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lunes, 15 de julio de 2013

Mis tetas

Siento decepcionar a muchos, pero no voy a contar el famoso chiste (famoso y magistral, por supuesto) del perro mistetas.
Eso lo dejamos para otro día. 
Hoy voy a hablar de mis tetas, de mis dos glándulas mamarias, los senos, los melones, las peras... como lo quiera usted llamar. Y de mi culo y de mis piernas y de mis rodillas y de mis glándulas suprarrenales.
Mi cuerpo. Que es mío. Y hago con él lo que me sale del centro de gravedad, que también es mío.

Si yo enseño mis tetas en público eso no te da derecho a tocarlas, si yo me doy tres besos contigo en una discoteca no estoy obligada a irme contigo a la cama. Y si me voy contigo a la cama, no estoy obligada a hacer nada que no quiera hacer. Del mismo modo que no estás obligado tú. 
A ver si van quedando claros un par de conceptos.

Yo me pongo minifalda porque me da la gana, porque hace calor, porque tengo las piernas bonitas o porque era lo único que tenía planchado esa mañana, lo que sea. Pero eso no significa que tú tengas que importunarme cuando paso por la calle describiéndome todas las cosas que me harías. Si te parece que estoy buena haz como hago yo cuando veo un tío bueno (que te aseguro que los veo): fantasea. Fantasea todo lo que quieras, a eso tienes derecho. Eso pasa dentro de tu mente y ahí mandas tú. Pero, en serio, no necesito que lo compartas conmigo. NO QUIERO que lo compartas conmigo.

Piensas que tienes derecho, que yo te he dado ese derecho divino porque voy provocando (vamos a ver ahora dónde ponemos la raya de la provocación, que ésa es otra) y de eso al burka no hay un trecho tan largo, te diré.

Pero ese derecho no te lo da mi vestimenta, o la ausencia de ella, sino que eres hombre, y yo mujer. Y tú tomas lo que quieres y yo a callar y a complacer. Tal es mi misión. 

Tanto a ti como a mí nos lo han ido grabando a fuego en la mente desde pequeños. Con métodos a veces sutiles y a veces burdos, pero el mensaje siempre es el mismo: tú tienes todo el derecho y yo ninguno.

Porque esos subnormales profundos que tocan las tetas a una chica que se ha quitado la camiseta, o que dicen guarradas a una que lleva minifalda, ¿qué hacen cuando ven el lujoso coche de su jefe? ¿Se lo roban? Ya puestos podrían hacerlo, podríamos hacerlo todos, cada vez que veamos algo que nos guste nos lo llevamos y si no que su propietario no lo muestre. Porque si lo muestra es que va provocando, y si va provocando merece que se lo quiten.

Pero yo creo que no, que sólo funciona con las tetas. Porque el fin no es tocar una teta, no señor. El fin es que el mensaje siga vigente y no se pierda, que se transmita de generación en generación.

Y el mensaje siempre es el mismo, tú eres hombre y yo soy mujer. Tú tienes todo el derecho y yo ninguno.

domingo, 13 de febrero de 2011

No es personal (basado en hechos reales)

Mira, te voy a destrozar la vida, pero no es personal. Así son las cosas, esto es el mundo del trabajo. Pero esto es aquí, en la oficina. Verás, tengo que putearte. Resulta que voy a sobrecargarte de trabajo y luego yo me llevaré los méritos. Pero no te creas que tengo algo contra ti, por favor, nada más lejos de la realidad, incluso me caes bien. Mira, si quieres nos vamos de cañas después del trabajo, porque me caes bien. Esto no es personal, ya sabes, el trabajo es así. Esas fantasías tuyas de la honradez, la honestidad, la coherencia. Necesitas madurar, en serio. Así no vas a llegar a ningún sitio.
Y esto te lo estoy diciendo por tu bien, porque te aprecio. ¿Cómo? ¿Que esparcí rumores falsos sobre ti? Ya, pero ya te lo he dicho, eso no es porque me caigas mal, es que si no lo hacía te ascendían a ti en vez de a mí, y yo quería ese ascenso. Mira que te lo digo veces: no es nada personal. Esto son cosas del trabajo. En todas las empresas te vas a encontrar con lo mismo. Madura ya de una vez y no te pongas en plan histérico, ¿es que estás con la regla? ¡Ah! que te molesta que te haya degradado para ascender a ese inepto... es que las mujeres sois de una manera... De verdad, no se puede trabajar con vosotras, sois una olla a presión de hormonas y saltáis por cualquier cosa... Mira que molestarte porque le haya dado a ése el puesto que te he estado prometiendo durante un año, a ése, que tiene menos formación que tú y que encima va a cobrar el doble... por cierto, le tendrás que echar una mano porque, claro, no sabe lo que tiene que hacer, en cambio tú, que lo has estado haciendo extraoficialmente un año.... ¿cómo? ¿que por qué le he dado entonces a él el puesto en vez de a ti? Mujer, es obvio. Tú no tienes madurez para desempeñarlo, te falta picardía, frialdad, tú ya me entiendes. Eres demasiado subceptible, serán las hormonas, no es culpa tuya, las mujeres ya se sabe...
Haces muy bien tu trabajo, por eso te he encargado siempre las tareas más difíciles, sabía que no me defraudarías. Son otras cosas las que tienes que cambiar, no sabes estar en el lugar que te corresponde. ¿Qué son esas simpatías, por ejemplo, con la de la limpieza o el repartidor? Así no te van a tomar en serio.
Bueno, ya sé que estás en tratamiento por las putadas que te he hecho, pero yo todo lo he hecho por tu bien, quien bien te quiere te hará llorar. A ver si maduras de una vez y dejas de ser buena persona y buena compañera, que por ese camino nunca llegarás a nada en el mundo empresarial.
Y que conste, sobre todo, que no es nada personal.

sábado, 28 de agosto de 2010

El chico sensible

Llevo mucho tiempo queriendo escribir este post y ya no puedo posponerlo (o postponerlo, que diría un jocoso) más. Me lo debo a mí misma, se lo debo a las mujeres, se lo debo a todos los chicos sensibles que he tenido la perra suerte de encontrar... se lo debo a la humanidad, qué demonios... Cuando uno tiene una información privilegiada debe compartirla. Es de ley.
Quiero que este sea un gran post. La madre de todos los post. Un post a la altura de algunos de mis más antológicos posts... Y toda gran obra, eso no lo ignora nadie, debe comenzarse citando a un sabio. Citemos pues, al sabio entre los sabios, que no es otro, como ya imaginaréis, que el conocido y querido Prognato:
"Fíate del hombre que te dice que te quiere tocar las tetas, pues lo que quiere es tocártelas. El hombre que dice estar interesado en tu alma quiere tocártelas a ti... y a tu hermana"

Sí señores, así es. En estas sabias palabras se encierra toda la verdad sobre ese personaje aparentemente inofensivo, pero que debería darnos mucho, pero que mucho miedito: El chico sensible.
Tras leer este post está será tu reacción, ¡oh querida amiga!, ante la aparición de uno de ellos. Ya verás como no es para menos.
Espera, espera que te cuente e irás notando cómo se te ponen los pelos como escarpias de puro terror.

El chico sensible es la peor pesadilla a la que se puede enfrentar una mujer (incluso peor que ser examinada útero-vaginalmente por su suegro).
Las madres deberían asustar a sus hijas desde niñas, no con ogros o brujas, sino con el chico sensible. Aunque, ahora que lo pienso, tal vez fuera demasiado cruel.
El chico sensible es un cabrón con pintas que, por su físico mariconoide, no puede ser un macho alfa, que es lo que de verdad le gustaría a él. La gran pregunta es si el chico sensible nace o se hace. Y yo digo con rotundidad que nace. Un buen día, el chico sensible se mira al espejo y lo que éste le devuelve no es demasiado esperanzador. Debe ser sincero consigo mismo y aceptarlo: si no diseña cuidadosamente un plan de acción no se comerá ni el centro de un donut. Piensa rápido y enumera sus posibilidades: como ya hemos dicho no está bueno (pero tampoco es lo suficientemente feo como para desistir del todo), no es gracioso, no sabe tocar la guitarra.... y lo que él quiere no es llevar una vida sentimental normal, esto es, conocer gente, enamorarse, salir, dejar, que le dejen a uno.... en fin, lo que hacemos la mayoría. Él quiere ser como su amigo X (llamémosle Romualdo, por ejemplo), porque su amigo Romualdo es un macho alfa, que está que cruje de bueno y siempre simultanea tres o cuatro jacas de las de calidad. Eso sí, los Romualdos no engañan, que conste. Las tres o cuatro jacas tienen claro que no son la novia de Romualdo y, generalmente, también ellas están simultaneando tres o cuatro Romualdos.
Todo chico sensible tiene un Romualdo en su vida (de hecho lo suele conocer desde pequeño y representa un papel decisivo en su evolución) y experimenta hacia él una serie de sentimientos encontrados: admiración profunda, envidia cochina, desprecio y amor incondicional.
El chico sensible quiere ser como Romualdo, quiere las mismas cosas que lleva viendo conseguir sin esfuerzo a Romualdo desde pequeño. Quiere que todas las niñas de la clase estén por él y le hagan los deberes. Quiere que cuando van a una discoteca y conocen a un grupo de chicas todas intenten captar su atención, quiere que los tríos, y los polvos de baño de discoteca sean para él algo más que fantasías inalcanzables. Pero él nunca ha tenido ninguna de esas cosas y sabe que nunca le vendrán de forma natural, como le pasa a su amigo. No, él tiene que currárselo...
Es así como se convierte en el chico sensible, se da cuenta de que él no puede atacar como un león, debe ser como un virus, entrar poco a poco por la puerta de servicio e infectar a la presa para hacerse con ella. Descubre que tiene que leer, escuchar, poner ojitos de cordero degollado, aprender a mantener un silencio distante que revele un alma torturada.... vamos, que tiene que transformarse en el gilipollas de Crepúsculo.
Otra cosa en la que difieren el chico sensible y Romualdo es en que el chico sensible SÍ engaña. Cada jaca de categoría que está con el chico sensible está convencida de que éste la ama (además, la ama por su psique no por sus cuartos traseros) y de que ella es la única para él. Y es que el chico sensible no puede soportar la idea de que ninguna de las cuatro o cinco jacas que simultanea esté en igualdad de condiciones y tenga historias por ahí, de modo que les exige fidelidad haciéndoles creer que él les dará lo mismo.
Pero no seáis mal pensados, por favor, que os conozco. Seguro que opináis que este tío es un jeta y un salido, pero nada más lejos de la realidad. Lo suyo es amor, él ama, él está interesado en el alma de la mujer.... él es sensible ,coño, por eso siempre le hacen daño: por lo sensible que es. Es tan sensible que no puede evitar enamorarse y acostarse con toda mujer que conoce, pero es que se enamora y, claro, hace el amor con ella (porque el chico sensible siempre hace el amor, follar es de guarros sin sentimientos). Es tan sensible que en su despedida de soltero se lía con la stripper, pero, insisto, es que se enamora de ella, ¿eh?, no vayáis a creer que es un listo...
¡Ay, el chico sensible! Pobre... le han hecho tanto daño... Mira, otra cosa característica del chico sensible: sus ex son todas unas víboras que han pisoteado su sensible corazón. Claro, él abrió los flancos y así le pasó: abusaron de su bondad.
Estas son las cosas que te contará a ti cuando quiera envergarte, claro, la versión que te darían las ex (víctimas) de este individuo sería bien distinta.
Así que, queridas amigas, la próxima vez que veáis en un chico alguno de estos detalles:
- Recita poesías de Mario Benedetti.
- Dice cosas como "yo no follo, hago el amor" o le llama pene a la polla y dice "tu sexo" en vez de "tu coño".
-Llora con una película o escuchando un bolero.
-Te dice que tiene miedo a entregarse y sufrir.
-Asegura no haberse fijado en las megatetas de ese monumento que acaba de pasar.
Repito, si encontráis un personaje con alguna de estas características tomad el primer avión que salga con destino Wellington (Nueva Zelanda) sin mirar atrás.
Yo, por mi parte, ya sólo hablo con tíos que me digan cosas como "te voy a meter de todo menos miedo".
Porque sé que de esos sí que me puedo fiar.

sábado, 14 de agosto de 2010

Dinero



Hace años vi en el programa de la insufrible AR una entrevista (de los miles de millones que se han hecho) a una prostituta de lujo. A pesar de llevar pelucón y gafas para ocultar su identidad, se veía perfectamente que la moza estaba de muy buen ver y que todavía era potrilla: veinte años tendría a lo sumo la criaturita, pero ya tenía las cosas muy claras.


La insufrible AR, haciendo un alarde de su indiscutible buen hacer periodístico, le preguntó si no lo pasaba mal cuando requería sus servicios algún hombre muy mayor o poco agraciado, a lo cual ella, con una frialdad que ponía los pelos de punta, respondió: "No, yo sólo veo dinero".
Como he dicho, hace años de eso, pero yo lo recuerdo nítidamente. Me impresionó de tal forma que no he podido olvidarlo. Fue entonces cuando se concretó ante mí una idea que llevaba tiempo gestándose en mi cabeza: Quien quiere dinero sólo ve dinero.

El genial genialísimo (tanto que ni me acuerdo de que es argentino) Federico Lupi lo dice muy ingeniosamente en la película "Éxtasis": "En esta vida hay dos clases de personas, dos nada más: los que quieren dinero y los que no saben lo que quieren".

Mira que he conocido personas en mi vida... pues todas entraban en uno de esos dos grupos.

Los que no sabemos lo que queremos pensamos que también queremos dinero, pero eso no es así. Lo que ocurre es que cuando pensamos en las cosas que nos gustaría hacer o tener nos damos cuenta de que, en la mayoría de los casos, se consiguen o mejoran con dinero. Nos imaginamos, por ejemplo, una bonita casa (cuesta dinero), viajar y ver mundo (cuesta dinero), tener tiempo libre y no tener que trabajar (cuesta dinero), y un largo etcétera...

Los que quieren dinero quieren el dinero en sí mismo. Son como el tío Gilito, quieren tenerlo almacenado, disfrutan con la idea abstracta de su dinero amontonándose de forma obscena, cada céntimo ganado o ahorrado trae consigo una satisfacción, pero también el prúrito de ahorrar o ganar un céntimo más.

Los que no sabemos lo que queremos no renunciaríamos a ciertas cosas por dinero, ya que precisamente queremos el dinero para poder tener esas cosas.

Los que quieren dinero, como aquella bellísima y joven prostituta, sólo ven dinero.

Recientemente ando en tratos con uno de estos Gilitos de la vida. Por fuera está muy lejos de parecerse a aquella prostituta, no es joven ni, desde luego, guapo (es más, jamás lo fue, por eso me juego el cuello), y no es prostituta, o al menos eso se cree él. Es un señor respetable (para quien lo respete, claro, que no es mi caso), casado, padre, católicoapostólicoyromano. Pero cada vez que lo miro, que le veo pagar sueldos miserables sin inmutarse por el hecho de que sus empleados no lleguen a fin de mes, dolerse de cada céntimo que gasta, veo en él a aquella chica que afirmaba en el programa de AR "yo sólo veo dinero".

Eso sí, con dos agravantes: Éste ofende a la vista de puro feo y no sabe que, en el fondo, no es más que una puta.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Al ladrón

Me voy ahora mismo a comisaría a poner una denuncia. No me había dado cuenta pero me están robando. Me están robando los años, poco a poco, de forma muy sutil, pero yo tenía mucha vida y cada vez tengo menos. ¿Dónde está la que me falta? ¿Quién se la ha llevado?
Qué detengan ahora mismo a ese ladrón que actúa impunemente y con alevosía, dejándonos sin sueños ni esperanzas. Ya que está que se lleve también los recuerdos, que se lleve la nostalgia. Que se lleve el nudo de angustia y la desesperación...
Al ladrón, que lo lleven preso, que me diga qué ha hecho con todos estos años, con todas estas ilusiones, con la ingenuidad.
Al ladrón, no hay derecho a apropiarse así de lo ajeno, del corazón, de las ganas de vivir, de los proyectos, del futuro.
Parece que fue ayer, yo todavía creía en los príncipes de ojos verdes, que los polis eran los buenos, que había una oportunidad...
Al ladrón, decidle que venga y que se lleve también las palabras de amor de los charlatanes baratos que recitan poemas de Neruda y te llevan a ver puestas de sol, que se lleve las lágrimas de cocodrilo de los chicos sensibles, que se me lleve a mí, de una vez por todas.
Al ladrón...

martes, 14 de julio de 2009

Un cuento para mis niños

¿Recordáis esto? Pues es hora de aplicar mi propia filosofía, allá vamos...

Érase que se era un reino maravilloso y mágico (tan mágico que hasta los buses iban por el aire) donde gobernaba despóticamente la cruel Reina de Hielo. Este reino tenía todo lo que un reino que se precie debe tener: tenía un Papa, Su Santidad, grande y gordo como todo Papa, tenía obispos y cardenales, tenía preciosas damas, una dama rubia y esbelta, bellísima, con profundos ojos verdes, que jamás se vestía de Mínimo Duty, y otra hermosa dama venida de tierras mozárabes que era conocida por su sensatez y sabiduría. Tenía también un par de hadas, de carita pícara y risueña, el hada Katie y el hada Lole, que tenía unas graciosas pecas sobre su respingona nariz. Tenía un sacristán muy devoto que gustaba de comulgar con frecuencia y tenía muchos jóvenes y apuestos caballeros, uno que vigilaba el faro, otro que vivía en los valles, otro que era un experto curtidor, dos cavaglieres italianos y hasta un fidalgo portugués. También tenía un bufón, el bufón Felipe, que divertía siempre a todos con sus bromas y su buen humor. Pero, como ya he dicho, tenía de todo, y en ese todo estaban incluidas también dos malvadas brujas, Alcahueta y Meretriz. Alcahueta era una bruja culta e inteligente, con exquisitos modales y bien posicionada en el reino. No era ése el caso de Meretriz, la cual era medio analfabeta y de cortas entendederas pero con un gran dominio de las innobles artes de la lisonja y la calumnia. Contaba la leyenda que Meretriz había sido otrora una hermosa mujer hasta que una bruja rival la había convertido en sapo. Meretriz encontró a un príncipe dispuesto a besarla para revertir el encantamiento, pero dicho príncipe no había sabido hacerlo bien y, por consiguiente, al volver a su estado humano Meretriz había conservado los ojos de sapo y un extraño andar renqueante. Sin embargo Meretriz retenía la imagen mental de sí misma anterior al embrujo y se comportaba como si fuera una hermosa doncella en lugar de un ser semibatrácido, lo que provocaba la mofa y la chanza entre cuantos la escuchaban. Meretriz suspiraba por un caballero de hercúleos pectorales que, lógicamente, no correspondía sus sentimientos. Este amor no correspondido unido a la enfermiza envidia que la consumía la rendían aun más maliciosa. Un buen día llegó a este reino maravilloso una princesita procedente de Eslavonia y fue, en general, bien acogida en el lugar. La princesita eslavonesa era alegre y gustaba de contar chascarrillos e historias, puesto que había heredado de sus antepasados el noble oficio de la juglaría. Pronto trabó amistad con los caballeros y con las hermosas damas y las risueñas hadas, pero inevitablemente, despertó el odio y la inquina de la envidiosa Meretriz. Ésta, sin embargo, cuyo patrón era San Judas, se hizo pasar por su amiga, mientras a sus espaldas esparcía difamantes rumores y emponzoñaba en su contra a Alcahueta, quien, a pesar de no conocerla, llegó a odiarla a su vez. Gracias a sus sucias estrategias al fin Meretriz consiguió su objetivo: la pobre princesita eslavonesa fue desterrada para siempre del maravilloso reino... El día de su partida era de ver cómo lloraban todos los caballeros y las damas que durante largos meses se habían encariñado con ella. Todos la despedían con besos y abrazos y le entregaron como regalo a la vaca Dominguita para que cuidase de ella. Alcahueta y Meretriz, no contentas con haber condenado a la princesita al ostracismo, rugían de rabia al contemplar las muestras de cariño que todos le profesaban. Tal era la rabia que Alcahueta se transformó mostrando por primera vez su verdadera naturaleza. Se convirtió en una hidra con siete cabezas y atacó a la princesita lanzando bocanadas de fuego y sapos y culebras por las fauces. La pobre princesita temblaba de miedo y creía que perecería bajo la furia del fantástico animal cuando, de repente, apareció montando un blanco corcel el príncipe Sirioga y la rescató. Se miraron un instante y los ojos color esmeralda del príncipe derritieron el corazón de la princesa para siempre jamás.


Este cuento no ha terminado todavía, la princesita ya no vive en el reino y, de momento, la bruja Meretriz se ha salido con la suya. Pero me dice la experiencia que los que, como Meretriz, utilizan dardos emponzoñados para conseguir sus objetivos, acaban pereciendo víctimas de uno de esos dardos, que se le da la vuelta.
Meretriz, déjame sólo recordarte una cosa: Tú también te vas a morir.


sábado, 27 de junio de 2009

Morir



La muerte de Michael Jackson me ha devuelto un pensamiento recurrente: todos mueren. Vemos morir a personas anónimas que no son más que cifras (atentados, terremotos, pandemias, estadísticas de tráfico, violencia de género...). Vemos morir a personas cercanas cuya muerte es "lógica" (bueno, el abuelo ya era mayor, con ochenta años...). A veces vemos morir a personas que no deberían morir, personas jóvenes, en la flor de la vida, cuya muerte es un mazazo inesperado.
Pero ninguna de esas muertes nos hace cuestionarnos nuestro propio final. Las personas anónimas no son personas. Las muertes lógicas son eso, lógicas, no nos podemos identificar con ellas. Las horribles muertes inesperadas y trágicas son golpes de mala suerte que sólo le pasan a los demás...
Sin embargo muere Michael Jackson y todo se tambalea. Michael no era real, no era una persona como nosotros, era un semidiós. Era un personaje de ficción. Siempre ha estado ahí. Y también ha muerto. Si ni siquiera un semidiós escapa de la Parca resalta con letras de neón la inexorabilidad de la muerte: todos tenemos que morir.
Desde pequeña he pensado y convivido con la muerte. Por las noches, en mi cama, me abstraía pensando cómo sería morir, qué había antes de nacer, por qué existimos... Muchas veces imagino cómo será estar muerto, dentro del ataúd, dentro del nicho, o cómo se quema mi cuerpo en el crematorio, cómo me descompongo, a dónde va mi conciencia... Muchas veces sueño que estoy a punto de morir, el terror de enfrentarme a lo desconocido se enmaraña en mi estómago y entonces me doy cuenta de que estoy soñando, hago un esfuerzo y despierto. Y me quedo aliviada por haberme librado por esta vez, pero con la certeza de que ese momento llegará...
Antes creía que todo el mundo pensaba estas cosas, pero con el paso de los años he ido comprobando que no es así. Buda dijo que este mundo sería mucho mejor si todas las personas fueran realmente conscientes de que algún día morirán. Estoy totalmente de acuerdo.
Yo, con la madurez, he aprendido a controlar esos pensamientos angustiosos pero a veces me sigo abandonando a ellos (no en vano soy maniaco depresiva) y puedo confirmar que ayudan a relativizar.
Mi augusta siempre me cuenta una anécdota referente a Antonio el bailarín. Parece ser que este señor era un poco así como tirando a hijo de puta y se dedicó durante muchos meses a hacerle la vida imposible a dos bailarines de su compañía porque estaba enamorado de uno de ellos y no lo podía conseguir. Cuentan que uno de ellos, cuando se marchaba para siempre de la compañía, sólo le pidió al representante que le transmitiese un mensaje al jefe: "Dile a Antonio que él también se va a morir".
Y así fue. Por eso, cada vez que veo a personas sucias, que torturan a sus semejantes, lo único que puedo pensar es eso:
"Tú también te vas a morir, te meterán en el nicho y sellarán con la silicona, y te descompondrás. Igual que yo. La diferencia está en que tú, en la maleta, sólo llevarás mierda"


jueves, 7 de mayo de 2009

Follabilidad

Hace años estábamos un sábado comiendo en familia y mi madre, que por aquel entonces trabajaba en una oficina, comentaba que tenía una compañera, una tal África, que era la sex symbol de la empresa y que ella no entendía por qué, ya que, en su modesta opinión, no valía nada. Para reforzar sus argumentos nos describía pormenorizadamente a la susodicha. Mi padre escuchaba con expresión beatífica sin decir nada, hasta que se decidió a hablar. "Mira" dijo por fin dirigiéndose a mi madre "te lo voy a explicar bien clarito: cualquier mujer de cuarenta años, divorciada, que se llame África y que vaya con mechas rubias es follable".
Ese día descubrí (además del vocablo "follable" que integré a mi vocabulario inmediatamente) la verdad suprema del universo: lo importante es ser follable. El resto es secundario. Miles de voces tan indignadas como hipócritas se alzarán en mi contra, pero todo el mundo sabe que tengo más razón que un santo. Aunque joda.
Hay diversas razones que elevan los niveles de follabilidad de un individuo. La más obvia y básica es ser hermoso de faz y prieto de carnes, sin duda. Pero no la única. Los que han sido agraciados por la naturaleza lo tienen fácil para entregarse al jincamiento sin cortapisas. Los que no, deben desarrollar estrategias para conseguir tocar pelo, desde las más burdas y rápidas (como llevar a su víctima al coma etílico) hasta las más rebuscadas (como opositar a notarías). Porque no vaya nadie a dejarse engañar, todo en esta vida, TODO, se hace para elevar la propia follabilidad, desde cortarse el pelo hasta descubrir la vacuna de la malaria.
Tengo que aclarar, sin embargo, que no se debe confundir la follabilidad con el jincamiento en sí. Lo que la mayoría de la gente quiere no es simplemente copular (eso es relativamente fácil de conseguir), sino ser follable. Lo importante es saber que se lo quieren cepillar a uno, porque eso es lo que sube la autoestima. Y claro, a mayor follabilidad del que se nos quiere cepillar, mayor autoestima.
Amigos, habiendo llegado a este punto creo que el silogismo está claro: si a mayor follabilidad mayor autoestima, a menor follabilidad más resentimiento contra el mundo (ya sabemos que eso es lo que produce la falta de autoestima). Esa es la causa de que toda mi vida las mujeres menos follables que yo me hayan hecho la vida imposible. Y también es la causa de que cierto gilipollas con menos follabilidad que una boñiga de vaca lleve tocándome los huevos desde el 14 de febrero, fecha en la que intentó copular conmigo y se quedó con las ganas.
Pues sí querido, te quedaste con las ganas, puedes seguir haciendo lo que llevas haciendo tres meses: calumniarme, escribir mentiras sobre mí, dejarme anónimos insultándome... puedes tergiversar la historia todo lo que quieras pero tú sabes la verdad: TE DIJE QUE NO. Asúmelo ya, chavalito, y olvídate de que existo, porque mientras tú pierdes tu tiempo y tu energía en intentar hacerme daño, yo estoy súper feliz con un individuo cuyo nivel de follabilidad se sale de todos los percentiles.
Y el que quiera pensar que por escribir esto soy una chula, pues tiene razón. Soy una chula.
Porque puedo.

sábado, 25 de abril de 2009

Gentuza

Muchas personas creen ser buenas personas sólo porque no matan a nadie ni violan niños. Ven en las noticias a personajes como el tío ese de Amsteten o a Nanysex y se sienten reconfortados por no ser como ellos. Craso error (ya se lo dijo Cristo a los fariseos)
Entre ser un monstruo del calibre de los citados y ser una buena persona hay un gran abanico de posibilidades. Igual que entre el blanco y el negro hay muchos matices de gris.
¿Soy yo una buena persona? Es una pregunta que me hago con frecuencia. Y me gustaría pensar que todo el mundo se la hace. Pero, por desgracia, no es así. Y sé que no es así porque ya estoy hasta más arriba de las rodillas de encontrarme con individuos/as que se muestran absolutamente seguros de su superioridad moral y sus excesivas bondades. Son insoportables, no lo puedo decir de otra manera.
A mí me cuesta tanto ser una buena persona.... la mayoría del tiempo no lo consigo. Y sigo preguntándome: ¿qué puedo hacer?
Quiero a mi hijo, sí, pero pensar que eso me hace buena persona es tan absurdo como pensar que soy un héroe si escapo cuando alguien intenta matarme. Querer a los propios hijos no es ser buena persona, es instinto. Lo haces sin darte cuenta y sin que te cueste ningún trabajo. Como respirar.
Me porto más o menos bien con mis amigos, creo. Pero eso tampoco me convierte en una buena persona. Mis amigos son gente que me cae bien, y eso hace que me apetezca ser agradable con ellos. Lo difícil es ser amable con gente que te recontrapatea el colédoco. Y tengo que reconocer que eso yo no lo consigo.
Así que tengo mis dudas, todos los días, sobre si soy una buena persona. Sobre todo cuando escucho a tantos individuos hablar de sus nobles sentimientos. Nadie tiene envidia, nadie odia, nadie es rencoroso... como yo sí que soy envidiosa, odio a quien me hace mal y disfruto planeando mi venganza (aunque luego todo se quede en planes), tengo que concluir que yo soy una mala persona.
Pero tú, ¿cómo es que no te das cuenta de que eres gentuza?, ya que no lo ves te lo digo yo.
Criticas a la gente cuando no está pero te cagas en los pantalones cuando la tienes delante. Eres gentuza.
Cuando hablan mal delante de ti de alguien a quien aprecias te quedas callado, no le defiendes, pero vas en seguida a informarle para que se sienta mal. Eres gentuza.
Piensas que tu dolor es más dolor que el de los demás. Eres gentuza.
Alardeas de tener lo que la persona que te escucha no tiene. Eres gentuza.
Eres tan mediocre que tienes que echar mierda sobre los que te rodean para que parezca que tú vales algo. Eres gentuza.
Lames el culo a los que están por encima de ti y torturas a los que están por debajo. Eres gentuza.
Te llevas mal con tu suegra, con tu yerno, con tus cuñados, con los novios de tus amigas, con las amigas de tus novios, con todo el mundo... porque todo el mundo es malo excepto tú. Eres gentuza.
Dejas comentarios ofensivos de forma anónima. Eres gentuza.
Menosprecias el trabajo de los demás para camuflar tu absoluta incompetencia. Eres gentuza.
Aseguras que los que son pobres no quieren trabajar. Eres gentuza.
Estás absolutamente convencido de que te mereces más que los demás. Eres gentuza.
Y, por si fuera poco, tienes el absoluto convencimiento de ser una excelente persona.
Gentuza, gentuza y mil veces gentuza.
Y sí, pedazo de hipócrita, te lo digo a ti.