los defectos tradicionalmente achacados al varón, pero ninguna de sus virtudes. Por no hablar de que perdimos nuestras pocas ventajas sin perder a la vez nuestros numerosos inconvenientes. Por lo que yo veo, la mujer va ahora a trabajos de mierda (perdonen mi crudeza, pero no encuentro mejor modo de llamar al actual mundo laboral) y cuando vuelve a casa sigue teniendo que hacer las tareas domésticas. Y que no me vengan con monsergas, cuando una tía se acuesta con muchos sigue siendo una fulana, una fresca, una golfa y demás apelativos por todos conocidos. Sin embargo el varón que se acuesta con muchas es un tío macho ¡qué cojones! Yo he sido, soy en la práctica, una madre soltera y sé que las cosas no han cambiado tanto como yo pensaba antes de verme en esta vicisitud. La mujer ha ido conquistando terreno poco a poco, pero, ¿qué terreno? y ¿a qué precio? Cada vez que voy a una entrevista de trabajo y digo que tengo un niño veo el horror reflejado en el rostro de mi entrevistador, entonces tengo que precipitarme a aclarar que tengo canguro 24h (otro día hablaremos del síndrome de la abuela esclava) y que puedo echarle a la empresa todas las horas que hagan falta, entonces el baranda se relaja y la entrevista transcurre sin tensiones. Ahora resulta que yo, que siempre he sido atea y roja (los masones no me admitieron, como a Franco), tengo que pensármelo dos veces antes de mostrar mi instinto maternal para que no me tachen de clon de Ana Botella.
No hace mucho encontré una luz en mi arduo caminar: el Retrofeminismo. Y me dije: "esto es lo que siempre había buscado sin saberlo". Ser mujer y tener derechos no significa renunciar a lo más glorioso que tenemos las hembras mamíferas: la maternidad. Creo que los varones nos han hecho creer que eso, el hecho de parir, era una maldición (no lo digo yo, lo dice la Biblia) porque nos tienen envidia, una envidia atroz. Porque en el reparto a nosotras nos tocó la lotería, llevar un bebé en la tripa es la cosa más alucinante y sorprendente que jamás he hecho.
Las Retrofeministas reivindican el derecho de la mujer a vivir su maternidad sin que le toquen las narices, y a dar el pecho a su hijo el tiempo y en el lugar que haga falta. Y a que el cuerpo se "estropee", cambie, los pezones se desparramen, la tripa se quede flácida y el mismísimo luzca para siempre una cicatriz. Ser madre es tener hijos, no una profesión. Es decir, yo puedo ser médico, juez, costurera o pianista y a la vez ser madre. No es que ser madre quede reservado a las marujonas que no han servido para otra cosa.
Ya me duelen los tímpanos de oír a tías que lesionan su cuerpo con tacones de diez cm, pechos de silicona, tintes en el pelo y demás artificios sólo para gustar al varón y encima se creen muy liberadas por no tener hijos.
Qué cosa más absurda....
Ah, y que quede claro que no he dicho nada de casarse... Ya lo dijo la Pasionaria ¡HIJOS SÍ, MARIDO NO!

martes, 8 de abril de 2008

Aguirre o la cólera de todo dios

Esta simpática señora que observan a su izquierda tiene suerte de que yo no sea bruja, porque esta tarde (que he pasado en un ambulatorio de la SS) le he deseado todos los males del infierno. Nada que no se merezca, por otra parte.
A Dios pongo por testigo de que si alguna vez tengo la suerte de tenerla a medio metro le calzo un meco que lo van a heredar sus hijos. A ver si tiene huevos de decirme a mí en mi jeta que ha eliminado las listas de espera. Hoy me han citado para unas pruebas en diciembre. Sí señores y señoras, estamos en abril.
Y no son unas pruebas rutinarias (que aún así tendría delito), no, son unas pruebas que el médico me manda para determinar por qué tengo unos síntomas sospechosos. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Pagar una sociedad privada aparte de lo que me descuentan para la seguridad social? ¿Joderme y aguantarme y comerme las uñas hasta diciembre? ¿Contratar unos sicarios para que la sodomicen repetidamente? Se aceptan sugerencias.
De momento yo me cago en los muertos de esta señora y en toda su estirpe.
Ayyyyy, qué a gusto me he quedado...

miércoles, 2 de abril de 2008

Historia edificante de los dos cánidos

Dos perros servían al mismo amo. El amo les daba una chuleta al día para comer. Los perros eran grandes y hubieran necesitado una chuleta para cada uno. Se peleaban entre ellos por la chuleta. No se daban cuenta de era el amo quien tenía muchas más chuletas, y entre los dos hubieran podido vencerle si se hubieran puesto de acuerdo.