En la vida encontramos dos tipos de personas que nos sirven de referente. Unas encarnan aquello que nos gusta, que admiramos, que nos gustaría ser. Cuando tenemos que tomar decisiones difíciles procuramos imaginar qué harían ellas. Nos producen alegría, nos reconcilian con nuestra especie y nos provocan el deseo de ser mejores, para parecernos a ellas.
Son personas maravillosas, cuya presencia reconforta siempre el alma. Personas que están ahí, formando parte de nuestra vida, o que han compartido un instante eterno con nosotros. Después desaparecen de nuestro mundo, pero su impronta queda, imborrable, y su recuerdo es como un oasis en medio del desierto de lo cotidiano.
Por desgracia, también está el otro tipo. Personas que encarnan todo aquello que no queremos ser, todo lo que nos repele, lo que odiamos y despreciamos. Cuando tenemos que tomar decisiones difíciles siempre pensamos en lo que harían ellas para hacer justo lo contrario. Nos producen desasosiego, nos hacen sentir vergüenza de ser humanos y nos hacen perder toda esperanza en nuestra especie.
Si creemos en la existencia de un "alma gemela" (alguien con quien armonizamos por completo) también debemos creer en la existencia de un "alma inversa" (alguien que es justo lo contrario que nosotros). Y ambas nos definen, unas por identificación y otras por negación.
Tan importante es tener referentes positivos como referentes negativos. Tener claro lo que no es tan esencial como tener claro lo que sí.
Hay personas a las que es un alivio caerles mal. Además, las antipatías, como las simpatías, suelen ser recíprocas.
Cuando te encuentras con una de tus "almas inversas" notas cómo te repele, te sientes superior a ella, pero, a la vez, notas cómo ella está sintiendo exactamente lo mismo. Y es extraño, porque entonces se produce un punto de unión. Ese desagrado mutuo es lo único en lo que se coincide. Entonces se llega a un acuerdo tácito. Un pacto de no agresión.
La mayoría de las personas preferimos obviar lo que no nos gusta del mundo. Esa es la razón por la que nos juntamos con los que son afines a nosotros. Sin embargo hay gente que tiene una pasión enfermiza con acosar a los que no entran en sus cánones.
Si a mí me gusta copular los primeros viernes de mes, en principio, lo que pretendo es que no me impidan hacerlo. No me importa en absoluto que tú quieras copular, en vez de los viernes, los domingos. Pero los hay que no, los hay que no se conforman con copular ellos cuando les apetece, es que necesitan, además, que todos copulemos cuando a ellos les apetece.
A mí hay actitudes que me repugnan, lo admito. Pero, mientras no sean delictivas, por supuesto, me importa muy poco que otros las lleven a cabo. Me limito a no ser su amiga, a no tener trato personal con ellos. Pongo en práctica el "vive y deja vivir".
Pero esas personas, a veces, no lo consienten. No se conforman con que simplemente las dejes vivir, es que quieren que, además, vivas como ellas o no vivas.
De modo que sólo queda el ponerse chulo y, emulando al protagonista de ciudadano Kane, decirles aquello de:
"¿Sabe lo que yo quiero ser en la vida? Todo lo que usted odia."
Son personas maravillosas, cuya presencia reconforta siempre el alma. Personas que están ahí, formando parte de nuestra vida, o que han compartido un instante eterno con nosotros. Después desaparecen de nuestro mundo, pero su impronta queda, imborrable, y su recuerdo es como un oasis en medio del desierto de lo cotidiano.
Por desgracia, también está el otro tipo. Personas que encarnan todo aquello que no queremos ser, todo lo que nos repele, lo que odiamos y despreciamos. Cuando tenemos que tomar decisiones difíciles siempre pensamos en lo que harían ellas para hacer justo lo contrario. Nos producen desasosiego, nos hacen sentir vergüenza de ser humanos y nos hacen perder toda esperanza en nuestra especie.
Si creemos en la existencia de un "alma gemela" (alguien con quien armonizamos por completo) también debemos creer en la existencia de un "alma inversa" (alguien que es justo lo contrario que nosotros). Y ambas nos definen, unas por identificación y otras por negación.
Tan importante es tener referentes positivos como referentes negativos. Tener claro lo que no es tan esencial como tener claro lo que sí.
Hay personas a las que es un alivio caerles mal. Además, las antipatías, como las simpatías, suelen ser recíprocas.
Cuando te encuentras con una de tus "almas inversas" notas cómo te repele, te sientes superior a ella, pero, a la vez, notas cómo ella está sintiendo exactamente lo mismo. Y es extraño, porque entonces se produce un punto de unión. Ese desagrado mutuo es lo único en lo que se coincide. Entonces se llega a un acuerdo tácito. Un pacto de no agresión.
La mayoría de las personas preferimos obviar lo que no nos gusta del mundo. Esa es la razón por la que nos juntamos con los que son afines a nosotros. Sin embargo hay gente que tiene una pasión enfermiza con acosar a los que no entran en sus cánones.
Si a mí me gusta copular los primeros viernes de mes, en principio, lo que pretendo es que no me impidan hacerlo. No me importa en absoluto que tú quieras copular, en vez de los viernes, los domingos. Pero los hay que no, los hay que no se conforman con copular ellos cuando les apetece, es que necesitan, además, que todos copulemos cuando a ellos les apetece.
A mí hay actitudes que me repugnan, lo admito. Pero, mientras no sean delictivas, por supuesto, me importa muy poco que otros las lleven a cabo. Me limito a no ser su amiga, a no tener trato personal con ellos. Pongo en práctica el "vive y deja vivir".
Pero esas personas, a veces, no lo consienten. No se conforman con que simplemente las dejes vivir, es que quieren que, además, vivas como ellas o no vivas.
De modo que sólo queda el ponerse chulo y, emulando al protagonista de ciudadano Kane, decirles aquello de:
"¿Sabe lo que yo quiero ser en la vida? Todo lo que usted odia."