sábado, 6 de septiembre de 2008

jueves, 4 de septiembre de 2008

Perspectiva

Todo es cuestión de perspectiva. Lo saben los pintores, lo sabía Ortega y lo saben los hermanos Lapiedra.
Yo también lo sé, pero a veces se me olvida y, radical como soy, tiendo a erradicar el gris de la escala cromática.
Se me olvida y entonces la vida, sabia, siempre sabia, me lo recuerda de golpe.
De los muchos horrores del mundo moderno (algún día dedicaré un rato a hablar de ellos) uno que me espanta especialmente es el fenómeno de los tonos, politonos, sonitonos, videotonos y pollasenvinagretonos con los que nos bombardean constantemente: un villancico personalizado en Navidad, un paleto que te avisa de que te llaman... De todo ha habido, incluso el pedorrap (esto ha existido de verdad, no es hipérbole).
Pero para mí lo más espeluznante era un conejo llamado "Snuffi" que cantaba con voz harto desagradable algo así: "Te daré muchos mimitos, serás tú mi peluchito".
Cada vez que lo veía yo rezaba internamente una jaculatoria, porque estaba convencida de que tal engendro no podía menos que provenir de las fuerzas más oscuras del satanismo más feroz. Además, me preguntaba estupefacta qué tipo de cefalópodo podría gastarse los duros en descargarse tal infamia y llevarla en el móvil.
Pero un día llegó la vida y me pegó una colleja de antología, como siempre que me paso de listilla...
Estaba yo viendo la tele con mi hijito de tres años cuando apareció el indeseable personajillo con la murga de los mimitos, mi hijito sonrió, señaló a la pantalla y dijo "mira mami, Snuffi". Resultaba que a mi hijo le gustaba aquel esperpento, le gustaba tanto como para que su visión le arrancara una sonrisa, tanto como para que quisiese compartirlo conmigo. Aquella cosa que a mí me enervaba, que me parecía tan deplorable, resultaba ser una ricura a los ojos de mi ricura.
¿Cómo iba yo ahora a odiar al bichejo si a mi hijo le encantaba? Ya no era un engendro de Belcebú, era un brillo en los ojos de mi niño, era un "mira mami, Snuffi".
Tristán me regaló a Snuffi aquel día, cambió la sensación de desagrado que sentía cada vez que ponían el anuncio por la de dulce ternura que me embarga ahora cuando lo veo y vuelve a mi mente la sonrisa de mi hijo.
Ortega se me apareció entonces y me dijo riendo "Pero si ya lo sabías, tontita, lo sabías desde C.O.U: todo es cuestión de punto de vista y perspectiva". Y es verdad, lo sabía, lo sé ahora, cuando cada noche le canto a Tristán antes de dormir eso de "serás tú mi peluchito"...

martes, 2 de septiembre de 2008

Cariño mío


Primero fuiste un temor, luego fuiste una raya rosa, luego fuiste un disgusto, luego unas náuseas, luego un pequeño corazón latiendo en una clínica de Moscú, y una lágrima en el rabillo de mi ojo, a penas disimulada. Hoy cumples tres años y lo eres todo.
Felicidades, cariño mío.

jueves, 28 de agosto de 2008

Minutos de silencio


Cómo molo, me encanto, soy genial. Si hubiera más personas como yo el mundo sería maravilloso, soy tan sensible...
Cuando veo en la tele a los negritos que se mueren de hambre siempre le digo a quien esté conmigo la penita que me dan. Y si estoy a solas no digo nada, total... para qué si nadie me va a oír.
Soy tan buena persona... Llevo un lacito rojo (por el sida), un lacito negro (por el terrorismo), un lacito rosa (por el cáncer de mama) y me compro todas las pulseras solidarias.
Fui a la manifestación por el tío ese que secuestró ETA, ¿que cómo se llama? Ay hijo, no me acuerdo, hace tanto tiempo... Y el otro día, cuando el accidente de Barajas, lloré muchísimo en la oficina (estaba en la oficina cuando me enteré) y me solidaricé con las víctimas en varios foros de Internet. Es que tengo tan buen corazón... de verdad, cómo molo.
Siento un cariño inmediato por las personas que conozco, salgo una noche de copas y conozco a alguien y es como si nos conociéramos de toda la vida, la conexión (o diré feeling, que es más cool) es inmediata, y le beso y le abrazo y le hago masajes en los pies y dormimos abrazados y le digo muchas veces que le quiero, no vaya a ser que me muera sin habérselo dicho. Mi pareja no se molesta por estos ataques de amor porque también mola mucho. Molamos tanto que sólo con vernos tenemos siete orgasmos seguidos.
Si lo pienso bien me doy cuenta de que no tengo amigos de la infancia, si se me acerca un pobre por la calle me aparto (no me vaya a manchar mi preciosa camiseta del Che), le hago la vida imposible a mis subordinados en el trabajo a la par que le chupo el culo a mi jefe, levanto falsos testimonios y carezco completamente de principios y dignidad.
Pero molo mucho, siempre que le pasan grandes tragedias a personas que no me importan guardo los correspondientes minutos de silencio.

sábado, 23 de agosto de 2008

Volver

Volver siempre es complicado y no se pueden predecir sus consecuencias.
Dicen que no se debe volver al lugar donde una vez se fue feliz, y la verdad es que la posibilidad de la decepción (esa sensación amarga donde las haya) siempre da miedo.
Dicen que lo mejor es volver rápido a donde se pasó mal, o de lo contrario nunca te atreverás a hacerlo. Y eso es dolorosamente cierto.
A veces uno vuelve sin darse cuenta y es algo maravilloso, porque aquel lugar al que vuelve lo había olvidado y se lo encuentra de nuevo y el pasado le asalta sin pudor y es como remontarse miles de años en nuestra historia genética hasta ese milagroso momento en que aún no habíamos desarrollado nuestro córtex y el sistema límbico regía sin trabas y no teníamos conciencia del yo y éramos uno con el universo.
Los que estamos infectados por el germen de la nostalgia tenemos una relación de amor-odio con el verbo volver, que para nosotros siempre es reflexivo, aunque no lo sea, porque lo vivimos siempre hacia nosotros mismos.
Los que estamos infectados por esta enfermedad que, como todos los que la padecen saben, es congénita, crónica y degenerativa, vivimos más y más intensamente, aunque con más dolor.
Yo hoy vuelvo, vuelvo a vosotros, a todos aquellos que me lo habéis pedido y que me hacéis el maravilloso honor de leerme.
Y os doy las gracias por estar ahí.

lunes, 30 de junio de 2008

El fútbol es así

Imaginemos la siguiente situación: un día un tío más feo que picio consigue tirarse a un pivón calibre Elsa Patacky, por ejemplo. Enfervorizado y en el cúlmen de su satisfacción sale a la calle a las tantas de la mañana, en día laborable, y recorre las calles tocando el claxon sin parar, explota petardos, destroza papeleras a patadas y va chillando como un loco. Los vecinos a los que no deja dormir llaman a la policía y un amable agente le para los pies. Él le dice que ha mojado y tiene que expresar su inmensa alegría y lo que consigue es acabar en el calabozo por resistirse a la autoridad.

Vamos a introducir un pequeño matiz en la situación: un día el equipo del cual este tío es hincha gana un partido. Enfervorizado y en el cúlmen de su satisfacción sale a la calle a las tantas de la mañana, en día laborable, y recorre las calles tocando el claxon sin parar, explota petardos, destroza papeleras a patadas y va chillando como un loco. Los vecinos a los que no deja dormir se joden y van al trabajo al día siguiente sin haber podido pegar ojo. El fútbol es así.

Pongamos otro "poner": un grupo de admiradores de Woody Allen, ya he dicho que es un poner, salen extasiados del cine de ver su última película, ha sido una experiencia tan catártica y trascendental que no pueden irse tranquilamente a tomar una cerveza y comentar los preciosos planos y el bien llevado ritmo narrativo, necesitan algo más radical. Se bañan en una fuente pública y trepan por una estatua provocándole costosos daños que serán sufragados por los fondos públicos, además se dan de hostias con los admiradores de George Lucas. Son detenidos por vandalismo.

Pequeño matiz: un grupo de hinchas de la selección salen extasiados del estadio de ver su último partido, ha sido una experiencia tan catártica y trascendental que no pueden irse tranquilamente a tomar una cerveza y comentar los preciosos pases y el bien llevado ritmo de juego, necesitan algo más radical. Se bañan en una fuente pública y trepan por una estatua provocándole costosos daños que serán sufragados por los fondos públicos, además se dan de hostias con los seguidores de otra selección que han venido del extranjero para la ocasión. Cuando se cansan se van a dormir la mona tranquilamente. El fútbol es así.

Mi vida es una puta mierda por muchos motivos, pero ayer me llevé un pedazo de alegrón pensando en lo por culo que le tuvo que dar a mi ex (es alemán) la victoria de España.

El fútbol es así.

miércoles, 11 de junio de 2008

Soy maaaaloooo

Aunque las corrientes modernas abogan por que no hay nadie completamente bueno ni completamente malo, y que todos podemos ser lo uno o lo otro dependiendo de las circunstancias, lo cierto y verdad es que, desde pequeños, hemos sido educados en la creencia de que unos eran "los buenos" y otros "los malos". Luego está lo que cada uno considere como bueno o malo, que esa es otra...
Cuando Prognato era Prognatito, aparte de ser rico para comérselo (pero claro, qué va a decir su hermana mayor...) tenía el mundo muy bien estructurado. Era Prognato un niño como para escribir dos novelas con sus anécdotas, pero voy a ceñirme a los hechos o no hablaré de lo que nos ocupa. Él sabía muy bien que en la Guerra de las Galaxias, por ejemplo, Luke y Leia eran los buenos y Darth Wader el malo. Siempre que se contaba una historia en la cual se pudiese intuir una confrontación hacía, invariablemente, la gran pregunta: "¿Y quiénes ganaron los güenos o los malos?". Un día estaba mi abuela contando tribulaciones de la Guerra Civil y Prognato, cuando comprendió que se hablaba de una contienda, dijo: "Abuelita ¿estás hablando de una película?", "No hijo" contestó la abuela "fue de verdad, en España" y entonces Prognato hizo su pregunta estrella: "¿Y quiénes ganaron los güenos o los malos?", a lo que mi abuela (que no en vano era de mi familia) respondió: "Los malos, hijo, los malos". Nunca olvidaré los ojos desorbitados del pobre niño cuando oyó aquello. Ese día fue la muerte del cándido infante que una vez asó a Darth Vader en la máquina de hacer palomitas por malo; ese día, supongo, comprendió que algunas de las cosas que nos contaron no son ciertas, sin ir más lejos, eso de que al final siempre triunfa el bien.
Yo creo en la maldad, igual que creo en la bondad. La maldad, el mal por el mal, sin otro objetivo que hacer daño. Eso existe. Yo lo he visto, lo he sentido, lo he comprobado. Aunque también está el malo arquetípico, el malo de la ficción, el malo que nos gusta, porque mola más que el bueno, que, la verdad sea dicha, da así como grima.
Hay malos que quedarán para siempre en nuestro recuerdo: J.R, Ángela Chaning, Diana la de V (ay, madre, que se me notan los años), malos malísimos que nos admiraban por cómo le jodían la vida a la gente, con esa eficacia, con ese glamour, y que, si se llevaban un palo, sabían renacer de sus cenizas cual ave Fénix.
Hay malos que no son tales, sino rebeldes porque el mundo los hizo así, y con un poquito de amor toman el buen camino. Ahí tenemos, para muestra, a Dylan, el de Sensación de vivir.
Hay malos que empiezan siendo buenos y un buen día dan la cara, de estos hay a patadas en las películas de los sábados sobremesa: el marido encantador que luego es maltratador, la niñera pederasta, la compañera de piso psicópata...
Pero entre todos mi preferido, mi malo idolatrado, es y siempre será Cojoiden (quien quiera puede corregirme argumentando que se dice Coohagen), el malo de "Desafío total", película mítica entre las míticas, que tiene material para estar en un orgasmo bloguistíco sin fin. Cojoiden es el malo que putea a Swarzenegger (quien quiera puede decir que no se escribe así), y que luego resulta que era su amigo antes de que perdiera la memoria y en realidad está conchabado (oh, qué hermosa palabra) con su yo anterior.
Y si alguien no está de acuerdo conmigo que mire, que mire: más cara de hijoputa no se puede tener. Y que conste que lo digo como piropo...

Cojoiden, siempre tuya