No, no voy a hablar de Barney Stinson, aunque sea un personaje gracioso y haya hecho suya la frase que da título a esta entrada. Como ya habréis notado, Barney es una caricatura de un personaje que, por desgracia, abunda en nuestra sociedad. Y lo malo no es ya que abunde, sino que es envidiado y usado como modelo de éxito en la vida.
Id a cualquier empresa y os encontraréis como mínimo un par de Barneys. Bueno, para ser exactos os encontraréis al menos un par de "quiero ser Barney". Porque esos pobres idiotas ni son guapos, ni se tiran cada día a un pibón distinto ni viven en un lujoso apartamento neoyorquino.
Pero tienen algo en común con él: su absoluta obsesión por llevar traje.
Llevaba yo mucho tiempo cavilando sobre esta cuestión: el traje. ¿Por qué el traje? ¿Por qué en tantas empresas te obligan a llevar traje? ¿Por qué en ese requisito tan ambiguo que se conoce como "buena presencia" entra indefectiblemente el traje? Hubo en tiempo en que yo entendía que cuando decían "buena presencia" se referían a que estuvieras buenorro. Es lógico que lo entendiera así, puesto que en mis años mozos me ganaba las judías como modelo y camarera de pub y discoteca, y para ambos trabajos requieren a chicas que estén buenorras. Es harto injusto, lo sé, pero así es la vida. En ambos casos se trata de vender imagen más que de otra cosa, y, si hay que vender, vende más un buenorro. Eso es así, podéis indignaros, rebatirme y llamarme vanidosa en todas sus variantes, pero no por eso tendré menos razón. Y la prueba de que tengo razón es que en aquella época para las entrevistas de trabajo lo único que yo hacía era ponerme muy guapa: llegaba al garito en cuestión, el encargado me veía y me contrataba, sin saber si yo sabía poner una copa o si distinguía la ginebra de la cerveza.
Más tarde supe que el término "buena presencia" no quería decir que tuviera uno que ser necesariamente prieto de carnes y bello de faz (aunque nunca está de más), sino ir apropiadamente vestido. Y aquí es donde viene la duda, porque uno pensaría que con ir con ropa que no resulte obscena y esté limpia es suficiente, pero no. Tiene que ser un traje, y en el caso de las mujeres es mucho peor porque los hombres aún se apañan con un par de trajes y tres camisas pero las mujeres debemos tener un sinfín de modelitos siempre a la última y con sus respectivos zapatos, bolsos y complementos...
La gracia de todo esto es que luego se ven espectáculos como señores que van con traje y corbata y con una halitosis que tira de espaldas o señoritas con un bolso de Luis Putón pero con grasa en el pelo como para freír tres kilos de patatas. O señoras con traje, sí, pero con un escote que tiene a sus compañeros todo el día emulando al homo erectus.
Entonces, ¿por qué? ¿Por qué no vale un chico con un chándal limpio la melena reluciente y el aliento de rosas? ¿Por qué tiene que llevar traje?
La revelación me llegó no hace mucho, durante una conversación con el que me paga el sueldo (porque ya sabéis que yo, ni dios ni amo). En un momento de la charla yo le dije algo así como "yo soy una obrera" y él se echó a reír y me dijo "tú qué vas a ser una obrera", yo me sorprendí. "¿Por qué dices eso?" le espeté, a lo que él me contestó "pues ni que fueras tú con mono"
Ahí se me hizo la luz. Ésa es la razón, y no otra, de que nos obliguen a ir con traje. Nos obligan a vestirnos como ellos para que creamos que somos como ellos, que estamos en su lado del mundo.
Ponle a alguien un traje, que se compre un cochecito en lugar de ir en metro a trabajar y que esté sentado a una mesa y, automáticamente, se le olvidará que es un obrero, se sentirá superior a "los del mono", se sentirá de los elegidos.
"No te confundas" le dije aquel día "No sólo son obreros los que llevan mono". Yo no me dejé, no me dejo, engañar. Yo soy una obrera, sé lo que soy, de dónde vengo y en qué lugar estoy. Pero empiezo a temer que yo soy una excepción.
Ya no tenemos conciencia de clase, ése es nuestro problema. Nos la han quitado mediante un truco tan sencillo como ponernos una corbata e impedir que nos ensuciemos las manos. Pero somos esclavos, sus esclavos. No tenemos lo que ellos tienen, nuestros hijos no heredarán lo que los suyos.
La lucha de clases ha muerto estrangulada con un nudo windsor.
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lunes, 20 de agosto de 2012
Ponte traje
Yo hablo de...
arriba parias de la tierra,
cada día más roja y a mucha honra,
españa y yo semos asín,
he dicho,
por dinero baila el perro y por pan si se lo dan,
tú coge la espada que yo cogeré la pluma
martes, 6 de marzo de 2012
Poli corrupto, papi violador
¿Os habéis fijado en que en las pelis de dar miedo el malo malísimo siempre resulta ser uno que se suponía de los buenos?
El policía corrupto siempre me ha dado mas miedo que el delincuente. Si te ataca un delincuente vas la policía, pero ¿A dónde vas si te ataca la policía? Lo mismo pasa con los padres que abusan de sus hijos. Es muy jodido que te violen, pero si encima te viola el tipo del que se espera que reviente a hostias a quien te hace daño es devastador.
Tengo miedo porque he comprendido que estamos siendo violados por nuestro padre y, encima, el policía al que se lo hemos ido a contar es corrupto.
Siento indefensión, no sé a dónde acudir, no sé cómo luchar contra quien me ataca. Tengo incluso miedo de pensar.
Ahora resulta que Oceanía nunca estuvo en guerra con Eurasia
Vivimos la peor de las esclavitudes: la del que cree ser libre.
Cuando de pequeña las monjas intentaban adoctrinarme con la historia de Luzbel, el ángel caído, solía preguntarme si no habría ganado en realidad el malo y, como todo vencedor, contaba su versión de los hechos.
Ahora no me cabe ninguna duda.
Yo hablo de...
arriba parias de la tierra,
cada día más roja y a mucha honra,
españa y yo semos asín,
por dinero baila el perro y por pan si se lo dan,
señor ten piedad
sábado, 14 de agosto de 2010
Dinero
Hace años vi en el programa de la insufrible AR una entrevista (de los miles de millones que se han hecho) a una prostituta de lujo. A pesar de llevar pelucón y gafas para ocultar su identidad, se veía perfectamente que la moza estaba de muy buen ver y que todavía era potrilla: veinte años tendría a lo sumo la criaturita, pero ya tenía las cosas muy claras.
La insufrible AR, haciendo un alarde de su indiscutible buen hacer periodístico, le preguntó si no lo pasaba mal cuando requería sus servicios algún hombre muy mayor o poco agraciado, a lo cual ella, con una frialdad que ponía los pelos de punta, respondió: "No, yo sólo veo dinero".
Como he dicho, hace años de eso, pero yo lo recuerdo nítidamente. Me impresionó de tal forma que no he podido olvidarlo. Fue entonces cuando se concretó ante mí una idea que llevaba tiempo gestándose en mi cabeza: Quien quiere dinero sólo ve dinero.
El genial genialísimo (tanto que ni me acuerdo de que es argentino) Federico Lupi lo dice muy ingeniosamente en la película "Éxtasis": "En esta vida hay dos clases de personas, dos nada más: los que quieren dinero y los que no saben lo que quieren".
Mira que he conocido personas en mi vida... pues todas entraban en uno de esos dos grupos.
Los que no sabemos lo que queremos pensamos que también queremos dinero, pero eso no es así. Lo que ocurre es que cuando pensamos en las cosas que nos gustaría hacer o tener nos damos cuenta de que, en la mayoría de los casos, se consiguen o mejoran con dinero. Nos imaginamos, por ejemplo, una bonita casa (cuesta dinero), viajar y ver mundo (cuesta dinero), tener tiempo libre y no tener que trabajar (cuesta dinero), y un largo etcétera...
Los que quieren dinero quieren el dinero en sí mismo. Son como el tío Gilito, quieren tenerlo almacenado, disfrutan con la idea abstracta de su dinero amontonándose de forma obscena, cada céntimo ganado o ahorrado trae consigo una satisfacción, pero también el prúrito de ahorrar o ganar un céntimo más.
Los que no sabemos lo que queremos no renunciaríamos a ciertas cosas por dinero, ya que precisamente queremos el dinero para poder tener esas cosas.
Los que quieren dinero, como aquella bellísima y joven prostituta, sólo ven dinero.
Recientemente ando en tratos con uno de estos Gilitos de la vida. Por fuera está muy lejos de parecerse a aquella prostituta, no es joven ni, desde luego, guapo (es más, jamás lo fue, por eso me juego el cuello), y no es prostituta, o al menos eso se cree él. Es un señor respetable (para quien lo respete, claro, que no es mi caso), casado, padre, católicoapostólicoyromano. Pero cada vez que lo miro, que le veo pagar sueldos miserables sin inmutarse por el hecho de que sus empleados no lleguen a fin de mes, dolerse de cada céntimo que gasta, veo en él a aquella chica que afirmaba en el programa de AR "yo sólo veo dinero".
Eso sí, con dos agravantes: Éste ofende a la vista de puro feo y no sabe que, en el fondo, no es más que una puta.
Yo hablo de...
arriba parias de la tierra,
cada día más roja y a mucha honra,
Conco Jones murió del corazón,
no te creas que no te he calado,
por dinero baila el perro y por pan si se lo dan
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